«Tenemos que hablar»

¿Por qué la gente se asusta ante un «tenemos que hablar»? A mí, en lugar de dar por finalizadas las cosas en una pareja me suena más a un «vamos a llegar a un acuerdo, mediante el diálogo, y tratar de solucionar este escollo en el camino».

No sé, quizá esa es la manera en que yo lo usaría (¿por qué pongo condicional, si lo uso?) en caso de querer comunicar algo. Si lo que quisiera fuera una ruptura utilizaría algo como «tengo que confesarte algo», algo más unívoco y que no de pie a una conversación. En el «tenemos que hablar» hay esperanzas de convencer de algo durante la conversación, ¿no?.

De todos modos, creo que es sano para las parejas usar ese «tenemos que hablar» de cuando en cuando, para que los roles se perfilen y nada de lo que uno haga moleste al otro (y viceversa). La comunicación es la base de cualquier relación, y con el «tenemos que hablar» se puede empezar cualquier conversación.

Sí, sí, ayer «tuvimos que hablar» JFK y yo (parece que cuesta limar cosas en lo de Esparta y otros asuntos menores). Él me respondió. Hablamos como adultos, buscamos una tercera vía que nos conviene a los dos y así conseguimos dormir tan felices. Higiene mental. Me encanta hablar.

Foto de Culiculiz.

Pausa, para arrancar de nuevo

Ya es definitivo. Ayer ni siquiera trabajé (me debían un día de vacaciones) y hoy soy oficialmente una parada más en esta, la gran patria de Cervantes. ¿Lo disfrutaré o me envenenaré pensando que no soy productiva? Es algo que sólo el tiempo dirá, pero no se crean que no me he parado a pensarlo.

Todavía estoy como en una nube (de azúcar o de algodón, quién sabe), así que asumo que hasta el final de la semana que viene no me bajaré de ella y me encontraré con la realidad, y con el Master.

Por de pronto tengo una pereza terrible, que sólo me permite desear leer y ver películas. Como si necesitase millones de horas de tiempo libre sólo para mi. No tengo tiempo, obviamente, tengo millones de cosas pendientes por hacer (pagar el impuesto de vivienda, solicitar la prestación por desempleo, ingresar ahorros en el banco, tareas domésticas por el bien de Esparta, regalitos atrasados, etc.)…

Pero ayer, hoy y mañana me los tomaré totalmente libres (bueno, miento, he estado trabajando un poco para Monkeyzen y Blogcorazón), y ya el lunes me levantaré bien temprano (tengo una cita para que me quiten un papiloma de un dedo, quizá dos si se confirma el segundo papiloma) y a recorrer Madrid con buenas intenciones.

El lunes arranco de nuevo, con fuerzas y con ganas… por de pronto, esta noche me voy a un karaoke a cantar éxitos petardos.

Ilustración de I’m with Sully

El viernes te mimo, Baldomero

Necesito descansar. Quiero un día sepia en mi vida, en el que no pasen demasiadas cosas, pueda estar en casa tirada viendo una peli, acariciando al gato o discutiendo sobre la enésima cosa absurda con JFK…

Quiero que venga pronto un día de vacaciones en el que mi máxima preocupación sea descongelar el pollo para la comida o decidir qué ensalada me pido en el FH… quiero un día tranquilo pronto, que soy adicta y tengo mono.

Este viernes será, tras salir del trabajo, mi día de descanso. Hay que planearlo así porque si no no sucederá. El viernes no existo. El viernes te mimo, Baldomero, tirada en el sofá con un libro y un tecito, disfrutaré de tus ronroneos y cabezazos en busca de amor repentino.

Ilustración de Birds&Trees

La semana tira-mierda

Llega un momento al año en que recoger la casa (a fondo) se hace más que necesario. Una, que es semi-consciente de su exagerado gusto consumista, va viendo como “la bolsa de cada día” hace que tras un tiempo haya montones de cosas sueltas, quizá inservibles por casa.

No sólo es el armario, que cada temporada debe estar renovado y re-doblada toda la ropa (por favor, no tiren ropa que creen que ha pasado de moda, guárdenla en el trastero para temporadas posteriores), las perchas bien puestas y la hilera de bolsos colocada de mayor a menor.

También los armarios de las sábanas, toallas, mantas, material de escritorio, zapatos, bombillas… ¡Todo debe estar ordenado! Y lo mejor es hacero en la semana tira-mierda, porque así se aprovecha para deshacerse de cosas que, en una ocasión normal, dejaríamos al fondo del armario.

¿Qué hacer con esa vieja toalla raída por el tiempo?, ¿qué hacer con las sábanas mordisqueadas por el gato?, ¿Qué hacer con los mantelitos individuales manchados con restos de comida de diferentes colores? ¡Todo a la basura en la semana tira-mierda!

Es una gran semana para las amantes de la reorganización como yo, pero también para las consumistas: con la excusa de tirar millones de cosas podemos aprovechar y tirar de tarjetas para renovar infinidad de artículos “necesarios” en el nuevo orden de la casa.

En el fondo (y en la forma) soy una maruja sin remedio. Que me crucifiquen… pero que sea después de mi semana tira-mierda.

Ilustración de John Eee.