¡Qué calor hace en Madrid!

Sí, amiguitos, ya estoy de vuelta. Ayer vivimos nuestra particular Odisea (como la de Homero) con 70 kg de equipaje en mano por el metro, tren y aeropuerto. Hasta que conseguimos hacer el check-in en Gatwick no pudimos dejar de sudar la gota gorda.
Poco duró el dejar de sudar. Fue llegar a Madrid y darnos cuenta de que aquí nada ha cambiado. ¡Parece que estamos en pleno julio de tanto calor que hace!
Lo que no puedo entender es de dónde han salido esos 40 kg extra de equipaje con que hemos vuelto. Personalmente no creo haberme comprado muchas cosas, aunque reconozco que en libros y revistas no he escatimado ni una libra, y eso siempre pesa. Para que luego digan que el saber no ocupa lugar. Vaya si lo ocupa, pero se lo perdonamos.
Baldomero nos recibió en casa de una manera totalmente apática. Pero nosotros estábamos entusiasmadísimos con su dejadez. ¡Hacía un mes que no veíamos a nuestro gato y nos importaba un comino lo que él hiciese o no, necesitábamos estar con él! Y ya sabéis, esto es como los hijos. Al final uno ve virtudes donde otros sólo pueden ver defectos.
Hoy ha sido día de comenzar activamente la búsqueda de empleo (pronto hablaré más detenidamente sobre el asunto), poner lavadoras, guardar ropa de invierno (sí, estaba vistiéndome con camisetas de manga larga en Londres y, sobre todo, en Edimburgo), pensar en bajar a hacer la compra, ir al banco a cambiar las libras restantes, ir a la tintorería con todo lo vintage que necesita una mano de limpieza, ir al zapatero a que me arregle las botas y le ponga cremallera a un bolso nuevo, etc.
Empieza esta nueva etapa (como los niños en el cole) con mil cosas en mente, con mil proyectos, mirando al frente y comenzando pasito a pasito.
Imagen de Horacio Salinas.










