Respiro baldomeril

Tres semanas después hacemos balance de un total de cuatro gatos nuevos en la vida de mi felino asocial. Y, no hay duda, han sido unos días difíciles, pero bastante productivos.

La primera semana en casa de mis tíos (con tres gatos a su alrededor) fue de pánico total y bufido como medio de vida. La segunda semana hizo de tripas corazón y salió a explorar fuera de su habitación. De vez en cuando se oían maullidos de reyerta felina y, aunque íbamos corriendo, nunca tuvimos que frenar ningún amago de guerra civil. Y, cuando ya volvíamos a casa, mi padre trajo su pequeño gato (Taco, para más señas) para que lo cuidara durante las vacaciones de Semana Santa, ya que yo me quedaba en Madrid.

Taco tiene sólo ocho meses, y un tesón envidiable en sus ganas de socializar con Baldomero. Sobre todo cuando lo único que ha recibido de éste de éste son bufidos y gruñidos. Venía a nuestra habitación a despertarlo de madrugada para echarse unas carreras por el salón, y vaya que si se las pegaban, como si fuera el Paris-Dakar. Ayer volvió a su casa, y creo que esta noche ha sido la primera de tranquilidad de Baldomero en todo este tiempo. Ha dormido en su casita del armario hasta bien entrada la mañana, y se le notaba genuinamente rendido.

Hoy, cuando volví del trabajo estaba un tanto pensativo, quizá reflexionando sobre esa absurda regla que se ha autoimpuesto (él, que se cree un auténtico ser humano): no dejar que ningún gato lo toque. ¡Esos bichos!

Home… We miss you so much!

Hoy era el día. Estaba marcado en el calendario: volvíamos a casa. Pero todo se ha torcido y parece que la obra se alarga, al menos, un día más.

No nos puede venir peor. Ya hace dos semanas que estamos fuera. Esta noche mi padre nos deja a su gato porque se va de Semana Santa (donde estoy ahora ya hay cuatro, sobrepoblación) y el jueves en la mañana llega mi madre a verme por vacaciones. Así que simplemente espero que hoy (de verdad) acabe todo y mañana podamos limpiar y re-acondicionar nuestro espacio vital.

Déjenme dejarlo claro: que en casa de los tíos (donde ya viví durante tres excelentes años de mi vida) nos tratan como a príncipes. Pero como en la nuestra, en ninguna parte. Nuestros armarios, nuestras estanterías, nuestro felino dando sus carreras mañaneras de una punta a otra… somos gente de rutina.

PS: Cross fingers with me.

Ilustración de Rachel Kantor.

Baldomero (sigue siendo) el asocial

Se cumple hoy una semana desde que nos mudamos a casa de mis tíos por obras en casa. Lo que más temíamos era la falta de socialización felina de Baldomero ante su inminente encuentro con otros tres gatitos.

Efectivamente, nuestros miedos se convirtieron en realidad: Baldomero pasa de entablar cualquier tipo de relación con sus congéneres. De hecho siempre tiene un bufido preparado, por lo que pueda pasar. Y los otros, que son más salaos que las pesetas, no dejan de intentar saludarlo. A pesar de que él siempre tiene una mala respuesta en la boca.

Por la casa camina con miedo (pero fingiendo mucha seguridad) y a la mínima, bufa y pone cara de león de la Metro, justo antes de volver corriendo al cuarto de dormir. Un cuadro.

Así que casi siempre pasa el tiempo en nuestra habitación, donde se siente seguro. Ahí tiene su comida y algunos pasatiempos. No da muestras de necesitar explorar mundo (debe ser muy terrorífico allá afuera…), y está llevando el auto-enclaustramiento bastante bien.

Ya lo habíamos hablado: a mi gato no le gustan los gatos. Es un hecho.

Big changes are coming…

He tardado un par de meses (siendo indulgente conmigo misma), pero finalmente mañana comienzan las obras en nuestro baño.

En casa ya está todo recogido y nuestras maletas listas para digievolucionar en casa de mis tíos durante unos días (según los albañiles una semana, ya veremos).

A JFK y a mi no nos importa demasiado. Agarrar trapitos y cambiar de hogar es algo que hemos hecho muchas veces, pero Baldomero está a punto de vivir una nueva experiencia en su vida: se va de okupa a una casa con tres felinos más.

¿Cómo llevará dejar de ser el rey del hogar a convertirse en un simple gato de raza común europea entre una manada de Bosques Noruega? De lo único que puede presumir es de tener un twitter poco actualizado (pero con casi 200 followers) y que aparece junto al gato del Doctor Maligno cuando googleas en Imágenes “Baldomero Gato“. A ver si les hace entrar en razón de lo cool que es. Eso o se convierte en outsider.

Maru: sensación felina

Si te gustan los gatos, no puedes dejar de conocer a Maru. A mi me lo presentó la gran Ana Fernández Parrilla, y desde el primer minuto cai rendida a sus pies.

Maru es un gato nipón que tiene una obsesión casi patológica por las cajas… y su dueño utiliza esa peculiaridad para hacer vídeos de lo más divertidos. O al menos a mi, como persona que convive con un gato, me lo parecen.

Creo que estoy en proceso febril felino.

So proud of my boy

Ya sé que corro el riesgo de que alguno de vosotros venga a casa y trate de raptar a Baldomero. Lo conocéis tan bien que estoy hasta tranquila pensando que le daríais una buena vida… :P

Pero cómo se me cae la baba con el felino. Y no os cuento a JFK. No sé qué será de nosotros si algún día tenemos hijos.

Las historias de Peyote

Tenéis que conocer Diarios de Nepomuk, uno de los blogs mejor escritos que me he encontrado en este 2011. Lo lleva un chico que tiene varios TRES gatos y vive en una casa compartida de la que se quiere mudar.

El caso es que uno de sus gatos, Peyote, es malo hasta la saciedad (a pesar de haberle castrado), y le tiene frito. O no. Me ha recordado mucho al mal año que me dio Baldomero en 2006 (cuando tuve que comprar hasta tres cables de portátil de MAC). He aquí un extracto de su último post. Risas aseguradas.

Si por lo menos no fuera tan simpático el maldito… si no fuera tan dulce, tan divertido, tan sociable, tan mimable… al menos me quedaría el consuelo de ahogarlo en la bañera sin el más mínimo cargo de conciencia. Pero no. Encima es mi favorito, el muy cabrón. Que no necesita más que mirarme con ese hocico de rata chunga que tiene, para que se me haga el culo pepsicola. Y claro, así va el mundo… Dividido entre cabrones encantadores y gilimemos que nos dejamos encantar.

Foto de Cuba Gallery.

El día que Baldomero conoció a un gato

Fíjate que nosotros creíamos que como Baldomero tiene ese carácter tan particular con la vida en general, en el momento que conociera a otro gato se lo meredaría con los ojos cerrados.

Hay que ver cómo nos sorprende la vida. Hace unos días tuvo su primer encuentro felino en ¿cinco años? y fue un epic fail. Mientras el otro gato se trataba de acercar y socializar, Baldomero no dejó de bufar y esconderse por las esquinas de la casa que conoce tan bien como si el otro gatito tuviese una enfermedad contagiosa. Era más acojone y pánico ante lo desconocido que otra cosa. Porque, espero, el señorito no me será ahora racista con los gatos…

El caso es que con perros sí que ha tenido experiencias y han sido bastante más relajadas. Dentro de lo que cabe. Con humanos hace tiempo que es un ser totalmente sociable (excepto con Álex Ferreira, única persona que conozco a la que no puede ni ver)…

¿Será que se cree que es humano? Ya os digo yo que lo hemos malcriado.

¡Qué calor hace en Madrid!

Hn4CZClkqohjh53ehmhHLQZDo1_500

Sí, amiguitos, ya estoy de vuelta. Ayer vivimos nuestra particular Odisea (como la de Homero) con 70 kg de equipaje en mano por el metro, tren y aeropuerto. Hasta que conseguimos hacer el check-in en Gatwick no pudimos dejar de sudar la gota gorda.

Poco duró el dejar de sudar. Fue llegar a Madrid y darnos cuenta de que aquí nada ha cambiado. ¡Parece que estamos en pleno julio de tanto calor que hace!

Lo que no puedo entender es de dónde han salido esos 40 kg extra de equipaje con que hemos vuelto. Personalmente no creo haberme comprado muchas cosas, aunque reconozco que en libros y revistas no he escatimado ni una libra, y eso siempre pesa. Para que luego digan que el saber no ocupa lugar. Vaya si lo ocupa, pero se lo perdonamos.

Baldomero nos recibió en casa de una manera totalmente apática. Pero nosotros estábamos entusiasmadísimos con su dejadez. ¡Hacía un mes que no veíamos a nuestro gato y nos importaba un comino lo que él hiciese o no, necesitábamos estar con él! Y ya sabéis, esto es como los hijos. Al final uno ve virtudes donde otros sólo pueden ver defectos.

Hoy ha sido día de comenzar activamente la búsqueda de empleo (pronto hablaré más detenidamente sobre el asunto), poner lavadoras, guardar ropa de invierno (sí, estaba vistiéndome con camisetas de manga larga en Londres y, sobre todo, en Edimburgo), pensar en bajar a hacer la compra, ir al banco a cambiar las libras restantes, ir a la tintorería con todo lo vintage que necesita una mano de limpieza, ir al zapatero a que me arregle las botas y le ponga cremallera a un bolso nuevo, etc.

Empieza esta nueva etapa (como los niños en el cole) con mil cosas en mente, con mil proyectos, mirando al frente y comenzando pasito a pasito.

Imagen de Horacio Salinas.

Baldomero no se queda solo

3319304323_8b0e9402e2

A tan sólo unas horitas de comenzar el viaje más divertido del año (esa es mi previsión, espero cumplirla), ya tengo casi todo preparado: toallas, sábanas, geles de baño, secador de pelo de viaje (¡gracias, Mirichan por el tip!)…

Y también tengo todo preparado para que Crispín, el padrino oficial de Baldomero, se mude durante un mes a casa y cuide, mime y malcríe al gatito más guapo de todo el barrio, el mío (por supuesto).

Baldomero tiene dos sacos llenos de comida y suficientes latitas de Friskies Gold (no le compré Diamond por no malcriarlo de más) como para sobrevivir sin nosotros un buen par de meses. Aunque, como buena madre, ya saben que es la parte afectiva la que me preocupa. No porque Crispín lo vaya a cuidar mal (ya tengo la mano en el fuego por él) sino por lo mucho que lo vamos a echar de menos (y creemos que él a nosotros).

En fin, son pequeños impuestos revolucionarios que uno tiene que pagar por tener un gatito en su vida y querer hacer cosas sin él…

Ahora, una cosa os digo, si me hubiese ido un mes a otro lugar de Europa (zona Schengen), que no os quepa la menor duda que Chiringuito se venía con nosotros. Vamos, como que no es un gato al que le gusta viajar.

PS: Esta entrada también es para avisar a posibles cacos y maleantes de que MI CASA NO ESTARÁ VACÍA en agosto. Que se vayan a robar a otro sitio.