A Saco

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Ya lo he ido diciendo por la calle. Si estáis en Madrid y tenéis muchas ganas de ir al teatro, quizá no sabría qué recomendaros. Pero sí sé qué insistiros en evitar. Se llama A Saco y la representan en el Teatro del Arenal.

El único problema es que ayer no lo sabía, y fui a verla. Y me llevé a amigos para que la “disfrutasen” conmigo. Y pasé más de la mitad del tiempo con el cargo de conciencia de pensar que les había metido en un embolado aburridísimo lleno de chistes pseudo-verdes.

En fin, me autoengañé leyendo la crítica, donde la calificaban de “psicodélica, cínica y cómica”. Pensé que Joe Orton era un enfant terrible de la dramaturgia (con muerte abrupta incluida). Ahora que lo pienso… puede que aún lo sea y el problema haya sido la adaptación.

Porque está claro que lo que ayer vimos no era un error de actores (magníficos, ciertamente), ni de escenario, ni de luces, ni de vestuario… era un HORROR de guión (y alguien lo tocó… porque está españolizado a tope). Aburrido, lleno de gags derecho-izquierdistas de la España del destape que no harían gracia ni a Mariano Ozores. He dicho…

(Esto puede hacer que no vayáis a verla o que corráis raudos y veloces a descubrir por vosotros mismos el esperpento representado).

PS: Y mi madre viene en dos semanas a Madrid, y pienso llevarla al teatro. No sé si pediros consejo…

Arte por Damien O’Reilly.

Rumbo a Ámsterdam

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Hace unos meses lo soñaba (con resultados totalmente infructuosos), pero este fin de semana lo haré realidad. Nos vamos a Ámsterdam. Es la mini-segunda parte de nuestras vacaciones. ¿Y por qué decidimos esa ciudad? Es un destino en el que ninguno de los dos hayamos estado (checked), en el que no conocemos a nadie (checked) y en el que hay al tiempo vida cultural y diversión (double checked). No nos engañemos, los billetes de avión no estaban caros hace un par de semanas y ese fue realmente lo que inclinó la balanza.

Ahora, saltándonos lo obvio (barrio rojo, Rijksmuseum, Coffe Shops, Museo Van Gogh, Anna Frank, etc…), ¿Qué sitios son susceptibles de recibir una ilustre visita? Se agradecen, sobre todo, barcitos, restaurancitos y tiendas. Incluso, god forbid, algún rincón secreto para una cena romántica. Que somos muy de la sociedad de consumo. Por favor, no se corten y comenten. Tengo ganas de venir con sentimientos de haber “comprado” una experiencia completa.

Por cierto, ya lo había dicho en el post para el concurso: es importante para nosotros el hotel. Muy importante. Por eso esta vez hemos decidido alojarnos en un Bed & Breakfast (con wifi, claro). No sé si es especialmente bonito o no, pero sí sé que me tiene fascinada.

I can’t wait.

Uno rápido… ¡y a correr!

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Cosas ajenas a Zelestina en las que he invertido mi tiempo en los últimos días:

- Visitar la expo Irving Penn Portraits en la National Portrait Gallery. Un must para amantes de la fotografía, de la moda y del arte (así, en general). Delicatessen.

- Caminar por los alrededores de Shoreditch House con Helena Christensen. Comer con ella. Yo y otros 15 periodistas de toda Europa.

- Ir a una clase de Yukari Fit to Flex (gracias a Reebok). Darme cuenta de que soy flexible, pero como no hago deporte las agujetas me crujen.

- Recibir un masaje después de la clase de Yukari Fit to Flex. Cansarme más que el deporte.

- Conocer a una persona inspiradora: en lugar de dedicar el tiempo libre al shopping lo aprovecha en hacer deporte. Me confesó que en su redacción durante la hora de comer se va a correr. Coqueteo con la ilusión de que yo también podría aprovechar para eso. Ilusa de mí.

- Poner cara, voz y sonrisas a una de las bloggers de moda más interesantes: Gala González.

- Hablar con una galesa que insistía en que el galés se parece al italiano. Quedar con ella para el próximo fin de semana en Madrid para acabar la discusión delante de unas cervezas.

- Ir a la boda de un gran amigo, con grandes amigos. Pasármelo de muerte. Volver con Chito a casa. Y dolor de pies por los tacones. Manía a Pura López.

- Ir a la exposición más exitosa de la temporada en Madrid: Impresionismo, un nuevo renacimiento, en la fundación Mapfre. Enamorarme, pero quejarme de lo chiquitito que se queda. Tengo hambre de más impresionistas.

- Pensar que el próximo post ha de ser sobre literatura… sentir la necesidad de acabar un libro. Que ya hace mucho tiempo.

Ilustración de K-Bosé.

Ámsterdam para principiantes

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Ya dije que uno de mis propósitos para 2010 es viajar al menos una vez al mes. Y, la verdad, con tanto viaje hay que buscarse algo de financiación. Las amigas de la oficina de turismo de Holanda han hecho un concurso para bloggers. Nos reunieron a todos en diciembre en un local en Madrid, para presentarnos su nueva web e invitarnos a que la navegáramos. Como incentivo se sorteaban 5 viajes a Holanda a los 5 mejores itinerarios presentados. Éste es el que yo presenté (no dudéis en hacerme la pelota en los comentarios por si me gano el viaje, que el premio todavía no se ha fallado):

Nunca he viajado a Holanda. Y reconozco que no ha sido por falta de ganas, sino más bien porla carencia de un compañero de viaje ideal, que no quiera simplemente pasarse un fin de semana de Coffee Shop en Coffee Shop. Ahora que tengo conmigo a esa persona que disfruta el arte y la historia como el que más, es el momento de hacer la apuesta y lanzarnos a la aventura de un país que es mucho más que tulipanes y quesos Gouda.

A pesar de que nos gustaría ir más días, la verdad es que tanto la agenda profesional de JFK como la mía están bastante apretaditas, por lo que tendremos que crear hueco y hacer un mini-puente el primer fin de semana de febrero para descubrir la capital holandesa: Ámsterdam.

Contad con que del 5 al 7 de febrero estaremos zascandileando por tierras holandesas aprovechando cada minuto para conocer un poco más acerca de la capital país de la reina Beatriz (¡hay que ver lo que me gusta a mí un palacio y un monarca!).

Llegamos el mismo día 5 a media mañana al aeropuerto de Ámsterdam. Allí cogemos el tren hacia el centro de la ciudad (es una suerte que desde el aeropuerto a la estación central no se tarden más de 15 minutos), donde estará ubicado nuestro hotel. Parece una tontería, pero yo siempre cuido mucho la búsqueda de hotel en mis viajes. Es un elemento más de los que ayuda a disfrutar una ciudad de una manera confortable. En la página web de turismo de Holanda hay un buen listado de alojamientos, sin embargo, acabo por googlear los hoteles en busca de opiniones de usuarios y descubro lo que espero sea una pequeña gema escondida, el Hotel Acostar. Ya os contaré a la vuelta.

Por de pronto tenemos pensado dejar las maletas y salir huyendo a comer. ¡Serán como las 2 de la tarde! Queremos sumergirnos desde el principio en la cultura local, así que no hemos dudado en reservar en el Café Van Pufelen, un local que tiene dos interesantes variables: comida holandesa y la posibilidad de dejarlo reservado on-line. El menú… eso no se puede preveer: quizá lleguemos con ganas de mejillones, arenques o hasta hutspot.

Tras la primera comida, debemos dar un paseíto. Y qué mejor que conocer los maravillosos patios interiores que tan alabados son. Posteriormente, y para continuar la tarde de una manera cultural pero no demasiado cansada, pasaremos por el Palacio Real (¿os he dicho cuanto adoro los mundos monárquicos?) y las casas estrechas. Creo que es una manera ideal de comenzar a conocer la historia de Ámsterdam.

La jornada turística terminará en la plaza Dam, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, previo paso por el número 7 de la calle Singel, donde está la casa más pequeña del mundo.

El momento de la cena debe ser totalmente planeado… un nombre bonito, un ambiente encantador, unas velitas en la mesa… cualquier detalle puede ser importante a la hora de elegir un restaurante en el centro y tomar algo antes de ir al hotel dando un cómodo paseo (en caso de cansancio, inclemencias del tiempo o cualquier otro imprevisto… ¡es hora de tirar de nuestro mapa de tranvías y movernos en transporte público!).

Tras habernos ido el viernes temprano a la cama, el sábado se presenta como el “día fuerte” para conocer la ciudad. Nada más levantarnos nos iremos caminando al Rijksmuseum, una de las pinacotecas más importantes del mundo, el la que podremos disfrutar del mejor Rembrandt, Frans Hals o Jacob Van Ruisdael. La verdad es que a mi lo que más me llama la atención es la cerámica de Delft que hay expuesta, en la que se inspiró Galliano para Dior. Seguro me dará lástima sólo tener dos días y no poder ir a la ciudad natal de Vermeer, pero el tiempo apremia.

¡Qué hambre nos va a entrar después de tanta obra artística! Pero como no tenemos demasiado tiempo compraremos cualquier cosa en la cafetería del Rijksmuseum y nos lanzaremos a visitar el Van Gogh Museum, que está bastante cerca. ¡La verdad es que será un día de museos total!

Si sobra algo de tiempo (o energía, que a veces es más importante) no me gustaría dejar de pasar por De Negen Straatjes (Las nueve calles), la zona en que me han dicho que se concentra un interesante batiburrillo de tiendas vintage e interesantes boutiques. No me gusta hacer viajes sin shopping, y la tarde del sábado (si llegamos a tiempo y todavía está abierto) será el momento de saciar mi capricho.

¿Qué podemos hacer por la noche? Habrá que adentrarse, aunque sea por probar las bondades de la cerveza holandesa, en el interesante mundo de la Bavaria, Amstel o Heineken, pero después nos iremos prontito a la cama, que el domingo es el último día y hay que aprovecharlo al máximo.

Efectivamente, en nuestra última jornada (y tras hacer el check out) creo que es interesante pasear por el barrio De Pijp, muy alabado en la web de turismo de holanda y que, casualmente, no está lejos de nuestro hotel (para volver a por las maletas después de comer). El mercado “Albert Cuyp” seguro que nos proporciona interesantes artículos que comprar (ya sean alimentos u otras maravillas desconocidas), aunque sé que JFK disfrutará más la posterior visita al Museo Heineken, del que saldrá con mucho más conocimiento específico sobre la cerveza.

Al final del viaje (y como en todo buen viaje) nos despediremos de la ciudad comiendo algo por la zona de los mercados; se me antojan de repente unos ricos quesos locales que nos den fuerzas para el viaje de vuelta a casa el mismo domingo por la tarde. Estaremos un poquito cansados, pero seguramente muy felices de haber disfrutado de una ciudad tan rica y abierta al mundo.
Claro que nos habremos dejado muchas cosas por hacer y muchos sitios por visitar, pero si no… ¿qué otra excusa tendríamos para volver a poner pies en tierras holandesas?

Nota importante: No debemos olvidarnos de pedir, un par de semanas antes del viaje, el talonario de descuento que ofrecen el la web de Turismo. A lo mejor encontramos algo que nos ahorre unos euritos.

Foto de Ámsterdam de Nickotine Photo.

Cómo ser idiota y no morir en el intento

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El título del post no es mío, es de un curso que se impartirá en Pombo Escuela los próximos 18, 19 y 20 de diciembre, y que se centrará precisamente en convertirnos en idiotas supervivientes (no en esos idiotas perdedores que hay por el mundo), a través de la búsqueda de nuestra propia voz.

La profesora, que debería haberme conseguido una beca para hacer el curso (todavía ando pobre y no tengo euritos de sobra para pagármelo), es Ana Esmith (en círculos españoles es Ana Gallego, pero encontró dificultades para que la gente recordara su apellido en el lluvioso Londres, donde se ha instalado permanentemente), una divertidísima actriz y más divertida persona que, a buen seguro, rentabilizará vuestra inversión y os convertirá en unos verdaderos artistas de la idiotez.

Queda dicho, se abre el cupo para que, quien quiera, me patrocine el curso de “Cómo ser idiota y no morir en el intento“.

Yo iría encantadísima de la vida :)

Zelestina princesita

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Hace tiempo que tenía pensado este post. Y es que no es de justicia desperdiciar una foto tan divertida como esta que me hizo Lara Hernández en una sesión (creo que a finales de 2008, no soy capaz de precisar) que recuerdo como la de “la primera vez que me colocaron pestañas postizas”.

La idea era captar a una muñeca saliendo de un huevo chino… y, la verdad, estoy plenamente convencida de que se consiguió el efecto. ¡Fui Barbie (photoshopeada en la cadera y los bracitos de nena bien alimentada que tengo) por un día! Ya sólo me faltan los Louboutins rosas y seré una Barbie a tiempo completo.

Os puedo contar, además, que Lara es una persona divertídisima, y que tiene su estudio de fotografía en Madrid (C/ Santísima Trinidad, 11), por si os animáis a dejaros inmortalizar por ella. Estoy segura de que marcará un antes y un después en vuestras vidas :)

Una sesión fotográfica divertida al año no hace daño… :)

Banksy, Dickens y un montón de juguetes

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Sí, hace ya unos días que no actualizo mis andanzas londinenses. Y es que… ¡en esta ciudad no hay quien pare ni un momento para escribir cuatro líneas!

Ayer mismo fuimos a Bristol (que está a 2h30m en autobús), con la sana intención de ver la exposición de Banksy en el Bristol City Museum. Por suerte ya estábamos avisados que, desde la inauguración de la exposición, las colas de entrada eran (invariablemente) de tres horas mínimo, así que no tuvimos excesivo problema en plantearnos nuestra comida en la mitad de la fila (y con el sol pegando, debo ser la única persona que se quema el escote en el Reino Unido).

Llegamos a Bristol como a las 11h de la mañana, y a eso de las 12h ya estábamos en la cola del museo. Hicimos antes una breve parada en la catedral local (beautiful), porque ya sabíamos que nos esperaban 3 horas prácticamente inmovilizados. Os preguntaréis si compensa… ¡pues sí!

Lo que Banksy (bajo el pseudónimo Local Artist, haciendo alusión a que, a pesar de que nadie ha visto una foto suya, se sabe que es de Bristol o alrededores) hizo en el museo de Bristol fue, básicamente, customizarlo a su medida. No sólo tuvo toda la planta baja de exposición para él, sino que, además, fue escondiendo obras entre la colección permanente del museo. De repente te encontrabas viendo obras francesas y ¡pum! Aparecía una muchacha banksiana saliendo del cuadro para fumar un cigarro. ¡Es estupendo!

A eso de las 15h ya habíamos visto todo lo que daba de sí el museo y la exposición (sólo estará hasta el próximo 31 de agosto, por si alguien anda por aquí y quiere ir a verla), por lo que decidimos pasear un rato por Bristol hasta las 19h que venía el bus a Londres. Me gustó bastante la ciudad y el paseo, con edificios chiquititos, calles estrechas, pubs, gente en los parques…

Hoy estábamos plenamente convencidos de la necesidad de seguir aprovechando todo el tiempo que pasemos en Londres. Íbamos encaminados al British, pero a ultimísima hora nos rajamos y lo cambiamos por un plan alternativo más relajado: visita a la casa de Charles Dickens (estupenda no sólo por lo didáctico de la visita sino por lo curioso de ver una de esas llamativas casas adosadas del s.XIX con jardín interior, y silencioso, en pleno centro de Londres) y el Pollock’s Toy Museum, un divertidísimo espacio con muñecos y juguetes de todo el mundo, de entre los museos más kitsch en los que he estado.
Ya encaminados a casa yo me quedé un ratito más por las Charity Shops de Goodge Street. No puedo evitar desearlo todo. Descubrí, además, Bang Bang, una tienda vintage (con camisas de YSL-Rive Gauche a 15 libras y un vestido Valentino a 200) en la que me compré un más que estupendo vestido años 50 de lunares por tan sólo 15 libras.

Seguiremos informando. Hay rumores de que mañana vamos a la Tate Modern, pero siempre se pueden desconfirmar…

Fotografía de JFK. Cuadro de Banksy en la exposición.

De las clases y el paseo vespertino

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Sin tiempo ando, de verdad. Jamás pensé que los paseos por Londres pudiesen ser tan absorventes e interesantes. Cada calle llena de tiendas trendy (e inexistentes en España pero muy conocidas internacionalmente como Uniqlo, Superdry, Urban Outfitters, American Apparel…) lleva a otro montón de tiendas trendy o, lo que es mejor, una esquina con un puñado de locales vintage a mitad de precio…

Sin embargo, y aunque penséis que no, me estoy midiendo el bolsillo y sólo que comprado cosas baratitas: un bolso por 4 libras, un pañuelo de anclas (con anclas dibujadas, vamos) por 2, una camiseta marinera (la tendencia que viene, señores) por 10, unos zapatos por 24 (un capricho de GAP, estilo Audrey), unos recipientes cupcake, una taza vintage de Barbie, la Vogue UK…

En estos dos días que no he escrito anduvimos paseando por Oxford Street, Regent Street, Carnaby Street y muchas otras streets con tiendas (consumistas somos un rato), pero también hemos dejado un algo de tiempo para seguir con el proceso cultural londinense: visitamos la Tate Britain, una maravilla para la vista.

Definitivamente me encanta toda la pintura victoriana y muchos de los retratos ingleses que hay en el museo, pero he de reconocer que todo lo dedicado a Turner me parece un poco timpo y a William Blake tampoco le acabo de coger el punto. ¿Mi obra favorita del museo? La Ophelia de John Everett Millais (una obsesión desde hace años que por fin he visto al natural). ¿Mi mayor sorpresa? Una pequeña exposición de Tony Swain, “Temperature is here too“.

Por último, dejadme hacer una pequeña reflexión hoy, que estoy emocionada: pasear por el Támesis y encontrate, de repente, con el Big Ben y Westminster… no tiene precio.

PS: No me olvidaré de hablaros pronto sobre mis clases, pero eso se merece un post completo. ¡Vaya fauna más cool y pintoresca que tengo por compañeros y profesores!

Foto de Trafalgar Square, hecha por JFK.

Mi primer paso por el Thyssen

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Una de las desgracias de vivir en una ciudad grande es que hay gran cantidad de oferta cultural que, de repente, nunca decides tomar. Este hecho es mucho más frecuente de lo que la gente piensa. ¿Cuantos no han estado nunca en el Reina Sofía, o han visto la ampliación del Prado o, mismamente, se han tomado algo en el antiguo Botín?

Pues yo, en diez años viviendo en Madrid (sí, se dice pronto), todavía no había ido al Museo Thyssen. Y eso tiene mucho delito, la verdad. Así que decidí, esta semana, tomarme el arte muy en serio y patearme el consabido museo (al que nunca había ido porque soy muy rata para pagar entrada y éste no tiene día gratis).

Y ya que fui me lo vi todo: la colección permanente (bueno, las dos, la de Tita y la de Heidi) y la exposición temporal sobre Matisse.

Sobre la exposición temporal de Matisse no puedo sino decir cosas maravillosas. No sólo no muestra las clásicas obras famosas de Matisse, sino que es capaz de introducir al poco ducho en el artista francés, en su mundo íntimo (y poco conocido) de patterns, colores y volúmenes. ¡Vengo maravillada con todas las odaliscas y sus sofás de estampados imposibles!

Eso sí, me comentan que hay que comprar las entradas con antelación (se puede por teléfono y on-line) porque muchas veces se agotan. A mi no me ocurrió, quizá porque fue jueves y a mediodía, pero avisados quedáis.

Después me fui rauda y veloz a recorrer las tres plantas que ocupa la colección permanente de Heidi, a las que se le ha añadido (aparentemente con una intención de brillar un poquito como coleccionista incipiente) la de Carmen Thyssen (vamos, Tita Cervera de toda la vida) en un ala del museo. Y digo yo… ¿por qué no se mezclan y se completan períodos que están un poco sueltos por separado?

Sea como fuere, a pesar de este apunte negativo, he de decir que la colección permanente del Thyssen me pareció muy interesante y, sobre todo, muy reveladora sobre algunas obras de artistas muy conocidos. Hay cuadros de grandes artistas que nada tienen que ver con los clásicos que conocemos, y se agradece conocer otras ramas y épocas de los artistas más famosos del mundo.

Durante el recorrido me fui anotando varios artistas cuyas obras hicieron gran mella en mí: Joos Van Cleeve, François Boucher, Vladimir Burliuk, Emil Nolde, Winslow Homer, William Merrit Chase, John Singer Sargent, Paul Delvaux, Richard Estes, Maximilien Luca…

Como véis soy una auténtica ratilla de biblioteca que se va anotando todo por el camino… ahora llegando a casa es hora de ponerme a repasar la obra de estos artistas (en caso de conocerla, ya que no conocía a todos) y hacerme tres pelos más sabia.

Nunca te acostarás sin saber una cosa más.

Cuadro de Paul Delvaux, Woman in the mirror. Colección Permanente del Museo Thyssen Bornemisza.

Desvistiendo el siglo XX

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Esta semana he tenido la fortuna de asistir a uno de los cursos que se organizan en el Museo del Traje (un auténtico MUST para todos aquellos que estén interesados tanto en la moda como en sus connotaciones sociológicas e históricas).

El curso se titulaba “Desvistiendo el S.XX” y en él se hizo un soberbio recorrido por el siglo XX desde el punto de vista de la manera de vestir occidental, tanto de hombres como de mujeres. Se puso de total manifiesto el hecho de que muchos factores ajenos a la moda afectaron a los estilismos de la gente a lo largo del siglo, y también se hizo mucho hincapié el último día en los pasos previsibles de la moda en este incipiente S.XXI, a pesar de que creo que se centraron más en la crisis que en las alternativas a la misma.

A mi me pareció totalmente revelador y muy refrescante (siempre es bueno recordar toda la historia de la moda que se presupone que tengo que saberme), y el hecho de que fuera totalmente gratuito me pareció más que sorprendente. ¡Bravo por estas iniciativas del Departamento de Difusión del Museo del Traje. CIPE.

Además, no pude sino aprovechar para ver las dos exposiciones temporales que hay en el museo (porque, efectivamente, la colección permanente me la sé de memoria): la de 100% siglo XX (a partir de la cual se desarrolló el curso que yo hice) y la de Tacones de Aguja. Fascinación y seducción.

La exposición del S. XX me pareció soberbia. En ella hay piezas de vestir por décadas, muchas de ellas confeccionadas por algunos de los mejores modistos de la historia: Chanel (un diseño propio y otro de los 80 de Lagerfeld), Paul Poiret, Patou, Yves Saint Laurent, Balenciaga, etc. Merece la pena reseñar que todos los modelos son fondos propios del Museo, y que estarán expuestos hasta enero de 2010, por si no vivís en Madrid y os queréis organizar un viajecito.

La otra exposición, la de los tacones de aguja, me decepcionó un poco. Me pareció, realmente, un panfleto promocional de las zapateras de Vigevano (Italia). La exposición esta hecha en colaboración con el Istituto Italiano di Cultura y en ella no hay ni un sólo tacón de aguja que no se haya hecho en la localidad, a pesar de que también deja de manifiesto cómo los mejores zapateros del momento (Roger Vivier, Blahnik o Andrea Pfister) desarrollan los zapatos finales en el “país de la bota”.

Imagen del Museo del traje. De izquierda a derecha: vestido de Tom Ford para Gucci (1997) y vestido de Thierry Mugler (1998).

¡Así que ha sido una semana bastante completita, la verdad!