De las cosas que te roba un triste mosquito

Pues resulta que la semana pasada tenía yo previsto asistir a la presentación de los nuevos productos de TRESemmé (nueva línea de lacas y una línea renovada de champús y acondiconadores) en una pequeña fiesta, pero pasó lo de todos los años: el mosquito.

No siempre coincide en fechas, pero su objetivo es claro: dejarme la cara como culo de mandril. Basta una picadura bien ubicada (en el párpado móvil, la mayoría de los años) o tres distribuidas estratégicamente (ceja, nariz y frente) para convertirme en la musa perfecta de Pablo Picasso.

A JFK le dio por decir que parecía sacada de Pandora (a no ser por el color azul). Menos mal que este hombre ya no se espanta ante mis deformaciones alergísticas.

Total, que ahora me quedé con las ganas de ver a compañeras de profesión y amigas en la presentación (no worries: coincidimos prácticamente todas las semanas en algún evento), pero sobre todo conocer más de cerca las lacas. Para mi la de cuidado clásico, para JFK la de rizos perfectos. ¿No es maravillosa mi profesión?

Acolchados estampados

Regla número uno para derecho a pernocta en el cottage: todo mueble antiguo ha de estar correctamente acolchado con un cojín de estampados frescos y aparentemente desiguales (pero que logren harmonía).

A tu llegada se te asignará una zona de la casa (nosotros facilitaremos los cojines. Y debes tenerla en perfectas condiciones so pena de exclusión a la cabaña de juegos (de la que hablaremos más adelante). ¿Reto aceptado?

Vía: Re-Nest.

Ring my Bella

Hace casi un año me dejé embaucar por las vecinitas de Crescent Row y confesé públicamente que una de mis fragancias favoritas era Eva.

No sé qué tiene Benefit que me fascina. Bueno, lo peor es que sí sé qué tiene: una capacidad de empatía terrible. Comunican desde la diversión y eso, al final, nos encanta. Por eso este año vuelvo a las andadas, y grito a los cuatro vientos que me he enamorado de Bella, la nueva habitante del bloque.

Bella lo tiene todo: es femenina y perspicaz, pero al tiempo es una mujer hecha a sí misma que regenta (y disfruta) su propio negocio, una tienda de lencería. Bella, ya lo verán, va a hacer subir la temperatura al bloque de Crescent Row con su picaresca sexy.

Me pregunto qué tal se llevará con sus nuevas vecinas… ¿habrá pelea de gatas en el barrio o, por el contrario, convertirá su establecimiento en un punto de encuentro?

Fantasías aparte, la nueva fragancia de Benefit (como siempre, en una pequeña coctelera dorada que la convierte en un bien preciado, casi de coleccionista), tiene notas de lirio, jazmín, peonía (para mí la predominante) y vainilla, entre otras.

Pero como hablar de perfumes es un auténtico mundo, y sobre papel es muy difícil (me atrevería a decir que imposible) plasmar un olor, lo único que puedo hacer es invitaros a buscarla en Sephora o ECI y agitar la coctelera. A ver si descifráis un aroma fresco y sensual a la vez, como a mi se me antoja…

Foto: SiobhianCarroll

La teoría del tapón de champagne

Aunque suelo ser de natural extrovertida, hay momentos en que me callo y tiendo a acumular mis sentimientos. Y ahí se quedan escondidos, en el fondo, esperando a que alguien pregunte por ellos.

Es como una botella de champagne (o de cava, que para el caso que nos concierne, con que sea espumoso sirve), que tiene un tapón a presión y cuando por fin se abre (tras un gran esfuerzo), las burbujas tienen prisa por respirar en un festival visual digno de cámara lenta.

El problema es que ese tapón tiene aún más prisa por escapar y siempre le da a alguien en el ojo. Es lo que en Estados Unidos se llama fuego amigo y todo el mundo se queda tan pichi. No hay otra forma de conseguir el líquido elemento para poder brindar en el futuro, ¿verdad?

Pues eso, vamos a descorchar. Y sálvese quien pueda (manos a la cabeza).

Jane Mansfield de Carbonated.

Push Gizmo

Nunca he sido muy de caprichitos, pero siempre le he tenido un cariño especial a Gizmo, el gremlin bueno (esa película de humor que, dependiendo de la edad en que la veas, te puede dar un pánico terrible). Cuando era pequeña soñaba que, junto a aquella Barbie de rigor, llegase un muñeco de Gizmo.

No fue posible. Creo que ni siquiera hice el pedido en voz alta… Anyway, si a alguien le ha pasado como a mi, hay una nueva oportunidad: la japonesa Medicomtoy ha lanzado una edición especial de Gremlins. Como en la película, están por todas partes: zapatillas, cojines de casa, chupitos, bolsos, camisetas, monederos…

Si la decoración de mi casa lo permitiera (y los comentarios jocosos de JFK no me importaran), traería un par de Gizmos conmigo… Como creo que no es posible, le dedico un post en Zelestina.

Vía: Andamos Armados.

Una historia como otra cualquiera

Este fin de semana JFK y yo nos pusimos la careta de cinéfilos. No se engañen, nos gusta el cine, pero no tenemos ni el tiempo ni el conocimiento suficiente como para ser auténticos cinéfilos, así que simplemente nos compramos unas caretas y pedimos prestadas películas interesantes.

Fue el Chuli el que nos dejó Historias de Philadelphia. Mi premisa no pudo haber sido más simple: una comedia, para disfrutarla. Ni más ni menos. Y eso fue lo que el Chuli sacó de su estante mágico. ¿El resultado? JFK se me durmió a los 20 minutos, mientras que yo me quedé embobada por los estilismos de Katharine Hepburn y casi no le pude hacer fiestas al resto del elenco. Ni siquiera a la trama.

La había visto en Bringing up baby, Suddenly, last summer y en The African Queen. Sus dotes como actriz estaban ya más que demostradas en mi cerebelo, pero su estilo. Ay su estilo… ¡con Historias de Philadelphia se convirtió en estrella! Bueno, leo por ahí que fue Adrian, el gran Adrian. Este hombre ha dejado demasiado vestuario maravilloso para la posteridad, y ha creado a casi todas las divas (con permiso de Edith Head).

Por cierto, hablando de vestuario… ¿sabíais que Cary Grant eligió las ropras de su personaje? Un auténtico dandy, sí señor. No tan caballeroso como podría esperarse, eso sí: exigió estar él como cabeza de cartel (aunque su sueldo fuera ligeramente inferior al de Katherine), en un arranque de divismo.

PS: Soy bien consciente de que no he dicho ni una palabra de la trama. No es porque no me haya gustado. Les animo a que completen ustedes esos datos en los comentarios. Yo estoy demasiado obnubilada con la ropa, los labios y el pelo rojo de Katherine…

Actualización: Geranios que sobreviven

Sé que muchos estábais preocupados por el estado de mis geranios (¡ya tengo tres!). Valga este post como tranquilizante generalizado.

De todas formas, he de confesar que los salvé in extremis. Cuando nos mudamos a casa de mis tíos se me olvidó que tenía plantas y que debían ser regadas. Así que, cuando volvimos, tres semanas después, estaban a punto de fenecer.

Un poco de amor y jarras y jarras de agua los han devuelto a esto que estáis viendo. Por cierto, el romero creo que no sobrevivió (podéis velar sus restos en la foto con el geranio rosa fluor que todavía no he trasplantado de su maceta por pura pereza).

Anuncio que en breve mi terraza tendrá muchísimos más geranios. Que sepáis que conseguir que sobrevivan las plantas es adictivo.

Cuando era pequeña (IX)

Mis padres se pasaban las jornadas electorales en las mesas. Como Rúa es una aldea pequeña, con un alto porcentaje de gente mayor, pues siempre les tocaba a los mismos cuatro gatos estar ahí (eso o me han engañado y alguien les ha estado haciendo la puñeta todo el rato). No solían coincidir, un año él y otro año ella.

Recuerdo que en el 93 (o quizá el 96, no lo tengo claro) no les tocó a ninguno de los dos. Así que me llevaron con ellos a votar y salimos en coche los tres juntos a ver algunos amigos suyos. Entonces les pregunté que a quién le habían votado y me dijeron que el voto era secreto. Como buena gallega mi madre tiró de vuelta: “¿Y tú a quien le hubieras votado?”.

“Yo a Aznar”… Sorprendida, va y me pregunta: “Pero, ¿por qué?”. “Porque es muy guapo, mamá”. Definitivamente, ya sabemos por qué hay que esperar a los dieciocho para ejercer este derecho. Venga, pueden ustedes reirse de mi.

PS: Prometo que, desde que he tenido la oportunidad de votar (y lo hago en cada comicio), he ejercido un voto responsable. Por muy feos que me pareciesen los candidatos. Eso sí: nunca ha llegado al poder alguien a quien yo haya votado. Debo ser gafe en mi empeño de besar sapitos.

Foto: Axis Grid.

Un pelo de tonta

Yo soy de la teoría de que en esta vida hay que tener un pelo de tonta. De hecho no me fío de la gente que no lo tiene, carecen de ese pequeño hilo transparente que conduce hacia la humanidad, la sensibilidad, el confiar (casi a ciegas) en la bondad humana.

Tener algunos momentos naïf en la vida es, para mí, la única forma de sobrevivir a este mundo de fieras (que tiran la piedra y esconden la mano) en el que estamos.

Háganme caso. Y si se han quedado calvos de tan listos que son… ¡cómprense una peluca! Puede que al final hagan buen uso de ella.

Foto de Electroncloud.

En qué piensan los gatos

Muchas veces me encuentro a mí misma hablándole a Baldomero como si él entendiera todo lo que le digo, y pienso en si algún día me pudiese contestar (o si alguien me viera). ¿Qué demonios me diría? Lo primero que haría, seguro, es mandarme al carajo. Va en su ADN macarrónico. Pero ¿por qué motivos?

No se crean que sólo me pasa con MI gato. Me pasa con todos. ¿Qué coño andarán pensando?

Foto de Cuba Gallery.