
(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 28 de diciembre. Podría ser una inocentada)
El pistoletazo de salida lo dio Andy Warhol. El controvertido y polifacético artista alzó a la categoría de arte una simple lata de sopa (bueno, 32, para ser exactos) y la marca Campbell’s, lejos de sentirse ofendida por ser un ejemplo de consumo masivo vio como sus productos dejaban de ser puramente alimenticios para convertise en algo más (algo parecido le ocurrió a Chanel cuando Marilyn Monroe aseguró que, para dormir, solo se ponía unas gotitas de Nº 5). En un referente Pop.
¿Carritos de la compra de oro macizo?, ¿Armarios quilométricos? La artista Sylvie Fleur dice “Sí a todo” y propone una obra fotográfica que se centra en descubrir qué nos hace querer siempre más y más. ¿Por qué el consumo masivo es un guilty pleasure tan evidente?
Un punto más allá en la reflexión nos transporta al alemán Andreas Gursky, que se empeña en mostrarnos la megalomanía del ser humano en gran formato. Irónicamente, a pesar de la crítica al capitalismo, a la masa y a todo lo que se ponga por delante, alguna de sus fotografías han alcanzado precios millonarios. Sin ir más lejos, 99 Cent II Diptychon (una imagen de un supermercado de todo a 99 céntimos tomada en 1999), se vendió en 2007 por más de 3 millones de dólares (en años anteriores las copias habían superado los 2 millones), convirtiéndose en la más cara hasta el momento.
Chris Jordan recoge el testigo más crítico en pleno siglo XXI. Lo hace con fotografía de productos en masa mucho menos glamourosos de lo que se hacía en la época pop de Warhol y el Studio 54. Su serie Intolerable beauty es una recopilación, a lo largo de varios años, de artículos industriales que van directos a la basura: componentes de ordenadores, casquillos de bala, colillas… todo lo que la sociedad occidental produce y no sabe muy bien cómo eliminar cuando ya no lo necesita.
Ha Schult parece saberlo qué hacer con los detritus: convertirlos en esculturas. Su instalación de Ejércitos de basura recuerda a los guerreros de Xian, pero son producto de otra era. Un tiempo en el que el barro ya no moldea nada, a tal efecto solo tenemos los residuos que la sociedad va dejando a su paso.
Poco podría imaginar Andy Warhol que su obra pop, más centrada en la belleza del continente que en su contenido ulterior, acabaría por derivar en una crítica al sistema en el que vivimos inmersos. Quizá no inspiró a otros artistas, pero sí plantó una semilla en la conciencia que florece a modo de reflexión. ¿Qué estamos haciendo con nuestro mundo? ¿Qué es el dinero? ¿Cuanto vale?
Son preguntas a las que puede ser difícil encontrar respuestas (nos movemos en la misma espiral que criticamos), más bien siguen surgiendo nuevas preguntas. O consejos con sorna. Aunque no sea un artista contra el consumo masivo, sino más bien un crítico de la sociedad actual, el británico Banksy no deja de recomendar, a la salida de cualquier exposición, que pasemos por la tienda de souvenirs. Si eso no es una ironía…
Imagen: Campbell’s soup cans, de Andy Warhol.