Rumbo a Galicia, hey

d6cf72c16eeb786f4f9517b1be88339a

Un fin de semana más salimos de Madrid. Volvemos al hogar gallego. Esta vez con visitantes. Vamos a hacer de petites guías turísticos, a comer buena carne y a elogiar (permanentemente) la uva mencía.

Mamá… ¡vete encendiendo la estufa!

Cada año me gusta más volver al norte…. a veces hasta me pregunto lo diferente que sería mi vida si yo fuera de la meseta.


PS: Y este post se publica mientras estoy volando a casa.

Foto de Dim Baida.

La foto es la excusa

4406457769_b1d8618610

Siempre ilustro mis posts con fotos, pero hoy haré una excepción: “ilustraré” esta imagen con un post, para que no se quede solita en la imensidad de Zelestina.

A pesar de que en un principio no tiene nada relevante, desde que la vi me quedé fascinada. Una motosierra cortando ¿tomates?, ¿Naranjas?, ¿Papayas? bajo la lluvia… El caso es que como no leo ¿hebreo? no sé muy bien cual es el fruto, ni tampoco es que me importe especialmente.

Este dibujo me llevó directamente a mis 12 o 13 años. Ya estaba en el instituto y me había anotado a clases vespertinas de fotografía (¡con laboratorio y todas esas cosas maravillosas!). Mi único objetivo era tirar fotos a cualquier cosa que se moviese (y luego revelarlas en el cuarto oscuro, claro está).

En mi memoria yo iba en el coche con mi madre (un Seat 133 que, en algún momento de su historia, había pasado a tener una garrafa a modo de tanque de gasolina) y le estaba contando que quería hacer una serie de fotos sobre los cambios que había hecho la industralización (bueno, probablemente dijese una palabra menos precisa) en la naturaleza. Mi pueblo era un buen ejemplo de árbol, árbol, árbol, poste de la luz, árbol, árbol, árbol, viga de cemento, etc. así que me parecía muy interesante trasladarlo al papel.

Recuerdo la risotada de mi madre, el deje como de “ya se te pasará” y aquel otro de “cuando lo vea lo creeré” que, efectivamente me hicieron echar para atrás mi idea inicial. Nunca hice ninguna serie de fotografías sobre la ilustración. Al final las madres tienen razón siempre, ¿no? Pero, ¿qué hubiera pasado si no hubiera hecho esos gestos?

Recuerdo compartido vale por dos.


Por cierto, que este post se publica justo mientras estoy en casa de Galicia. Ya sabéis, ese lugar en el mundo al que el wi-fi todavía no ha llegado.

Pintura de Ruttie.G

Yo también vi a los Reyes

bamby_28_by_MotyPest

Ahora que vienen los Reyes Magos de Oriente, me vienen a la mente los momentos en que yo era felicísima de la vida yendo a ver la cabalgata los 5 de eneros.

Recuerdo especialmente el único año que fui a ver a los Reyes en Madrid. Me pareció una locura: todo lleno de gente, caramelos cayendo al suelo como pedradas, pocos amigos con los que compartir esos momentos especiales en que quienes te iban a dejar regalos en la noche pasaban por delante en sus carrozas (patrocinadas por enésimas marcas interesadas).

También recuerdo otro año en Burela, a donde fui con Espe (mi muy mejor amiga desde que el mundo es mundo). En esa ocasión llegamos hasta a sentarnos en sus rodillas y recibir, de mano de Sus Majestades, unos caramelos. Ella recibió cuatro y yo tres. Era lógicamente mágico: en su casa eran cuatro personas y en la mía éramos tres (aunque, contando a mis abuelos, éramos cinco, ups). Estábamos totalmente asombradas por la sabiduría de los Reyes.

Además una noche de Reyes, cuando se suponía que tenía que estar dormida, me levanté de la cama y me pareció ver a uno en el cuarto de baño. Una lástima que ya no me haga ilusión y que haya dejado atrás mi época Peter Pan. Ellos lo saben y por eso ya no vienen. Pero haberlos haylos.

Fotografía de MotyPest.

En familia

navidad09

Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

Merry_Xmas_Bokehmon_by_P0RG

A pesar de que estos días estamos en Galicia, no quiero dejar de desearos que paséis una estupenda Nochebuena a la manera tradicional: con mucha comida (rica), bebida (sabrosa) y discusiones familiares (jugosas).

Nosotros (y este nosotros incluye a JFK y a mi) gozaremos de los dos primeros parámetros, ya que en mi casa de Galicia somos tan poquitos (y nosotros, vertiente joven, vamos tan pocas veces al año) que ni tiempo da para discutir, pero sí para cocinar rico.

En estos momentos de buenos deseos me acuerdo mucho del pequeño Baldomero que, un año más, pasa la Nochebuena vigilando la casa madrileña, en la más completa tranquilidad. Un beso espacio-temporal en su hociquillo, aunque ni caso le haga. Para él este ratoncito navideño.

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad! A todos :)

Imagen de P0RG

PS: Es un post programado. No tengo conexión en Galicia.

Llega la familia

ad2076c1ef07e8632bc4f34ded9365db

Durante los 15 primeros días de este mes mi casa será un ir y venir de gente, una lavadora constante de cambio de sábanas, un bonito runrún al despertarse, etc.

¡Llega la familia! Todo se revoluciona en esos momentos: ordenar las habitaciones, comprar comida para más gente, preparar un café para varios, pensar en turnos para el baño…

Y en estos diez días que siguen la familia viene por partida doble. Hoy llegó la prima de JFK y su esposo y el miércoles llega, además, mi madre. ¿Les he dicho que me encantan los bullicios? Quizá porque soy hija única y nunca he tenido la oportunidad de vivirlos de primera mano.

Así que, libro de notas en mano, me dispongo a vivir una nueva experiencia familiar durante estos días…

Ilustración de Yuke

Pequeño viaje a Galicia

Anemone__on_the_shore_by_meluseena

Desde el jueves hasta ayer no pude actualizar porque estuven en casa de Galicia, y ya sabéis que allí no hay una conexión a Internet digna de ser mencionada, por lo que pasé mi tiempo entrando, saliendo y haciendo millones de cosas offline.

Por ejemplo, tuve tiempo para ir de cañas, de vinos y de copas, así como hacer una breve excursión a la playa (el único día que hubo tres rayitos de sol), comer churrasco y otras delicias made in la abuela y, finalmente, charlar, charlar y charlar con mis amigos y familiares. ¡Eso es vida!

Ahora, no dejé de pensar ni por un momento en la curiosa idiosincrasia del gallego, a veces tan estupenda y a veces tan exasperante que uno tiene que retraerse y reflexionar por sí mismo para no caer en el embudo del pensamiento colectivo único.

Pero el amor es lo que tiene, que uno se olvida de esos pequeños detalles que exasperan por lo poco racionales que son… y disfruta, disfruta, disfruta del poco tiempo que hay.

Retrato de Meluseena.

La radiofórmula local

A través de un bucólico post de Demonée, en el que recuerda aquellos programas radiofónicos locales en los que se dedican y pinchan canciones, me acordé de que cuando yo era pequeña también había algo así en mi pueblo.

La verdad es que mi infancia fue un tanto curiosa, creo que soy de las pocas personas nacidas en los ochenta que tuvo el primer teléfono en casa pasado los 10 años (que fue cuando los instalaron en toda la aldea, vamos), por lo que escuchar emisoras nacionales era prácticamente una utopía. Me perdí los 40 principales en los años en los que más lo necesitaba, pero ahora ya pasó y sobreviví bien.

Eso sí, había una radio local que tenía su programita de radiofórmula con un teléfono fijo al que llamar y dedicar canciones. Por causas del destino (nunca entenderé como determinadas cosas se ponen de moda en toda la región al mismo tiempo) todo el mundo escuchaba ese programa de radio que, por otra parte, no era nada especial.

Recuerdo que mi mejor amiga se pasaba la vida llamando para pedir “Stand by me“, que no la tenían en la emisora pero sí que la tenía la locutora en su casa. La locutora siempre prometía traerla, pero nunca se acordaba y, así, mi mejor amiga pasaba la vida en una eterna cinta de Moebius pidiendo la canción.

Yo recuerdo que también llamé un par de veces, para pedir canciones y felicitar cumpleaños por esa vía… siempre pedía cosas de Bon Jovi o de Aerosmith. Eran mis referencias, creo que porque fueron de los primeros discos que cayeron en mis manos… porque no es que me maten de gusto a día de hoy.

Y, vosotros ¿también vivísteis una época de dedicar canciones?

Fotografia de JesiDangerously

Buena-Noche-Buena

Ayer mismo llegué de Galicia de pasar un par de estupendos días con mis seres más queridos. Ese es para mí el gran valor de estas fechas: poder reunir a la mesa a las personas con las que te gusta compartir tu tiempo…

Madrid sigue siendo la ciudad de mis amores y no creo que pudiese volver a vivir la vida rural, pero qué bonito es volver asiduamente y dar un achuchón a mi familia. Tengo las pilas del amor cargadas a tope. Ésa es mi navidad.

Ilustración de Yara

Vacaciones, parte 1

Mañana empiezan “oficialmente” mis vacaciones (aunque llevo sin trabajar desde el jueves pasado), ya que tomo un avioncillo hacia casa: miña terra galega.

Serán cinco días los que pase rodeada de familia, buena comida, playas históricas y truchas de río. ¿Quién puede pedir más?

Baldomero pasará unos días de rodríguez, pero a él eso le gusta, ya que puede destrozar la casa a su antojo y dormir encima de la mesa del salón, entre otras gamberradas (esta es mi coraza para no decir que me da una peniña que me muero al dejarlo solo).

El lunes por la noche aterrizaremos de nuevo en Madrid. El martes tengo una agenda apretadita. El miércoles llegará la segunda parte de las vacaciones…

In the meanwhile… disfrutaré del absoluto silencio de Rúa, un estupendo pueblo desconocido (no aparece ni en Google Maps, ni en los GPS…).

Ilustración de Seasprayblue