Maratón de cine

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La semana pasada estuve visitando a mi familia en la nave nodriza y, aprovechando el frescor y la tranquilidad de la periferia, mi madre y yo nos pusimos finas de ver películas. Cinco juntas (españolas) y dos extra en las que solo me acompañaban los gatos. Éste es mi recuento cinematográfico:

Jawbreaker (1999): Si alguna vez te has declarado fan de Clueless pero jamás has oido hablar de la poderosa transformación de Judy Greer en esta cinta, te faltan casillas noventeras por rellenar. La película es tan mala que pasa directa a la categoría de imprescindible.
Musarañas (2014): Mejor maquillaje y peluquería en los últimos Premios Goya. Solo por eso, a mi ya me interesa. La historia trata de abusos y agorafobias. Macarena Gómez borda (y cose) su papel.
Las ovejas no pierden el tren (2014): Habrá a quién no le guste, pero hay un cierto tono en la comedia romántica española que me relaja y me divierte. Un vino al año no hace daño. Ésta es, en realidad, un enredo sentimental del campo a la ciudad.
Mortdecai (2015): Da un poco de miedo que Johnny Depp haya conseguido encasillarse en papeles Timburtonianos. Pero así ha sido. Sin embargo esta vez no tiene ni pizca de gracia.
Loreak (2014): Es, por unanimidad, la película más aburrida de las que hemos visto. Quizá fue el día, la hora, el lugar… o que no acabamos de empatizar con una señora de mediana edad que lleva flores.
El amor no es lo que era (2013): Otro enredo amoroso, pero un poco más aburrido. Ambas comparten en su elenco a Alberto San Juan. ¿Casualidad o es que entra en todos los chick-flicks locales?
Magical girl (2014): Bárbara Lennie está grandiosa. Pero, ¿qué me dicen de José Sacristán? A ese señor hay que ir empezando a hacerle sus buenos homenajes. Y no parar nunca.

Siete planes para una noche lluviosa

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1. Apagar las luces, tumbarse en el sofá y escuchar el insistente ruido de la lluvia en la ventana. Las reflexiones pueden ir por dos vías opuestas: o bien se percibe como un momento purificador (agua, limpieza, corriente…) o bien funciona como líquido conductor capaz de transportarte al génesis de la humanidad, a la cueva en la que la meteorología era, sin duda, un evento de calado por una cuestión de mera supervivencia.

2. Ver uno de los episodios filtrados de la nueva temporada de Juego de tronos.

3. Preparar una infusión caliente y servirla en una taza inglesa de porcelana. Rooibos, menta, manzanilla, rosas, canela o incluso hinojo.

4. Pensar en el característico olor del campo después de la lluvia.

5. Agarrar ese libro que no has terminado y darle un buen empujón ayudada por la cadencia de las gotas cayendo sobre el tejado.

6. Pensar hacia dentro. Esto es como las casas: por muy limpias que parezcan, siempre hay una mota de polvo en algún lugar.

7. Buscar, mientras se consiguen de manera irregular los capítulos filtrados de Juego de tronos, siete maneras de pasar una fascinante noche de lluvia. No se olviden, por favor, de oler mañana el campo.

Imagen: Vía Instantshift.

Verdades como puños

B

“A mí me gustan los tíos que me dan ganas de ser más lista de lo que soy”

Milena Busquets en También esto pasará.

Foto de Barbara Laage.

178 anos: Rosalía de Castro

ROSALIA

Adivínase el dulce y perfumado
calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.

Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal,
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.

¡Pero qué aprisa en este mundo triste
todas las cosas van!
¡Que las domina el vértigo creyérase!
La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
el calor estival.

Rosalía de Castro (1837-1885), En las orillas del Sar. 1884.

Google dedica su Doodle de hoy a la poetisa gallega. En el 178º aniversario de su nacimiento.

Primera persona del singular

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Remover un té hasta que se disuelvan los azucarillos. Convertir el tiempo libre en un pequeño paraíso privado. Prometer leer más al tiempo que se acumulan nuevas series de televisión. Soñar con el trabajo más noches por semana de las que debería estar permitido. Pensar en si alguna vez creyó en el romanticismo. Esquivar la reflexión. Poner una lavadora como penitencia semanal. Reconstruir textos de manera arqueológica. Calentar algua tres veces al día. Echar de menos una bañera queen size para zambullirse al llegar de la calle bajo cero. Repetir el rancio guion de según qué modelos de conducta. Querer protagonizar otro cuento bien distinto.

No oponer resistencia. Oponer toda la resistencia.

Fotografía de Helmut Newton (para Swarovski, 2003).

Balances literarios de 2013 y 2014

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No todo el mundo puede hacer un balance de sus dos últimos años de lectura. Primero, porque casi nadie es tan freak control de tener anotadas todas las obras que se lleva a las manos. Segundo, porque la lógica (y así lo atestiguan mis anteriores balances literarios, desde 2008) lleva a formular la enumeración cada 365 días, y no cada 730. Filigranas metafísicas aparte, este es el resumen de piezas que he deglutido (y un breve comentario de cada una por el que, con toda probabilidad, me hubieran suspendido en clase de literatura). Sin conclusiones. Sin anestesia:

Dejad de lloriquear (Meredith Haas). Contingente y necesario, aunque ligero. Un análisis de la generación postmillenial, de los activistas de sofá, de los ninis que creen que se merecen mucho más de lo que tienen.

Juan Belmonte: matador de toros (Manuel Chaves Nogales). ¿En qué momento podría interesarme la vida de un torero? En el que lo escribe un grande como Chaves Nogales. Aquí, lo que pensé justo después de leerlo. Sigo suscribiendo cada palabra.

Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie). Léelo rápido y deja tras de ti un bonito cadáver. Nunca jamás he logrado dar con los asesinos de la Christie antes de que ella tuviera a bien desvelármelos. Por eso todos los veranos la homenajeo leyendo un libro en menos de 24 horas.

La marca del meridiano (Lorenzo Silva). Nunca había leído a Silva, y me dio la impresión de que los momentos reflexivos de su personaje eran mucho más interesantes que los de intriga policiaca. Por mucho que le pese al autor. Esto fue lo que resumí entonces en Zelestina.

(más…)

Cinco películas no navideñas que he visto esta navidad

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Como muchos ya sabéis, hace unas semanas que dije adiós a El País Semanal para embarcarme de lleno en la nueva etapa de Harper’s Bazaar. Pensé que con el cambio se habían esfumado mis vacaciones, pero resultó que el nuevo puesto traía bajo la manga cinco días libres. Estoy en Galicia. Estas son las películas que he visto en ese tiempo:

Dallas buyers club. Matthew McConaughey es el gran rayo de sol que ha deslumbrado 2014. Esta película y la serie True Detective son las responsables de que ya no lo veamos como el vecinito cachas de las comedias románticas. O, al menos, no solo.

The best exotic Marigold Hotel. ¿Qué maravilla hubiera hecho Wes Anderson con este guion? La película, que se desarrolla en un viejo hotel indio semireformado para convertirse en residencia de la tercera edad, recuerda a El gan Hotel Budapest trufada con escenas de Viaje a Darjeeling. Imprescindible para fans de Judi Dench, Maggie Smith y Penelope Wilton.

The Family (Malavita). Robert De Niro y Michelle Pfeiffer en una de sus actuaciones más prescindibles. Humor facilón, mafias cargadas de clichés y un perro llamado Malavita.

Mientras duermes. Concesión local. Qué bueno es Luis Tosar. Qué buena es Marta Etura. Qué poco interesante y creíble resulta la trama de la película. Qué poco conocemos a nuestros porteros.

Sixteen Candles. Regresar a los ’80 de la mano de Molly Ringwald siempre es una buena idea. No solo propone un desfile de estilismos impagables, sino que presenta al enésimo jovenzuelo en busca del amor verdadero a sus 16 años. Tan irreal como tierno.

Imagen de College of Architecture Art + Design de Mississippi State University.

Mi calle de Madrid. Mi aldea de Galicia

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Hace no mucho me asaltó una cuestión tan banal que tuve que sacar la calculadora para echar números y corroborar mis sospechas: tan solo en mi calle de Madrid (hay 20 números) viven más personas que en toda mi aldea gallega.

Long story short. En Rúa había en 2004 un total de 325 habitantes (con tendencia decreciente, aunque eso podemos obviarlo) y en mi calle (tan solo del lado de los pares) se cuentan 10 edificios con 10 plantas cada uno y 4 viviendas por planta.

Cada piso mide unos 100 m2 (tranquilos, amigos, vivo del lado de los impares, no tengo esa amplia fortuna, aunque gozo de mejores vistas), con lo cual podría alojar a más de un inquilino. Aunque también me paré a pensar en que el éxodo urbano podría estar haciendo mella en esta periferia residencial y habrá viviendas vacías. Finalmente decidí decantarme por un término medio (la verdad es que no me cuesta nada llegar a acuerdos conmigo misma): cada vivienda se cuenta como un solo inquilino. 10 edificios con 40 pisos cada uno (10 plantas, 4 viviendas por planta) dan un otal de 400 inquilinos. Así, a ojímetro. El margen de error lo proporciona mi querido lado de los impares (go, impares, go! We’re the best!), donde hay 16 viviendas (8 plantas, 2 viviendas por piso) en cada uno de los 3 bloques. No están contabilizados, pero podrían.

En resumen, que a veces hasta me alegro de no tener mucho tiempo libre, porque dedicarse a estas cosas es muy agotador y una ya no está como para andar invirtiendo en Apisérums con tal de salvar la memoria.

Ah, y que ya puede haber 5.000 chimeneas en mi calle de Madriz, que yo las de mi pequeña-cuca-maravillosa aldea del norte de Galicia no las cambio por nada. No es que sea el mejor lugar del mundo ni nada de eso, tampoco es necesario convertir esta historia en un cuento de hadas. Pero es MI mejor. Con eso me basta.

La felicidad como acuerdo de mínimos

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1. Un Earl Grey por la mañana. Y una tisana con canela de Caudalie antes de irme a dormir. Recordar la historia de cada una de las tazas en las que me los tomo.

2. La lluvia sobre el cristal. Un placer tan gratuito como escaso en esta ciudad.

3. Las sábanas blancas, a veces compensadas por el kitsch de algunas de flores un poco british (menos Liberty, más Cath Kidston).

4. Delantera mítica en el CD de mi coche. Jamás pensé que diría esto. Gracias, Fer, por esperar sin desesperar.

5. Cualquier gif absurdo en Relay.

6. Los planes B que, al final, son los que mejor encajan.

7. Ser feliz simplemente por el hecho de que cualquier otra opción es, definitivamente, peor.

Fotografía de Astridle (Lara Zankoul).

Numerología vacacional

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1. Muelas del juicio que me han quitado esta semana. Un proceso rápido y (sorprendentemente) indoloro.

2. Gatos que han viajado conmigo en BlaBlaCar desde Madrid. Baldomero y Jimena han resultado unos compañeros de viaje excelentes.

3. Ratos de sol que he podido contabilizar en esta semana que llevo aquí. Los de nubarrones, niebla y lluvia ganan por goleada. Vacaciones de franelita y plumas. No es queja.

4. Costillas que se rompió mi abuelo al día siguiente de mi llegada. Con respecto a los detalles del accidente, no sabe ni contesta. Vaya, que no lo recuerda.

5. Puertas que tiene el coche que me llevo de vuelta. Ha sido propiedad de mi madre los últimos diez años y tiene una flamante pegatina que pone Mascota a bordo con un gatito en ella. Proud mother of cats.

6. Días que me quedan en este paraíso verde colocado en el mismo trayecto que las nubes (parafraseando a Pedro Mir)

7. Jornadas que he pasado en el Hospital da Costa en Burela. La primera en Urgencias, las siguientes en una espléndida habitación con vistas al mar Cantábrico y al hueco que ha dejado el faro tras irse con una buena tormenta.

Bonus track: más testimonios gráficos en mi Instagram.