Desde Siberia, con amor
Fue de casualidad. Me moría de frío y JFK me dejó su gorro de peluche para inviernos extra severos (GpPIES) y nos íbamos a cenar a casa de un amigo suyo que emprende rumbo a Berlín en breve. Resulta que su novia es alemana y rusa a partes iguales, y decidió deleitarnos con una cena typical matryoska.
Recordar los nombres de los platos que se sirvieron sería tentar a la suerte de mi memoria con el idioma de Chéjov, pero estaba todo increíble. Desde la sopa con una especie de dumplings hasta la ensalada rica en remolacha, pasando por el vodka que calienta el humor…
He aquí una instantánea de nuestro regreso a casa. Abrigados como cosacos. ¿Aguantaríamos un invierno ruso? Yo creo que no.















