Hay un país en el mundo

Lo peor de estar sólo nueve días en Santo Domingo es no haber tenido tiempo de visitar un motel (tengo una curiosidad extrema por saber de qué van esos locales de placer rápido con ambientes internacionales), no haber comido sushi de platanito en Yokomo Sushi, no haber desayunado en Marocha (omaigá!) ni haber visitado el Alcázar de Colón.
Lo mejor de estar nueve días en Santo Domingo es haber podido asistir a la boda de Erwin, hacer un road-trip familiar a Terrenas, ver cómo los amigos se aparecen e insisten en contactarnos aunque nosotros fueramos un desastre al teléfono móvil, desayunar mangú a diario (man, this is good!) y coquetear con la idea de querer mudarme al lluvioso trópico.
Y sin duda, el hecho de que volveré a vivir situaciones similares es lo que se lleva la palma. ¡Tengo una familia, y un país que me maravilla (y me asusta a partes iguales) a 14.000 km de mi casa! Muchas gracias a todos los que han hecho que esos 9 días hayan sido FANTASTICULARES.
Dominicana es único. Ya lo anticipaba Pedro Mir… Hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. No dejen de leer el poema entero.






