Balances literarios de 2013 y 2014

marilynmonroereading03

No todo el mundo puede hacer un balance de sus dos últimos años de lectura. Primero, porque casi nadie es tan freak control de tener anotadas todas las obras que se lleva a las manos. Segundo, porque la lógica (y así lo atestiguan mis anteriores balances literarios, desde 2008) lleva a formular la enumeración cada 365 días, y no cada 730. Filigranas metafísicas aparte, este es el resumen de piezas que he deglutido (y un breve comentario de cada una por el que, con toda probabilidad, me hubieran suspendido en clase de literatura). Sin conclusiones. Sin anestesia:

Dejad de lloriquear (Meredith Haas). Contingente y necesario, aunque ligero. Un análisis de la generación postmillenial, de los activistas de sofá, de los ninis que creen que se merecen mucho más de lo que tienen.

Juan Belmonte: matador de toros (Manuel Chaves Nogales). ¿En qué momento podría interesarme la vida de un torero? En el que lo escribe un grande como Chaves Nogales. Aquí, lo que pensé justo después de leerlo. Sigo suscribiendo cada palabra.

Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie). Léelo rápido y deja tras de ti un bonito cadáver. Nunca jamás he logrado dar con los asesinos de la Christie antes de que ella tuviera a bien desvelármelos. Por eso todos los veranos la homenajeo leyendo un libro en menos de 24 horas.

La marca del meridiano (Lorenzo Silva). Nunca había leído a Silva, y me dio la impresión de que los momentos reflexivos de su personaje eran mucho más interesantes que los de intriga policiaca. Por mucho que le pese al autor. Esto fue lo que resumí entonces en Zelestina.

Leaving the Atocha Station (Ben Lerner). Mucho ruido y pocas nueces. Lo más interesante de la novela es ese punto voyeur de quienes queremos saber cómo nos ven los extranjeros cuando vienen aquí.

El Gran Gatsby (F. S. Fitzgerald). Cerré sus páginas y pensé… ¿por qué demonios no he leido esto antes? Breve y magistral relato de una década única.

Grace (Grace Coddington). Le gustan los gatos. Y no necesito más justificación.

Un momento de descanso (Antonio Orejudo). No sé por qué a muchos escritores españoles les da por hacer novelas de intriga en la universidad. En cualquier caso la prosa de Orejudo es sorprendentemente ágil y entretenida.

La campana de cristal (Sylvia Plath). Qué delicadeza. Qué tristeza. Qué intensidad. Qué introspección. Una (otra) obra maestra.

Buenos días, tristeza (Françoise Sagan). Había que leerlo, pero afortunadamente no me quitó demasiado tiempo de mi vida.

¡Oh, es él! (Maruja Torres). Me reí demasiado pensando en las peripecias de Diana Dial en busca de Julio Iglesias, cuya cabellera se ve amenazada por el mismísimo Puma.

El valle de las muñecas (Jacqueline Susann). Lo más parecido a comer palomitas mientras ves una intrigante película. Esta novela es larga, llena de enredos, pastillas para dormir y (se rumorea que) inspiraciones reales. Lo que dicen las malas lenguas es que las vidas de Judy Garland y Marilyn Monroe sirvieron para conformar algunos de los personajes. Me la fundí en un viaje transoceánico.

El ayudante (Robert Walser). Una cosa os digo: no perdáis el tiempo.

Mi vida querida (Alice Munro). Pequeñas historias encadenadas, sin más nexos de unión que la humanidad de sus protagonistas y las carencias emocionales que intentan solventar.

Diez veces siete (Maruja Torres). Guilty pleasure.

La gran caza del tiburón (Hunter S. Thompson). Piezas gonzo cuajadas de éxtasis.

El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad). Si os digo la verdad, se me había olvidado que lo leí. Ahora lo recuerdo como una obra oscura, una travesía por la selva que en realidad es un viaje interior a través de nuestros demonios.

Bartleby, el escribiente (Herman Melville). Podría describirlo, pero preferiría que no. Es mejor leerlo.

Not that kind of girl (Lena Dunham). Perdí el tiempo con ella. Mordí el polvo estrepitosamente. Y no me aportó nada.

Te elige (Miranda July). Lo peor de leer a Miranda July después de Lena Dunham es que te das cuenta de lo mucho que la joven de Girls le ha copiado a se inspira en July. En esta obra, la autora entrevista a gente que vende objetos que ya no quiere en una suerte de Craiglist en papel. Son dramas humanos. Historias de gente rara. Locuras… que incluso dan pie a un documental.

Dubai: city of gold (Jim Krane). Una recopilación interesante sobre cómo se gesta una megalópolis a partir de un desierto.

El vientre de la ballena (Javier Cercas). He leido la edición revisada, y me ha parecido ágil y entretenida. No creo, sin embargo, que el tiempo la encumbre como obra maestra.

La fotografía de Marilyn Monroe es Michael Ochs. Coloreada por Rsyung.

 

1 comentario so far
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El Gran Gatsby me dejó meh, como sabes.
Sylvia Plath… creo que me gustó la novela pero leí sus diarios y me entró una tristeza profunda. Pobre mujer, de verdad.
Bartleby es una gran deuda literaria, a ver cuándo me pongo.

un besazo



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