
El fin de semana pasado estuvimos en Oviedo. El padre de JFK llegaba a la ciudad para asistir a un congreso médico y decidimos aprovechar para ir a recibirlos en su llegada a las Españas.
Fuimos en tren. Cómo me gusta el tren. Puede tardar horas en llegar al destino, pero siempre me parece que aprovecho mucho el tiempo, que todo es para mí y que tengo unas vistas privilegiadas. En fin, eso lo dejo para otro post. Que me eternizo y no tengo mucho tiempo.
Ya en la ciudad, he de decir que no aproveché nada la visita. El domingo en la noche tenía que entregar un reportaje y me pasé gran parte del tiempo exprimiendo mi maltrecha creatividad para enviar algo original. Ya les iré contando más sobre este asunto.
A lo que iba. El sábado por la noche fuimos al Campoamor a escuchar una zarzuela. Yo he sido muy de ópera en el Real (cortesía de Fátima, of course) pero esta era mi primera zarzuela. Su nombre: Los diamantes de la corona. Me encantó. Repetiría con los ojos cerrados. Y la iluminación me dijo que tiene que hacerlo todo el mundo.
La lección que aprendí en Oviedo es: más zarzuela para el pueblo, por favor. Mira que irse tan lejos para volver con esa consigna… tiene valor.
Foto de Thaissa.