Control yourself

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“Trying to control other people doesn’t work, ever. The only person you can control is yourself”.

Masters of sex. Season 3, episode 9.

La imagen es de esta sesión de Irving Penn con Jean Patchett en 1949.

La vida como una sardina

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Huevas. Silencios. Crecimientos. Ciclos. Corrientes. Aguas turbulentas. Cambios. Promesas. Estanques. Embalses. Desagüe. Latita. Tapa en el vermú.

Collage de Alicja Pulit.

Universos cotidianos

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Acabo de leer un tema sobre la pintura hiperrealista en The San Francisco Globe. Bueno, eso de leer es una forma de decirlo, porque viene en una cómoda y práctica serie de imágenes que permite echar un ojo al asunto sin dedicarle más de dos minutos. El caso es que me han gustado mucho dos de los artistas reseñados y pensé en compartirlo con ustedes.

El primero es Lee Price (en la imagen de arriba). No les voy a hablar de su biografía (pueden leerla aquí), sino de sus obras. Me han encantado sus mujeres comiendo en la bañera, en un plano cenital que me llevan a recordar (colóquense el monóculo) a una especie de Ofelia ahogada por el yugo de la cotidianeidad.

Gregory Thielker (abajo), por otra parte, muestra la vida a través del parabrisas de un coche en un día lluvioso. El tamaño y espacio entre las gotas contextualizan cada pieza. La magia, al menos según yours truly, es que con tan solo un vistazo uno se puede imaginar un universo completo. Más allá de la carretera sobre la que se transita, tiene que ver con las vidas que hay en otros coches, en los edificios colindantes, en el horizonte borroso por culpa de un aguacero. Da que pensar. La última imagen parece, por cierto, una de las versiones de La noche estrellada de Van Gogh.

BIS

Acción poética

Baldomero, Jimena y el arte de Nazaret

Todo comenzó hace unos meses. Justo después de ver este magnífico retrato de Panchito, se me antojó tener algo parecido, pero inspirado en Baldomero y pintado en acuarela. ¿Por qué no? Ya que está inmerso en las redes sociales (su twitter y su fan page en Facebook son prueba de ello), no veo ningún motivo para que no esté también embelleciendo las paredes de mi (su) casa.

Así que se lo pedí a Nazaret. No le di plazos, ni presupuestos… solo le pedí que retratara a Baldomero cuando tuviera ocasión. El tiempo fue pasando, vi algunos bocetos (al bies, en fotos de instagram) y hasta hice presión para ver cuando iba a llegar mi ilustración…

Entonces (estamos hablando de hace dos semanas) Jimena llegó a mi vida. ¿Tenía sentido hacer una ilustración o debería ahora encargar una segunda obra a la maestra? ¿Acabaría llenando mi casa de acuarelas de gatos? ¿Estaría mi futuro plagado de cupones de descuento para comida de felinos? ¿Saldrían alguna vez los pelos de mi ropa? ¿Empezaría a maullar para comunicarme con los demás?

Estaba yo en esas diatribas internas cuando, de repente, un mensajero llamó a la puerta de mi casa. Traía un pequeño paquetito de Sevilla y, dentro, un sello (hecho a mano) con las caras de Baldomero y Jimena. ¡Qué belleza! Era la pequeña gran solución a todos mis dramas del primer mundo. Menos colgar cosas en las paredes y más dejar la marca de la casa en libros y telas.

Gracias a Nazaret Baldomero, Jimena y yo ya tenemos escudo de garras. Raur.

 

Postureo (del bueno)

Arte, ironía y masas

(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 28 de diciembre. Podría ser una inocentada)

El pistoletazo de salida lo dio Andy Warhol. El controvertido y polifacético artista alzó a la categoría de arte una simple lata de sopa (bueno, 32, para ser exactos) y la marca Campbell’s, lejos de sentirse ofendida por ser un ejemplo de consumo masivo vio como sus productos dejaban de ser puramente alimenticios para convertise en algo más (algo parecido le ocurrió a Chanel cuando Marilyn Monroe aseguró que, para dormir, solo se ponía unas gotitas de Nº 5). En un referente Pop.

¿Carritos de la compra de oro macizo?, ¿Armarios quilométricos? La artista Sylvie Fleur dice “Sí a todo” y propone una obra fotográfica que se centra en descubrir qué nos hace querer siempre más y más. ¿Por qué el consumo masivo es un guilty pleasure tan evidente?

Un punto más allá en la reflexión nos transporta al alemán Andreas Gursky, que se empeña en mostrarnos la megalomanía del ser humano en gran formato. Irónicamente, a pesar de la crítica al capitalismo, a la masa y a todo lo que se ponga por delante, alguna de sus fotografías han alcanzado precios millonarios. Sin ir más lejos, 99 Cent II Diptychon (una imagen de un supermercado de todo a 99 céntimos tomada en 1999), se vendió en 2007 por más de 3 millones de dólares (en años anteriores las copias habían superado los 2 millones), convirtiéndose en la más cara hasta el momento.

Chris Jordan recoge el testigo más crítico en pleno siglo XXI. Lo hace con fotografía de productos en masa mucho menos glamourosos de lo que se hacía en la época pop de Warhol y el Studio 54. Su serie Intolerable beauty es una recopilación, a lo largo de varios años, de artículos industriales que van directos a la basura: componentes de ordenadores, casquillos de bala, colillas… todo lo que la sociedad occidental produce y no sabe muy bien cómo eliminar cuando ya no lo necesita.

Ha Schult parece saberlo qué hacer con los detritus: convertirlos en esculturas. Su instalación de Ejércitos de basura recuerda a los guerreros de Xian, pero son producto de otra era. Un tiempo en el que el barro ya no moldea nada, a tal efecto solo tenemos los residuos que la sociedad va dejando a su paso.

Poco podría imaginar Andy Warhol que su obra pop, más centrada en la belleza del continente que en su contenido ulterior, acabaría por derivar en una crítica al sistema en el que vivimos inmersos. Quizá no inspiró a otros artistas, pero sí plantó una semilla en la conciencia que florece a modo de reflexión. ¿Qué estamos haciendo con nuestro mundo? ¿Qué es el dinero? ¿Cuanto vale?

Son preguntas a las que puede ser difícil encontrar respuestas (nos movemos en la misma espiral que criticamos), más bien siguen surgiendo nuevas preguntas. O consejos con sorna. Aunque no sea un artista contra el consumo masivo, sino más bien un crítico de la sociedad actual, el británico Banksy no deja de recomendar, a la salida de cualquier exposición, que pasemos por la tienda de souvenirs. Si eso no es una ironía…

Imagen: Campbell’s soup cans, de Andy Warhol.

Con la comida también se juega

(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 22 de noviembre)

Quizá fue el italiano Giuseppe Arcinboldo (Milán 1527-1593) el primero en utilizar frutas y verduras a la hora de crear retratos. El rostro humano era, para este manierista, un trampantojo que se podía reproducir colocando bien una serie de berenjenas, claveles y melocotones. Un buen ejemplo de la importancia de la naturaleza en su obra es la serie de Las estaciones, donde la primavera está retratada a base de flores y el verano tiene ciruelas en el pelo y una alcachofa en el pecho.

Aunque siempre se le ha dicho a los niños que con la comida no se juega, parece que la mente de muchos artistas ha decidido pasar por alto la comanda de la infancia. Arcinboldo pudo hacerlo hace siglos, pero la transgresión y la búsqueda de nuevos conceptos artísticos sigue su marcha.

El rumano Dan Cretu es uno de los ejemplos más recientes y su talento es que realiza esculturas de objetos cotidianos a partir de alimentos. Así, es capaz de transformar (un poco de maña y un mucho de imaginación mediante) un pepino en una cámara de fotos, o un pimiento rojo en una motocicleta de competición. Todavía no ha llevado a cabo una exposición (aunque ya han contactado con él varios agentes), pero las redes sociales se han encargado de manifestar su éxito internacional. De todas formas, no es un innovador en la materia, sino un pez que sigue la corriente. Que las coles de bruselas se conviertan en peces o las coliflores muten en ovejas es algo que lleva años explorandose en la fotografía. Con buenísimos resultados.

Hasta el pienso de los perros puede servir, en un momento dado, para convertirse en piezas que forman cuadros. Es lo que dio fama mundial a Pawlick, que se denomina a sí mismo “dog food artist” (artista de comida canina). Con las pequeñas dosis monta piezas geométricas o desarrolla escenas bastante simples que luego vende internacionalmente.

También en la sección de las pequeñas dosis se encuentra Jason Mecier, especialista en mosaicos. A él hay que atribuirle un retrato de Michael Jackson hecho con una retahíla de coloridas píldoras por prescripción médica (la ironía se extiende a otras celebridades que tuvieron problemas con el abuso de sustancias, como Amy Winehouse o Whitney Houston) para la edición británica de la revista Glamour en 2010, un posado de los ángeles de Charlie dibujadas con frijoles y noodles o un mosaico en rosa y blanco de Taylor Swift a base de caramelos. Vende posters de sus obras a través de su página web por algo menos de 30 euros.

Mención aparte merecen los bentos de comida japonesa. La obsesión de los nipones por la decoración de las tarteras del almuerzo pasa de lo culinario a lo artístico en un abrir y cerrar de ojos. Ositos panda, pulpos, mariposas… cualquier motivo sirve para dar colorido y frenesí a la alimentación diaria (nunca un arroz se vio tan apetecible). Hay muchos blogs dedicados a explicar cómo lucirse con el arte de los bentos. Eso sí, lo mejor es que al final estas obras… ¡se pueden comer!

Retrato de Amy Winehouse con pastillas, hecho por Jason Mecier.

La ciudad como lienzo improvisado

(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 26 de octubre)

Más allá del grafitti (con su ‘tag’, o firma del grafittero), las calles de nuestras ciudades se ven inundadas por propuestas artísticas más elaboradas que invitan a la reflexión, a la contemplación o al puro placer estético.

Así se dieron a conocer, a mediados de los 90, personajes como Shepard Fairey (que ha rentabilizado como pocos su Obey the giant) o Banksy, un británico cuya identidad sigue siendo un misterio, pero que ha hecho famosas sus obras críticas con la sociedad y la política. Ninguno de ellos es grafittero propiamente dicho. El término que más les encaja es el de artistas callejeros. Usan latas de spray, sí, pero también plantillas (stencils) que les permite replicar el mismo mensaje en diferentes soportes. El mensaje, y no la firma, es lo importante.

Todo en el mobiliario urbano es susceptible de convertirse en lienzo. También el universo de las señales de tráfico se presta a la imaginación del artista. Así, Trusto Corp pinta a mano nuevos y divertidos signos en Los Ángeles (sacará más de una sonrisa de los viandantes por las mañanas), Cayetano Ferrer convierte las señales en algo transparente a la vista y Clet Abraham dibuja muñecos que sujetan la información vial de todo Italia (la moda se ha extendido rápidamente a otras ciudades europeas). Un guiño humorístico a la realidad, pero también una forma nueva de entender y transmitir el mundo que nos rodea. En definitiva, un soplo de aire fresco.

A pesar de que hay unos cuantos representantes conocidos del arte callejero a nivel internacional, este no deja de ser un universo en el que importa más el mensaje que el autor. En el blog Street Art Utopia recopilan imágenes de obras artísticas alrededor del mundo. Muchos artistas reseñados no son famosos, y probablemente no lo serán nunca, pero con su imaginación han contribuido a crear una ciudad más bonita o, al menos, más concienciada. No es necesaria una gran dosis de talento, pero sí se requiere de creatividad y espontaneidad a la hora de trabajar.

Tampoco, contrariamente a lo que muchos quisieron hacer entender, el arte callejero es un asunto de vándalos y adolescentes. Hay compañías que se han sumado a la redecoración de su estética a través de la pintura exterior. Así, por ejemplo, las empresas japonesas de gas decoran sus tanques de la forma más bonita que pueden. Ya que va a haber una gran bola gigante en la calle, por lo menos que provoque una sonrisa.

Tú también estás a un paso de distancia de tu próxima sonrisa (o reflexión). Simplemente tienes que abrir los ojos cada vez que camines por las calles de tu ciudad para, seguramente, darte cuenta de que alguien ha modificado tu entorno para embellecerlo. Hay montones de guías que te pueden ayudar a la hora de localizar el arte callejero más interesante de tu zona. En Madrid, por ejemplo, puedes seguir la web de MadridStreetArt para saber más de los artistas y los lugares en los que dejan sus obras. No pierdas detalle.

Fotografía con intervención de Clet Abraham. Vía MundoFlaneur.

Todo es cíclico, como los GIFS animados

(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 23 de agosto)

Los GIFS animados ya estaban ahí al principio de los tiempos (resumiendo: en los 80, cuando nació Internet). Aquellos dibujos, un tanto toscos, con capacidad de moverse, están de vuelta. El revival viene de la mano de firmas de moda como Prada, que presentó su colección de accesorios de primavera 2012 con 12 gifs animados (su título era Parallell Universes) o la revista Vogue Italia, donde eligieron esta herramienta digital como parte de su promoción del segundo número más importante del año, el de marzo. Con la colaboración de Steven Meisel (tras la lente) y las modelos Abbey Lee y Coco Rocha desarrollaron el proyecto Haute Mess, un extravagante ejemplo de la moda en movimiento.

El formato fotográfico enriquecido con un poco de movimiento ha vuelto a resultar interesante a marcas (ven así un nuevo modo de promoción digital), a particulares (en España, Carmen Pacheco, bloguera de SModa, usa la herramienta en infinidad de enlaces de su blog, haciendo de ello casi un estilo propio) y a la propia industria del arte. Tanto que entre las aplicaciones más vendidas para móviles ya se ha colado alguna para hacer gifs animados a partir de vídeos, como Cinemagram.

El otoño pasado tuvo lugar en Amberes la exposición The animated GIF exhibition, una muestra que trataba de volver a poner en valor el movimiento en bucle. El éxito fue rotundo. Tras eso, el director de cine Kevin Parry decidió seguir experimentando las posibilidades artísticas del formato y creó una serie de GIFS sobre la ciudad de San Francisco que resultan realmente cautivante.

Este verano, justo antes de los Juegos Olímpicos, la galería londinense The Photographers’ gallery, estrenó la muestra Born in 1987: The Animated GIF. En ella daban rienda suelta a 40 artistas de varias disciplinas para que crearan sus propias obras. Animadas, por supuesto. Lo interesante es que muchos de los participantes estaban creando sus primeros gifs animados ex profeso para esta revisión del clásico.

El museo estadounidense de la imagen animada (Moving Image Museum) también ha rendido pleitesía a los gifs permitiendo que los usuarios de su foro manipularan un pequeño vídeo del futbolista El Hadji Diouf cayendo (más bien siendo empujado). Las obras entregadas (y luego expuestas) estaban tan elaboradas que lograron hacer olvidar al público la conexión con la realidad:  Diouf caía por culpa de una tortuga del Super Mario Brothers, la amiga de Mafalda, un charco de agua, una explosión fortuita…  El espíritu que rodeaba todas las piezas es que cualquiera puede crear un GIF animado digno de una exposición.

Con el retorno del gif animado también ha surgido nuevo modo de hacer fotografías: transformarlas en escenas en movimiento. El Cinemagraph, que así se llama la nueva técnica, casi está en pañales. Nació en 2011 de la mano de los fotógrafos Kevin Burg y Jaime Berck, pero a día de hoy ya se está usando muchísimo en el mundo de la moda. Hay millones de tutoriales para aprender a hacer gifs animados, y quien quiera también puede rebuscar entre los relacionados con el cinemagraph…. Quien sabe, a lo mejor esta nueva vía creativa no necesita 30 años para obtener el boom que se merece. Como su hermana mayor.