La gran belleza

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“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes hubo vida. Escondida debajo del bla, bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí. Es sólo un truco”.

Jep Gambardella

Hablemos de perfumes

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“The question that women casually shopping for perfume ask more than any other is this: “What scent drives men wild?” After years of intense research, we know the definitive answer. It is bacon. Now, on to the far more interesting subject of perfume.”
Tania Sanchez, Perfumes: The Guide.

Fotografía: Paloma Picasso retratada por Antonio López para su serie The Red Coat Series (1974-1975).

Enumeración aleatoria

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El sonido que alerta de la llegada de un mensaje en el móvil. La enésima serie sobre un futuro distópico cuyo pronóstico empeora (aún más) cuando los hackers rompen Internet. Dos gatos que se respetan desde compartimentos estancos. Una vela de Jo Malone como avanzadilla del invierno. Tres gotas de colesterol. Un queso fresco. Una mesa Lack que se va en una furgoneta. Las cosas que no te dije. Las cosas que ya no tiene sentido decirte. Visibilidad para los invisibles y sombra en las estrellas. Disfrutar siendo el más uno de todas las fiestas. Calefacción central y ventilador individual. Un ascensor que sube ocho pisos. Todas las sábanas de frustración que se han cambiado. El futuro. El presente. En construcción.

La imagen viene de Pinterest.

Verdades como puños

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“A mí me gustan los tíos que me dan ganas de ser más lista de lo que soy”

Milena Busquets en También esto pasará.

Foto de Barbara Laage.

La parábola del pijama

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Todo el mundo sabe que soy una complicación con patas cuando me enfrento a la compra de ropa. Lo admito: no me gustan las tiendas, llenas de gente dispuesta a hacer fila, con estantes desorganizados y una luz artificial que solo sintoniza con los habitualmente terribles hilos musicales. Puaj. El concepto de salir (como un cazador-recolector) a por ropa, simplemente, no va conmigo. Ni siquiera el showrooming. Quiero hacer la cucaracha todo el rato y clicar en las tiendas online para que llegue un señor con una caja a la puerta de mi casa. Si no me gusta, ya vendrá otro a recogerlo. Y todos tan contentos. Hasta que lleguen los drones de Amazon, seré un sólido pilar en el sustento del sistema de mensajerías.

Y sin embargo el karma me puso el otro día a comprar pijamas en un centro comercial. ¿Acaso se pueden imaginar un castigo mejor? Por mucho que yo tenga claro lo que quiero, la senda no es tan fácilmente practicable. El 99% de colores no me gustan, si tienen ositos me entran reflujos -en general, no soy de estampados- y evito el raso, la franela y otros tejidos del montón (solo claudico ante el algodón elástico en invierno y el algodón blanco en verano). Por supuesto, olvídense de que pierda mi tiempo tocándole a la prenda si el pantalón osa no tener gomita tobillera. ¿Quien se creen que soy? ¿Alguien dispuesto a despertarse a media noche con el pijama en las rodillas? Lo comenté al principio: un auténtico drama en el shopping mall. Pero, la verdad, después de tanto esfuerzo duermo fenomenal, que es lo que cuenta.

Fotografía de Molkette.

Una marca meridiana

A veces uno necesita afrontar justo ese desafío que no le conviene ni le corresponde, porque lo que le pide el cuerpo es enfrascarse en algo que ayude a descolocar la vida, sacudirla y ponerla un poco del revés. Más que nada, para que no se cumpla la condena de encajar en ella como una pieza más de un mecanismo predecible: como esa pieza que todos somos, a la postre, desde la programación fatídica de nuestros genes hasta la función que el código social que tarde o temprano acatamos, sea cual sea, nos asigna sin derecho a apelación

La marca del meridiano. Lorenzo Silva.

Imagen: Anja Rubik para Terry Richardson (Vogue Paris, 2009).

Mr Whiskers had a dream

Mr. Whiskers es, sin duda, el personaje más interesante de Frankenweenie. Antes y después de su transformación.

La ciudad como lienzo improvisado

(El artículo que leeréis a continuación fue publicado por servidora en Mahou Impressions el pasado 26 de octubre)

Más allá del grafitti (con su ‘tag’, o firma del grafittero), las calles de nuestras ciudades se ven inundadas por propuestas artísticas más elaboradas que invitan a la reflexión, a la contemplación o al puro placer estético.

Así se dieron a conocer, a mediados de los 90, personajes como Shepard Fairey (que ha rentabilizado como pocos su Obey the giant) o Banksy, un británico cuya identidad sigue siendo un misterio, pero que ha hecho famosas sus obras críticas con la sociedad y la política. Ninguno de ellos es grafittero propiamente dicho. El término que más les encaja es el de artistas callejeros. Usan latas de spray, sí, pero también plantillas (stencils) que les permite replicar el mismo mensaje en diferentes soportes. El mensaje, y no la firma, es lo importante.

Todo en el mobiliario urbano es susceptible de convertirse en lienzo. También el universo de las señales de tráfico se presta a la imaginación del artista. Así, Trusto Corp pinta a mano nuevos y divertidos signos en Los Ángeles (sacará más de una sonrisa de los viandantes por las mañanas), Cayetano Ferrer convierte las señales en algo transparente a la vista y Clet Abraham dibuja muñecos que sujetan la información vial de todo Italia (la moda se ha extendido rápidamente a otras ciudades europeas). Un guiño humorístico a la realidad, pero también una forma nueva de entender y transmitir el mundo que nos rodea. En definitiva, un soplo de aire fresco.

A pesar de que hay unos cuantos representantes conocidos del arte callejero a nivel internacional, este no deja de ser un universo en el que importa más el mensaje que el autor. En el blog Street Art Utopia recopilan imágenes de obras artísticas alrededor del mundo. Muchos artistas reseñados no son famosos, y probablemente no lo serán nunca, pero con su imaginación han contribuido a crear una ciudad más bonita o, al menos, más concienciada. No es necesaria una gran dosis de talento, pero sí se requiere de creatividad y espontaneidad a la hora de trabajar.

Tampoco, contrariamente a lo que muchos quisieron hacer entender, el arte callejero es un asunto de vándalos y adolescentes. Hay compañías que se han sumado a la redecoración de su estética a través de la pintura exterior. Así, por ejemplo, las empresas japonesas de gas decoran sus tanques de la forma más bonita que pueden. Ya que va a haber una gran bola gigante en la calle, por lo menos que provoque una sonrisa.

Tú también estás a un paso de distancia de tu próxima sonrisa (o reflexión). Simplemente tienes que abrir los ojos cada vez que camines por las calles de tu ciudad para, seguramente, darte cuenta de que alguien ha modificado tu entorno para embellecerlo. Hay montones de guías que te pueden ayudar a la hora de localizar el arte callejero más interesante de tu zona. En Madrid, por ejemplo, puedes seguir la web de MadridStreetArt para saber más de los artistas y los lugares en los que dejan sus obras. No pierdas detalle.

Fotografía con intervención de Clet Abraham. Vía MundoFlaneur.

Autopsicografia

O poeta é um fingidor.

Finge tão completamente

Que chega a fingir que é dor

A dor que deveras sente.

 

E os que lêem o que escreve,

Na dor lida sentem bem,

Não as duas que ele teve,

Mas só a que eles não têm.

 

E assim nas calhas de roda

Gira, a entreter a razão,

Esse comboio de corda

Que se chama coração.

Fernando Pessoa.

Fotografía de Andrea H.

Summer Lovin’