Como nadie me avisó, me tragué Xanadu

Fantasía musical. Según la wikipedia esa es la categoría en la que entra la película Xanadu. Otras la califican de “roller movie”. Aquí van otros datos: hecha en 1980 y protagonizada por una Olivia Newton-John que estaba en la cúspide tras el hype de Grease. Y aún más: La taquilla fue más bien escasa, pero la banda sonora (cantada por la propia australiana) fue un auténtico éxito.

La historia en sí es de esas que te cuentan y te parece ridícula. Pero luego la ves y te das cuenta de que es aún peor. Olivia es Kira, una musa que baja del cielo (en realidad sale de un mural) para inspirar a Sonny, un pintor, a que abra un club nocturno que se llame Xanadu. Se enamoran y ella se tiene que enfrentar a Zeus para conseguir quedarse en la tierra con su amor. Todo ello con muchísimos incisos musicales de lo más psicodélico. Pura creatividad ochentera. Ni siquiera la aparición de Gene Kelly lo salva.

Una hora y media de mi vida tirada al retrete de la mediocridad con luces de neón. Tiren de la cisterna antes de salir.

Uno de ramen

Le di la oportunidad. Vale que el hecho de que la protagonista de The Ramen Girl fuera Brittany Murphy no pronosticaba nada bueno. Pero no quise hacer juicios de valor. La trama tenía que ver con el mundo de la cocina japonesa. No me podía parecer más interesante.

Efectivamente, de un tema que podría haber sido gracioso (una americana curando sus heridas al tiempo que aprende a cocinar ramen), los productores acabaron por presentar un cúmulo de lugares comunes cuyo único calificativo debería ser: insufrible.

Y eso lo digo yo, que me considero fan from hell de las películas de animadoras más naïfs del planeta. Imagínense si le presentan el filme a alguien que no baja el listón de Ingmar Bergman.

Si quieren películas gastronómicas, no llamen a esta puerta. He dicho.

Secundarios de lujo: Rachel Griffiths

La vi por primera vez en La boda de Muriel (a la sazón una de mis películas favoritas: Abba por un tubo), y le perdí la pista hasta que apareció, como de sorpresa, haciendo un pequeño papel en La boda de mi mejor amigo (de boda en boda y tiro por que me toca). Me pareció una persona con físico curioso: tiene un qué-sé-yo y al mismo tiempo no lo tiene. Es raro. Y magnético.

Lo último que he visto de ella ha sido Six Feet Under y Brothers & Sisters. Dos series dramáticas en las que interpreta a dos personajes que no podrían ser más diferentes entre sí. Y los dos tienen alma, tienen carácter, tienen vida. Rachel Griffiths es muy grande. Y de nuestras antípodas.

Foto de Philip Le Masurier.

La boda de mi mejor amiga

El martes estuve en el preestreno de “La boda de mi mejor amiga“, cortesía de Divinity. No pretenderé hablar de la película como una obra maestra (no pasará a los anales de nada), pero mi conciencia (y lo bien que me lo pasé) no me permite trashearla sin piedad.

Es la clásica comedia romántica de verano que salva una noche de cine al aire libre (no fue el caso, el cine era cubierto, pero hubiera estado fenomenal). Es divertida y ágil. Además, su desarrollo y final es bastante previsible, por lo que puedes ir con encefalograma plano, enterarte y disfrutarla.

Ojo al papel de gigoló que se gasta John Hamm. Estoy tan acostumbrada verlo como Don Draper que se me antoja extrañísimo pensar en que pueda tener otro registro. Y lo tiene. Y es divertido.

Lo dicho, si tenéis oportunidad (y ganas, y tiempo libre, y ganas de ver algo ligero que no requiera digestión posterior), dadle un chance este verano. Os reiréis.

Felizmente divorciados

Quizá por esa pasión que sentía por The Nanny me atreví a ver los tres episodios de Happily divorced, el nuevo proyecto de la ruidosa Fran Drescher en televisión.

Es una sitcom de poco más de 20 minutos, grabada con público en directo, en la que habla de su propia historia: cómo su marido de casi 20 años le dijo un día que era gay. Los protagonistas son ella y su ex-marido, que siguen viviendo juntos en la casa, como amigos.

No es profunda. No es dramática. Usa muchos demasiados clichés con respecto al mundo homosexual (y la vida de divorciados alegres que ambos llevan)… Pero me pareció muy divertida y refrescante. Justo el toque naïf que todo verano debe tener.

L.A. Confidential

No soy yo muy fan del cine negro y, sin embargo, si va condimentado con una actuación magistral de Kim Basinger, la atracción puede ser fatal. Fíjense qué nadería.

De hecho ella es lo que más me ha gustado de todo L.A. Confidential. Vale: la trama está muy bien (y tiene subtramas justificadas que confluyen en un bien mayor), los personajes son grandes, las escenas son memorables… pero es ver a Kim y pararse el mundo.

No sé yo en qué momento de su vida le dio por convertirse en agorafóbica. O en hacer vomitivas comedias románticas. Porque el cine magnifica su cualidad artística con ella dentro.

Me voy. Tengo que ponerme a buscar alguna otra película suya que no haya visto…

Push Gizmo

Nunca he sido muy de caprichitos, pero siempre le he tenido un cariño especial a Gizmo, el gremlin bueno (esa película de humor que, dependiendo de la edad en que la veas, te puede dar un pánico terrible). Cuando era pequeña soñaba que, junto a aquella Barbie de rigor, llegase un muñeco de Gizmo.

No fue posible. Creo que ni siquiera hice el pedido en voz alta… Anyway, si a alguien le ha pasado como a mi, hay una nueva oportunidad: la japonesa Medicomtoy ha lanzado una edición especial de Gremlins. Como en la película, están por todas partes: zapatillas, cojines de casa, chupitos, bolsos, camisetas, monederos…

Si la decoración de mi casa lo permitiera (y los comentarios jocosos de JFK no me importaran), traería un par de Gizmos conmigo… Como creo que no es posible, le dedico un post en Zelestina.

Vía: Andamos Armados.

Una historia como otra cualquiera

Este fin de semana JFK y yo nos pusimos la careta de cinéfilos. No se engañen, nos gusta el cine, pero no tenemos ni el tiempo ni el conocimiento suficiente como para ser auténticos cinéfilos, así que simplemente nos compramos unas caretas y pedimos prestadas películas interesantes.

Fue el Chuli el que nos dejó Historias de Philadelphia. Mi premisa no pudo haber sido más simple: una comedia, para disfrutarla. Ni más ni menos. Y eso fue lo que el Chuli sacó de su estante mágico. ¿El resultado? JFK se me durmió a los 20 minutos, mientras que yo me quedé embobada por los estilismos de Katharine Hepburn y casi no le pude hacer fiestas al resto del elenco. Ni siquiera a la trama.

La había visto en Bringing up baby, Suddenly, last summer y en The African Queen. Sus dotes como actriz estaban ya más que demostradas en mi cerebelo, pero su estilo. Ay su estilo… ¡con Historias de Philadelphia se convirtió en estrella! Bueno, leo por ahí que fue Adrian, el gran Adrian. Este hombre ha dejado demasiado vestuario maravilloso para la posteridad, y ha creado a casi todas las divas (con permiso de Edith Head).

Por cierto, hablando de vestuario… ¿sabíais que Cary Grant eligió las ropras de su personaje? Un auténtico dandy, sí señor. No tan caballeroso como podría esperarse, eso sí: exigió estar él como cabeza de cartel (aunque su sueldo fuera ligeramente inferior al de Katherine), en un arranque de divismo.

PS: Soy bien consciente de que no he dicho ni una palabra de la trama. No es porque no me haya gustado. Les animo a que completen ustedes esos datos en los comentarios. Yo estoy demasiado obnubilada con la ropa, los labios y el pelo rojo de Katherine…

Tale of a fairy

The Tale Of A Fairy – FULL VERSION HD – English Version from germaine dulac on Vimeo.

Si tenéis un ratito no dejéis de ver este corto de ficción, dirigido por el Káiser (ergo, con vestuarios chanelescos de lo más impresionante) y en el que participa lo más de lo más en moda: Freja Beha, Kristen McMenamy, Baptiste Giabiconi, Mark Vanderloo y, representando a España, Oriol Elcacho.

Vía: Trendland.

El dulce far niente

Vaya viajecito amigos. Masajes corporales y faciales a tutiplén, gastronomía francesa (¡baja en calorías!) al alcance de la mano, y mucho mucho pampering (cos I deserve it!) en mi viaje de tres días a Cannes.

La versión oficial la podéis ver en el blog de belleza de Harper’s Bazaar, y yo sólo podría añadir que la ciudad ya se está preparando para recibir a la flower y cream de la cinematografía mundial. Se nota en el ambiente que los euros (derivados de la afluencia de público esa semana) están a punto de entrar. ¡Cuanta alegría!

Aproveché para hacer un mini paseo turístico porque, a lo tonto, hicimos mucha vida de hotel y spa. Visité la colina, con un antiguo castillo que alberga un museo y también paseé por las callejuelas. Todo en alrededor de tres horas, mi tiempo libre.

Obvio, como ya os dije, también paseé por la Croissette, pero no me fascinó. Está llena de playas privadas y demasiado cerca del puerto. No me da ganas de bañarme en el área, de disfrutármela, pero ha sido una gran experiencia…

PS: La foto que ilustra este post (propiedad del Hotel Majestic) está tomada desde el Penthouse del mismo, y la pequeña piscina de la suite con vistas a la playa de Cannes. Yo NO me quedé en esa habitación, aunque me hubiera encantado.