Hay un país en el mundo

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Lo peor de estar sólo nueve días en Santo Domingo es no haber tenido tiempo de visitar un motel (tengo una curiosidad extrema por saber de qué van esos locales de placer rápido con ambientes internacionales), no haber comido sushi de platanito en Yokomo Sushi, no haber desayunado en Marocha (omaigá!) ni haber visitado el Alcázar de Colón.

Lo mejor de estar nueve días en Santo Domingo es haber podido asistir a la boda de Erwin, hacer un road-trip familiar a Terrenas, ver cómo los amigos se aparecen e insisten en contactarnos aunque nosotros fueramos un desastre al teléfono móvil, desayunar mangú a diario (man, this is good!) y coquetear con la idea de querer mudarme al lluvioso trópico.

Y sin duda, el hecho de que volveré a vivir situaciones similares es lo que se lleva la palma. ¡Tengo una familia, y un país que me maravilla (y me asusta a partes iguales) a 14.000 km de mi casa! Muchas gracias a todos los que han hecho que esos 9 días hayan sido FANTASTICULARES.

Dominicana es único. Ya lo anticipaba Pedro Mir… Hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. No dejen de leer el poema entero.

Puesto el árbol ya es navidad

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Yo os hago caso, y siempre me decís que el árbol de navidad se ha de poner alrededor del puente de la Inmaculada (aunque se me olvida de año en año), así que hoy ha sido el día indicado para montarlo en casa.

Sigue siendo aquel árbol rosa Schiaparelli, kitsch a más no poder. También sigue incluyendo bolas y reyes de chocolate en su decoración, todo un clásico en mi vida y que, además, dan un buen olor a chocolate en la habitación que ni os imagináis.

La verdad es que, a día de hoy, a mi me encanta la navidad, pero (como todo el mundo) he tenido rachas de no soportarla. Incluso en esas rachas he mantenido la tradición de comprar mis tres reyes magos de chocolate. Indoloras reminiscencias de la infancia que, probablemente, me hacen sentir más segura en este entorno hostil que es la vida adulta.

Tendremos toda la parafernalia decorativa (lucecitas incluidas, pero sin música) hasta el 6 de enero y luego, mientras todos comienzan la dieta post navideña, JFK y yo nos pondremos ciegos a bolitas de navidad, porque no vamos a tener en casa ningún otro dulce típico de la época.

PS: ¿No os parece que los Reyes Magos de chocolate cada año los hacen más feos? No sé, quizá soy la única que le presta atención a su deterioro físico :P

Imagen de nuestra decoración navideña antes de colocarse en el árbol.

Flores de Pascua y otras plantas

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Nunca he sido una persona de plantas. He intentado tenerlas muchas veces y todas se me han muerto (incluyendo a una maravillosa planta carnívora a la que alguna vez le di gustosa moscas).

Este verano mi padre me regaló dos cactus pequeñitos y un aloe vera y, curiosamente, se han mantenido vivos hasta ahora (cruzando los dedos estoy). Este hecho, insólito en mi curriculum, me ha animado un poco y la semana pasada me lancé, cual ducha jardinera, a comprar mi primera flor de pascua.

Hoy mismo he ido corriendo a una floristería porque, de la manera más casual, descubrí que mensualmente había que ponerles unas bolitas de abono con nitratos para que se mantuviesen sanas y felices.

El floristero me ha dado todo tipo de consejos bizarros con respecto al cuidado, incluyendo el clásico “ahora que ya tienes XXX años estarás más en casa y las cuidarás mejor“. En fin, al final recurrí a la red de redes en busca de información más práctica.

Sólo espero que sobrevivan y que florezcan, a ver si me quito el mal fario. Y luego, quién sabe, a lo mejor sigo tratando de mejorar mis otros fallos vitales: hacer un buen gazpacho, cocinar pescado o incluso conseguir que las sábanas se queden perfectamente lisas al doblarlas (mi madre es una artista de esto, pero yo no he heredado las dotes). Os seguiré contando los avances.

Ilustración de Pttrdy

Llega la familia

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Durante los 15 primeros días de este mes mi casa será un ir y venir de gente, una lavadora constante de cambio de sábanas, un bonito runrún al despertarse, etc.

¡Llega la familia! Todo se revoluciona en esos momentos: ordenar las habitaciones, comprar comida para más gente, preparar un café para varios, pensar en turnos para el baño…

Y en estos diez días que siguen la familia viene por partida doble. Hoy llegó la prima de JFK y su esposo y el miércoles llega, además, mi madre. ¿Les he dicho que me encantan los bullicios? Quizá porque soy hija única y nunca he tenido la oportunidad de vivirlos de primera mano.

Así que, libro de notas en mano, me dispongo a vivir una nueva experiencia familiar durante estos días…

Ilustración de Yuke

Pequeño viaje a Galicia

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Desde el jueves hasta ayer no pude actualizar porque estuven en casa de Galicia, y ya sabéis que allí no hay una conexión a Internet digna de ser mencionada, por lo que pasé mi tiempo entrando, saliendo y haciendo millones de cosas offline.

Por ejemplo, tuve tiempo para ir de cañas, de vinos y de copas, así como hacer una breve excursión a la playa (el único día que hubo tres rayitos de sol), comer churrasco y otras delicias made in la abuela y, finalmente, charlar, charlar y charlar con mis amigos y familiares. ¡Eso es vida!

Ahora, no dejé de pensar ni por un momento en la curiosa idiosincrasia del gallego, a veces tan estupenda y a veces tan exasperante que uno tiene que retraerse y reflexionar por sí mismo para no caer en el embudo del pensamiento colectivo único.

Pero el amor es lo que tiene, que uno se olvida de esos pequeños detalles que exasperan por lo poco racionales que son… y disfruta, disfruta, disfruta del poco tiempo que hay.

Retrato de Meluseena.

Buena-Noche-Buena

Ayer mismo llegué de Galicia de pasar un par de estupendos días con mis seres más queridos. Ese es para mí el gran valor de estas fechas: poder reunir a la mesa a las personas con las que te gusta compartir tu tiempo…

Madrid sigue siendo la ciudad de mis amores y no creo que pudiese volver a vivir la vida rural, pero qué bonito es volver asiduamente y dar un achuchón a mi familia. Tengo las pilas del amor cargadas a tope. Ésa es mi navidad.

Ilustración de Yara

L’amour…

Y nosotros, que ni siquiera celebramos el día de los enamorados, no podemos evitar felicitar el amor en días como hoy.

¿Demasiado romántica? Ya saben que, a veces, peco de eso.

Ilustración de Fifi Lapin.

Al cumple de la abuela…

Mi abuela está de cumple (setenta y muchos…), así que hoy nos juntaremos en casa de mi tía toda la familia del lado de mi padre a celebrar todos esos años y muchos más.

A pesar de que a la mayor parte de gente que conozco no le gustan estas reuniones familiares masivas (seremos 17 personas, ni mucho ni muy poco), yo me lo paso increíblemente bien. Hay muchos miembros de mi familia a los que no vería de no ser por estos eventos esporádicos, así que cumplen su función: socialización familiar.

Además, siempre es un placer volver a juntarse con tus seres queridos, ¿no?

El viernes te mimo, Baldomero

Necesito descansar. Quiero un día sepia en mi vida, en el que no pasen demasiadas cosas, pueda estar en casa tirada viendo una peli, acariciando al gato o discutiendo sobre la enésima cosa absurda con JFK…

Quiero que venga pronto un día de vacaciones en el que mi máxima preocupación sea descongelar el pollo para la comida o decidir qué ensalada me pido en el FH… quiero un día tranquilo pronto, que soy adicta y tengo mono.

Este viernes será, tras salir del trabajo, mi día de descanso. Hay que planearlo así porque si no no sucederá. El viernes no existo. El viernes te mimo, Baldomero, tirada en el sofá con un libro y un tecito, disfrutaré de tus ronroneos y cabezazos en busca de amor repentino.

Ilustración de Birds&Trees

Algo tan tonto como el amor

Hay días en los que te levantas y hasta la peor cosa que te pueda ocurrir es maravillosa, porque estas enamorada y la vida te sonríe. Cuando hay alguien te que quiere (y que se dejaría cortar la mano izquierda por tí), las agujas de tu reloj se vuelven locas y empiezan a bailar el charlestón. ¡La vida es una fiesta de brillantina, confetti y borrachera de besos!

Hoy estoy así, como con hormiguitas por el cuerpo que recorren un camino que se saben de memoria (hace más de tres años que recorren el mismo camino los días pares), y me gusta la cosquillita que me hacen, me gusta estar en mi nube extrañamente romántica.

Ilustración de Lilie Melo.

Nunca fui tan feliz.