El gatito-conejo

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Qué maravilla abrir el correo en la mañana y ver que JFK me envía este gatito-conejo. La verdad es que ya me tiene pillado el punto y no me podría haber hecho más feliz. Lo he revisado dos o tres veces durante el día. ¿No es adorablemente adoptable?

¡Pues venga, todos a adoptar un gatito estas navidades! (ay si JFK quisiera yo ya tendría más gatitos…)

Vía: Ffffound

Las buenas nuevas, laborales

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Os dije que a final de esta semana os haría saber una noticia impactante y ahí va (no me ando por las ramas): los editores que lanzarán Harper’s Bazaar en España han decidido contar conmigo como redactora de la revista.

¿No os parece increíble? Es que no sólo entro en el sector de la moda, sino que entro en una revista en gestación, y podré formar parte de todo el proceso hasta el primaveril parto del Harper’s Bazaar español.

¡Quién me lo iba a decir! Tan sólo he tardado tres meses en encontrar un trabajo que realmente me apasiona, está relacionado con mi campo de especialización y, en definitiva, no se sentirá como trabajo, sino como puro placer fashionista. ¿He nacido o no con buena fortuna?

La parte negativa de este asunto es que he tenido que abandonar mi puesto en AgoraNews, en el que durante el mes pasado he realizado diversas funciones: community manager, coordinadora de equipo, guionista, videobloguera y hasta chica de tutorial… la verdad es que es un lugar en el que se aprende muchísimo, y donde he tenido días estupendos con el equipo humano que es, sencillamente, de calidad suprema como el turrón de Jijona.

Mi despedida tuvo lugar ayer, coincidiendo con el cierre de FICOD, donde estuve los tres días coordinando el buen funcionamiento de las videonoticias de FICOD TV. La verdad es que no podría haber mejor broche de cierre para mi que un evento como FICOD, en el que hay que estar constantemente alerta de todo lo que pueda suceder y una se prueba a sí misma como profesional.

El lunes comienzo en Harper’s… os iré contando :)

Imagen de Hakan Photography.

Sol de noviembre

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Siento el momento ególatra lavapiesero, pero la verdad es que me encanta compartir con vosotros el placer que me produce el sol de noviembre. Es frío pero luminoso.

Es época de estrenar abrigo (ejem).

Es época de preparar la llegada de la navidad, de pre-organizar reuniones con los amigos (por el cumple, por las fiestas), de comenzar a oler castañas asadas en la calle…

Y, a vosotros, ¿en qué os hace pensar el sol de noviembre?

La foto es mía, lamento el quemadito.

Las Minnies del mundo

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El otro día mientras esperaba en la consulta del médico (leve faringitis) me encontré con Minnie. Sí, con Minnie la de Disney. Al principio no la reconocí. Iba vestida con un chándal viejo con pelotillas y no tenía sus características orejas de ratita.

Fue al comenzar a hablar cuando ella me confesó que era Minnie, que hacía unos meses que había llegado a España por reagrupación familiar (desde Ecuador) y que no podía trabajar con contrato laboral durante un tiempo estipulado.

Lo había intentado ya todo para sobrevivir: asistenta, cuidado de ancianos, cuidado de niños, etc. y nadie le había dado una solución factible, por lo que esta Minnie licenciada en Márketing había acabado haciendo animaciones en pleno agosto en el parque del Retiro para poder dar de comer a su niño de cuatro años.

Me contaba, además, que lo que más le gustaba de su trabajo era abrazar a los niños, ya que había perdido uno propio cuando éste era bebé. Lo contaba casi con lágrimas en los ojos, pero con la esperanza de una madre que sigue luchando por lo que todavía tiene. No había rencor en sus palabras; era, curiosamente, esperanza en el futuro.

Entonces me paré a reflexionar sobre lo complejo de cada situación, sobre el asunto de la emigración/inmigración, sobre lo poco visibles que son estos casos a ojos de los españoles (y lo poco visibles que, seguramente, fueron los casos de españoles exiliados en la posguerra) y sobre los intereses políticos que influyen en el status quo.

Mis conclusiones me las guardo, pero me apetecía compartir este caso, por si queríais añadir algo.

Ilustración de Flo-RAVE.

Curas de humildad

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Seguro que ya lo sabéis, pero nunca viene mal refrescar la memoria: A la gente hay que darle, de cuando en cuando, una cura de humildad. Es necesario para seguir siendo un ser humano.

Estoy segura de que muchos de los hazmerreires de la blogocosa lo son porque nadie les dio una buena curita a tiempo. Un “no te subas a la parra” o un “¿de verdad te crees que eres el rey del mambo?” a tiempo pueden salvar muchas vidas y, sobre todo, prestigios. Conozco a muchas muñecas rotas (y muñecos rotos) que se creen blogstars y twitstars por un determinado golpe de suerte, por una ola a favor que los obnubiló para los restos (efectivamente, acabaron por convertirse en carnaza para pescar).

En mi caso también necesito muchas dosis de humildad, y las voy recibiendo casi sin darme cuenta, de gente que jamás esperaría recibirlas… aunque en un principio uno dice tierra trágame, estoy totalmente convencida de que algo en el cerebro cambia y rectifica (en positivo, quiero presuponer). Ensayo, error; ensayo, error… y así caminamos hacia Oz. Felices, curiosamente, de ir recibiendo curitas de humildad.

Y vosotros, ¿me queréis curar un poquito más?

Ilustración de La Robotique.

De manías, errores y control absoluto

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Soy muy maniática. Lo reconozco. Felizmente (para los demás) mis manías se suelen quedar todas dentro de mi cabeza y no molesto a los demás con mi orden interior.

Os voy a poner ejemplos de mis manías irracionales: ordenar los platos después de sacarlos del lavavajillas de mayor a menor (derecha a izquierda) y de color oscuro a color claro, colocar en el lavavajillas las cosas desde derecha a la izquierda (en el lado derecho) y desde el centro hacia la izquierda (en el lado izquierdo), repetir mentalmente las cosas que siempre tengo que sacar de casa antes de salir por la puerta (es un mantra: llaves-abono-vaselina-tabaco-monedero), revisar todas las ventanas de la casa antes de salir (a pesar de que las haya cerrado minutos atrás), revisar por segunda vez que llevo las llaves antes de cerrar la puerta, etc.

Son manías que, en mi mente, me hacen más cómoda la existencia, pero también me demuestran que soy un poquito control freak. Yo no me vería capaz, por ejemplo, de hacer un viaje improvisado sin reservar un hotel y saber perfectamente qué medios de transporte hay del aeropuerto al centro de la ciudad. Simplemente es superior a mis fuerzas. Me estresa la improvisación en según qué cosas (vamos, en prácticamente todo).

Tampoco podría estar a gusto conmigo misma si supiera que ha pasado una semana sin cambiar las sábanas de la cama o que es mediodía y no tengo la cama hecha (esto es relativamente reciente y es lo que más me preocupa: me estoy convirtiendo en mi madre). Superior a mis fuerzas.

En los últimos tiempos y debido a que pasado más días en casa, he desarrollado, además, la capacidad de limpiar compulsivamente cualquier cosa susceptible de estar limpia. También tengo, de repente, un cariño especial con mi aspiradora, aunque le pongo los cuernos en mi subconsciente con otra de vapor que seguro recoge mejor el polvo de la casa.

Y, no se vayan, que tengo otra peculiaridad digna de ser tratada: de cuando en cuando pronostico el éxito o fracaso de las cosas en base a eventualidades que no tienen nada que ver. Del tipo: “Si pasa un coche rojo antes de un minuto es que tal cosa va a ir bien (o mal)”.

Así que si algún día me ven aturdida y en mi mundo… ¡por favor, espabílenme! No quiero acabar mis días pronosticando el buen funcionamiento de eventos gracias a futilidades, pensando que es hora de cambiar las sábanas o dudando sobre si habré cerrado correctamente la ventana antes de salir de casa.

Imagen de Ausra Osipaviciute; vía Nonochic.

Maravillas londinenses

Hoy os voy a enseñar algunas de las cositas que me compré en Londres. Tras revisar todo lo que ha salido de la maleta, me he dado cuenta de que no me he gastado mucho. De hecho, la cosa más cara de todas las que hay en la foto es, quizá, uno de los bolsos, que me costó unas 10 libras.

Empezamos el recorrido, precisamente, con cuatro bolsitos que me compré, aprovechando las rebajas. Los dos de la izquierda son vintage, los dos de la derecha de rebajísimas.

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Siguiendo con los accesorios, en el Primark me hice con unos cuantos cinturones estilo vintage y algunas perlas de plástico. Apuesto fuertemente por las perlas esta temporada, y os lo pienso demostrar algún día.

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También creo que las medias estarán muy a la última, por lo que también aproveché los increíbles precios del Primark (las más caras cuestan 1.5 libras) para hacerme con unas cuantas medias “de trote”.

medias

Además, una no es nadie si no se pinta adecuadamente las uñas. En casa tengo un buen surtido, pero no tenía estos tres colores, que pueden ir bien con según qué estilismos (y sobre todo con las perlas, para relajar su seriedad).

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Oler bien es también un must (todas las temporadas, queridas), por lo que me metí al Superdrug a otear ofertas. Creo que me he ahorrado un pastón en cremas (aquí Olay está medio carete) y perfumística.

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En cuestión de cocina me compré una sandwichera (para cuando tenga trabajo y tenga que llevar el sandwich, jeje), tres botecitos de cupcakes que no sé para qué voy a utilizar (pero eran demasiado bonitos como para dejarlos) y una taza vintage de Barbie.

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De cara al invierno he comprado unos estupendos cortapastas, para hacer pastitas con Yoshi, que las últimas (y únicas) que hicimos tenían todas forma redonda porque no teníamos cortapastas interesantes. ¡A Baldomero le encantan!

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Las pastas, desde luego, nos las tomaremos con algunos de los tés que traje. ¿Quién va a Londres y no trae tés?

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Y si me tomo el té sola que sea hojeando alguna de las revistas más trendies del momento. Incluido el número dos de Love Magazine.

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O alguno de los 27 cm de libros que vinieron en el equipaje (hay otros 10 kg llegando por correo), entre los que se encuentran interesantes y rarísimas obras de Christian Dior (sí, señores, el hombre escribía) o Edith Head (una estilista de los años 30).

libros

Y, por último, también me traje un recuerdo de Alicia. Unos imanes de nevera que me recordarán a partir de ahora lo bien que me lo pasé en Oxford.

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Como diría Ansón… es todo lo que está, pero no está todo lo que es… Valga esto como una muestra de todas las maravillas baratísimas que se pueden encontrar en Londres. Y que luego digan que es caro…

PS: Para que vean, que no sólo estuve en museos.

¡Qué calor hace en Madrid!

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Sí, amiguitos, ya estoy de vuelta. Ayer vivimos nuestra particular Odisea (como la de Homero) con 70 kg de equipaje en mano por el metro, tren y aeropuerto. Hasta que conseguimos hacer el check-in en Gatwick no pudimos dejar de sudar la gota gorda.

Poco duró el dejar de sudar. Fue llegar a Madrid y darnos cuenta de que aquí nada ha cambiado. ¡Parece que estamos en pleno julio de tanto calor que hace!

Lo que no puedo entender es de dónde han salido esos 40 kg extra de equipaje con que hemos vuelto. Personalmente no creo haberme comprado muchas cosas, aunque reconozco que en libros y revistas no he escatimado ni una libra, y eso siempre pesa. Para que luego digan que el saber no ocupa lugar. Vaya si lo ocupa, pero se lo perdonamos.

Baldomero nos recibió en casa de una manera totalmente apática. Pero nosotros estábamos entusiasmadísimos con su dejadez. ¡Hacía un mes que no veíamos a nuestro gato y nos importaba un comino lo que él hiciese o no, necesitábamos estar con él! Y ya sabéis, esto es como los hijos. Al final uno ve virtudes donde otros sólo pueden ver defectos.

Hoy ha sido día de comenzar activamente la búsqueda de empleo (pronto hablaré más detenidamente sobre el asunto), poner lavadoras, guardar ropa de invierno (sí, estaba vistiéndome con camisetas de manga larga en Londres y, sobre todo, en Edimburgo), pensar en bajar a hacer la compra, ir al banco a cambiar las libras restantes, ir a la tintorería con todo lo vintage que necesita una mano de limpieza, ir al zapatero a que me arregle las botas y le ponga cremallera a un bolso nuevo, etc.

Empieza esta nueva etapa (como los niños en el cole) con mil cosas en mente, con mil proyectos, mirando al frente y comenzando pasito a pasito.

Imagen de Horacio Salinas.

Y… otra vez me corté el pelo

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Con vocación de ultimar detalles (antes de la salida hacia Londres), decidí hace tiempo que la última semana de julio era el momento ideal de volver a cortarse el pelo, ¡que llevaba desde marzo sin cortarlo!

Me voy con un corte de pelo muy parecido al de la última vez, aunque quizá algo más largo, pensando ya en esa crecidita que tiene que dar de cara al frío invierno.

En esta ocasión también me lo teñí de mi color natural, dando así una patada voladora a las canas y al cutre-salchichero tinte casero que me había puesto en casa, que ya tenía raíces.

Una vez más doña Olga Pedreira (madre de una servidora) ha sido la patrocinadora del cambio de look. Hay cosas que no cambian… :) ¡Gracias, mami!

Cosas que quiero hacer este fin de semana

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* Bañarme en la piscina y tomar el sol. Tranquila.

* Leer, leer leer. Sobre varias temáticas.

* Comer una ensalada caprese. Tengo el antojo.

* Escuchar de nuevo Ruas, de Mísia.

* Redefinir alguno de mis sueños. Cuando vas cumpliendo metas hay que poner otras nuevas.

* Recoger los cajones de la bisutería. ¡Está desmadradísima!

* Dar un baño a Baldomero. Desde que le cepillaron los dientes y le pusieron sus vacunas no ha invertido tiempo ni esfuerzo en su higiene personal.

* Disfrutar. Vivir.

Fotografía de GirlTripped