
Aunque lo podáis creer casi imposible, lo cierto es que no había visto ninguna de las tres partes de Toy Story. Con la efusividad que amigos y compis de trabajo recibieron la tercera este verano, me convencí de que algo fallaba en mi organismo.
Pero no fue hasta navidad que decidí que las quería en DVD de verdad. Vamos, nada de pirateos ni de cosas chustas. Quería redimir tanto tiempo sin sentirme atraída por ellas “pagándolo caro”. Así que puse manos a la obra. Vamos, escribí un Facebook mail al cuñissss diciendo que si Santa Claus me traería esto. Et voilà. Y en Blu-Ray ni más ni menos. Se portó el Santa.
El pasado fin de semana me di el atracón completo. ¡Y me han encantado! A cada cual mejor. Ahora entiendo todo el barullo causado en trabajo y terrazas por la tercera parte.
Y, además, me ha hecho recordar mis muñecos de pequeña, por lo que os voy a soltar una breve parrafada sobre el asunto: con lo que más jugaba era con millones de Barbies (y un solo Ken, como en toda casa que se precie) a las que mi bisabuela me ayudaba a confeccionar ropa bajo la atenta mirada de mi madre que siempre suspiraba por las esquinas un “Hay que ver, estas muñecas son demasiado pequeñas, ¿no quieres un Nenuco?”. Yo pensaba para mis adentros: ¿Para qué?, ¿Para fingir tener un hijo? Mejor finjo que me voy de fiesta…
Sin embargo, la auténtica joya de la corona era el peluche con el que me iba a dormir. Un perrito marrón del tamaño de un calabacín, lleno de remiendos (¡cuantas veces le habrán recolocado la oreja!) y pelotillas. No tenía nombre, porque siempre que trataba de ponérselo me estaba quedando dormida y la memoria no llegaba al día siguiente, pero pasó la barrera psicológica de los 15 años y se mantuvo a mi lado durante casi toda la carrera (Erasmus incluido, que ya es decir).
Al final decidí ser realista y llevarlo a la casa de Galicia. No fuera a ser que con tantas mudanzas acabara por perderse. Y allí está, en mi habitación… jugando por las noches con las Barbies y el Ken que están bien cerquita en una caja. O algo así.
Y vosotros, ¿qué fauna juguetil recordáis?, ¿Qué fue de ellos?
PS: Y, en breve, os contaré cómo me volví loca con My Little Pony por un trauma infantil.
Ilustración de Circo Ambulante.