Cuatro.
Felicidades conjuntas. Seguimos sumando y trinando.
Acabo de descubrir estos cuatro pájaros recortables para el árbol de navidad. A lo mejor el año que viene, cuando sean ya cinco, me das la sorpresa.
Felicidades conjuntas. Seguimos sumando y trinando.
Acabo de descubrir estos cuatro pájaros recortables para el árbol de navidad. A lo mejor el año que viene, cuando sean ya cinco, me das la sorpresa.
Lo bueno de estar un sábado tirada en el sofá es que, de repente, te puede surgir compañía. Aquí estamos los dos. Tan ricamente.
Por cierto, recordad que el cachorrillo es nativo digital y tiene su propia página de fans en Facebook. Hacedle un like (no unlike), él lo haría por vosotros.
Acabo de abrir el Reader y encontrarme con estas piedras pintadas. No me ha podido parecer más bucólico y pastoril.
Llámenme ñoña, pero se me antoja un plan perfecto para unas vacaciones ideales. Quiero pintar pececillos verdes, barnizarlos y amontonarlos en algún rincón de mi casa. Con JFK, por supuesto, seguro a él se le da mucho mejor que a mi. En general me apetece muchísimo el momento arts&cratfs, quizá porque es un reto: siempre he sido un pez mareado en ese asunto (lo mío es leer, qué le vamos a hacer). Glup, glup…
Vía: Kireei
Estoy girando el buque. Iba muy centrada y rápido hacia el frente. Posteando a diario (a menudo sin mucho que decir) y creándome un hábito que, por momentos, era un suplicio. Eso no es hábito ni es nada.
Seis meses de posteo diario dan buena cuenta de mi cabezonería aun en tiempos sin mucho que contar. De hecho las pocas cosas realmente interesantes han pasado sin pena ni gloria por estas líneas, solo a la vista de auténticos connosieurs de mi día a día.
El rumbo de este barco se mueve de nuevo. Lo he hecho tantas veces que eso de dar explicaciones suena ya a excusa. Seguimos en modo personal e informal. No se preocupen. Pero apetece algo más visual…
Y, por dar una buena nueva: en casa estamos pensando en modificar por completo la estructura del salón. Pasar el comedor a la ventana y el sofá y el mueble más hacia la entrada.
A JFK no le ha dado demasiado tiempo a pensarlo, pero yo estoy absolutamente emocionada. A ver si, de una vez por todas, siento que estoy en mi hogar y no en un almacén de trastos. Por supuesto, eso requiere mucha concentración y capacidad para deshacerse de muebles y basura. Seguiremos informando.
Foto de HakanPhotography.
Siempre he querido un balancín en casa. La idea primigenia era que estuviera hecho de mimbre o bambú. Algo muy artesanal y en apariencia frágil, pero bien resistente. Ahora me conformaría con cualquier cosa que se mueva adelante y atrás.
No tengo demasiado espacio en casa, por lo que el deseo se queda en eso. Deseo. Hasta que tenga un hijo (tranquilos, esto no es ninguna avanzadilla. No pasará esto en unos años), entonces no habrá excusas… El balancín será un impuesto revolucionario que impondré. ¿O habrá alguna forma de introducirlo en casa antes?
Seguiremos informando…
Imagen vía Grosso Modo.
Yo siempre he presumido de que odio los ositos. Nada de peluches, nada de pijamas con ellos dibujados… en fin, fuera de mi vista todo lo que de ese animal infantilizado se tratase.
Hasta ahora. Si hace poco os enseñaba una tabla de cortar y os instaba a regalármela (por cierto, la oferta sigue abierta), hoy toca el turno de clamar al cielo por este set de desayuno en forma de panda.
¿No es lo más? De la seriedad a la sonrisa en un pequeño movimiento de muñeca.
Vía: LikeCool.
Otro rincón secreto. Siempre he querido tener una habitación con el techo a dos aguas, pero quita tanto espacio que sólo me la podría permitir si tuvera una casa gigante con otros pisos en los que hacer vida normal (y no agachada).
Al final, el cottage va a ser un retiro espiritual y de lectura, pero con twists sórdidos de fiestas y rock&roll. Ya les digo yo…
Foto de Husman Hagberg.
Cualquiera diría lo mucho que me gusta estar en casa y no moverme. Al final siempre me lían y acabo haciendo maletas, organizando viajes y pasándolo fenomenal.
Pero siempre hay un momento de iluminación en el que recuerdo lo mucho que me gusta mi casa, mi cama, mi ducha, mi felino…
Una es hogareña. Hogareña por el mundo. Y no se hable más: séllenme otro pasaporte.
PS: Esta noche arrivo de los Milanes…
Foto: Lara Jade.
Definitivamente (si obviamos el amago loftero de la semana pasada) este cottage estará pensado para compartir momentos en compañía y en silencio.
Parece que he preparado cientos de lugares en los que me apetecerá leer. Uno de ellos será el sofá al lado de la ventana, con algunas plantitas (sobre todo ahora que sé que no las mato sistemáticamente)…
No podría encontrar otro espacio mejor para que este domingo leyérais El País Semanal. En serio. Publicaré mi primer artículo con ellos, así que si algun fin de semana pensábais bajar al kiosco y leer el periódico… ¡este tiene la excusa perfecta!
Vía: Blog2Modern.
Tú te lo imaginas todo muy mono, muy femenino (mimbres, telas cálidas, colores pastel en la cocina) y entonces llega JFK y te envía un link en el que se ve perfectamente cómo tendría él el cottage. Bueno, no sé ya si llamarle cottage o nave industrial.
En realidad no se ve nada mal. Pero, claro, no tiene nada que ver con el concepto original. Esto es la casa de Ricardo Bofill (padre), anteriormente una fábrica de cemento. Se nota el arte y el mimo que hay en cada espacio. Bueno, al fin y al cabo, es el mismo espíritu que el cottage, ¿no?