Si me queréis hacer feliz

Llevad alguna de estas tablas de cortar al cottage. A nuestros hijos les encantarán, y no dudarán en tomar un rico gazpacho sólo porque han cortado los tomates en una de ellas (sabéis que la psicología infantil es así, no nos engañemos).

La que vimos arriba era la del hipopótamo, la siguiente es el oso y la de abajo el monito. Un mismo círculo en el que distribuir las orejas para cambiar de animal. Los de Ikea se deberían estar dando golpes en la cabeza, porque hubiera quedado de miedo en su sección infantil.

De venta en Snug | Vía Kireei.

Actualización: Geranios que sobreviven

Sé que muchos estábais preocupados por el estado de mis geranios (¡ya tengo tres!). Valga este post como tranquilizante generalizado.

De todas formas, he de confesar que los salvé in extremis. Cuando nos mudamos a casa de mis tíos se me olvidó que tenía plantas y que debían ser regadas. Así que, cuando volvimos, tres semanas después, estaban a punto de fenecer.

Un poco de amor y jarras y jarras de agua los han devuelto a esto que estáis viendo. Por cierto, el romero creo que no sobrevivió (podéis velar sus restos en la foto con el geranio rosa fluor que todavía no he trasplantado de su maceta por pura pereza).

Anuncio que en breve mi terraza tendrá muchísimos más geranios. Que sepáis que conseguir que sobrevivan las plantas es adictivo.

Tachán: escritorio nuevo

Bueno, nuevo no. Más bien reciclado. Pero con mucho gusto. Ahora que JFK se ha llevado su tremendo ordenador a Utopic-Us (el espacio de coworking donde está trabajando), me ha cedido gustosamente su habitación de trabajo.

He pasado un par de horas recogiendo y limpiando (sí, ya sabéis la cantidad de cosas que puede almacenar en perfecto desorden un hombre) y ahora ya parece un sitio hasta inspirador. Aquí me encontraréis todas las noches trabajando, viendo una serie o simplemente tuiteando como loca. ¡Estoy feliz! Tengo mi propio espacio, se acabó estar de ocupa en el salón.

Respiro baldomeril

Tres semanas después hacemos balance de un total de cuatro gatos nuevos en la vida de mi felino asocial. Y, no hay duda, han sido unos días difíciles, pero bastante productivos.

La primera semana en casa de mis tíos (con tres gatos a su alrededor) fue de pánico total y bufido como medio de vida. La segunda semana hizo de tripas corazón y salió a explorar fuera de su habitación. De vez en cuando se oían maullidos de reyerta felina y, aunque íbamos corriendo, nunca tuvimos que frenar ningún amago de guerra civil. Y, cuando ya volvíamos a casa, mi padre trajo su pequeño gato (Taco, para más señas) para que lo cuidara durante las vacaciones de Semana Santa, ya que yo me quedaba en Madrid.

Taco tiene sólo ocho meses, y un tesón envidiable en sus ganas de socializar con Baldomero. Sobre todo cuando lo único que ha recibido de éste de éste son bufidos y gruñidos. Venía a nuestra habitación a despertarlo de madrugada para echarse unas carreras por el salón, y vaya que si se las pegaban, como si fuera el Paris-Dakar. Ayer volvió a su casa, y creo que esta noche ha sido la primera de tranquilidad de Baldomero en todo este tiempo. Ha dormido en su casita del armario hasta bien entrada la mañana, y se le notaba genuinamente rendido.

Hoy, cuando volví del trabajo estaba un tanto pensativo, quizá reflexionando sobre esa absurda regla que se ha autoimpuesto (él, que se cree un auténtico ser humano): no dejar que ningún gato lo toque. ¡Esos bichos!

Hoy sí

No tengo detalles (bienvenidos al mundo de la sorpresa), pero sí confirmación de que esta tarde volvemos a casa. Parece que la obra ha terminado y están empezando a limpiar.

Menos mal, porque al final hemos hecho acampar en casa de mi tía al gato de mi padre. Y mi madre llega esta misma noche (con lo que nos veíamos como la familia telerín)…

La pobre, viene por unas vacaciones y se va a encontrar el big bang. Lo que se dice turismo de exploración.

Foto: Sma_Kee

Os mantengo informados, me voy a trabajar.

Home… We miss you so much!

Hoy era el día. Estaba marcado en el calendario: volvíamos a casa. Pero todo se ha torcido y parece que la obra se alarga, al menos, un día más.

No nos puede venir peor. Ya hace dos semanas que estamos fuera. Esta noche mi padre nos deja a su gato porque se va de Semana Santa (donde estoy ahora ya hay cuatro, sobrepoblación) y el jueves en la mañana llega mi madre a verme por vacaciones. Así que simplemente espero que hoy (de verdad) acabe todo y mañana podamos limpiar y re-acondicionar nuestro espacio vital.

Déjenme dejarlo claro: que en casa de los tíos (donde ya viví durante tres excelentes años de mi vida) nos tratan como a príncipes. Pero como en la nuestra, en ninguna parte. Nuestros armarios, nuestras estanterías, nuestro felino dando sus carreras mañaneras de una punta a otra… somos gente de rutina.

PS: Cross fingers with me.

Ilustración de Rachel Kantor.

El placer del tiempo libre

En nuestra casa de los sueños habrá pequeños detalles sueltos que recordarán al visitante la cantidad de tiempo libre que tenemos para esas pequeñas fruslerías que hacen el mundo más bonito, como salir a recoger flores silvestres para colocarlas en un jarrón.

Es más, creo que los visitantes a nuestra casa idílica (un cottage en el Reino Unido suena bien) tendrán que dejar sus relojes en la puerta. Detendremos el tiempo en un impás de felicidad. Qué ñoña que estoy, sigo soñando en los viernes de inspiración.

Vía Decor8.

Mi nueva aplicación favorita: Sleep cycle

Hace unas semanas que descubrí Sleep Cycle y me tiene fascinada. Es una aplicación con despertador para el iPhone.

La teoría es que te despierta paulatinamente, con música agradable, en el momento más ligero de tu sueño. Y que te levantas de un modo totalmente natural.

Durante toda la noche hay que dejar el iPhone en el colchón y va midiendo la profundidad de tu sueño, haciendo una gráfica excelente para cotillas como yo. Os prometo que jamás pensé en necesitar ver al día siguiente la gráfica de mi sueño, pero desde que conozco la aplicación es lo primero que hago a diario.

Bueno, no os engaño, estos días que estoy en casa ajena no la he usado. Pero no porque no quiera, sino porque no tengo enchufe cerca de la cabecera de la cama y se me hace imposible…

Otro motivo por el que me apetece volver pronto a casa. Home sweet home.

Foto de Big City Dreams.

Baldomero (sigue siendo) el asocial

Se cumple hoy una semana desde que nos mudamos a casa de mis tíos por obras en casa. Lo que más temíamos era la falta de socialización felina de Baldomero ante su inminente encuentro con otros tres gatitos.

Efectivamente, nuestros miedos se convirtieron en realidad: Baldomero pasa de entablar cualquier tipo de relación con sus congéneres. De hecho siempre tiene un bufido preparado, por lo que pueda pasar. Y los otros, que son más salaos que las pesetas, no dejan de intentar saludarlo. A pesar de que él siempre tiene una mala respuesta en la boca.

Por la casa camina con miedo (pero fingiendo mucha seguridad) y a la mínima, bufa y pone cara de león de la Metro, justo antes de volver corriendo al cuarto de dormir. Un cuadro.

Así que casi siempre pasa el tiempo en nuestra habitación, donde se siente seguro. Ahí tiene su comida y algunos pasatiempos. No da muestras de necesitar explorar mundo (debe ser muy terrorífico allá afuera…), y está llevando el auto-enclaustramiento bastante bien.

Ya lo habíamos hablado: a mi gato no le gustan los gatos. Es un hecho.

Y así va a ser la mesa de “trabajo”…

Ya os enseñé como será el ático de nuestra casa de campo. Y no quiero dejar mi inspira-ensoñación a un lado.

Hoy toca enseñaros cómo podría ser ese rinconcito de estudio-trabajo imprescindible para que yo me mude a cualquier sitio (sobre todo a lugares donde me autoprohiba trabajar). He encontrado una foto que me ha gustado mucho (menos por el desenfoque onírico) y no quería dejar de compartirla. ¡Con tiara incluida!

Parece que sí, los viernes son de inspiración.

Foto de Vintage Indie.