En familia

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Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

Puesto el árbol ya es navidad

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Yo os hago caso, y siempre me decís que el árbol de navidad se ha de poner alrededor del puente de la Inmaculada (aunque se me olvida de año en año), así que hoy ha sido el día indicado para montarlo en casa.

Sigue siendo aquel árbol rosa Schiaparelli, kitsch a más no poder. También sigue incluyendo bolas y reyes de chocolate en su decoración, todo un clásico en mi vida y que, además, dan un buen olor a chocolate en la habitación que ni os imagináis.

La verdad es que, a día de hoy, a mi me encanta la navidad, pero (como todo el mundo) he tenido rachas de no soportarla. Incluso en esas rachas he mantenido la tradición de comprar mis tres reyes magos de chocolate. Indoloras reminiscencias de la infancia que, probablemente, me hacen sentir más segura en este entorno hostil que es la vida adulta.

Tendremos toda la parafernalia decorativa (lucecitas incluidas, pero sin música) hasta el 6 de enero y luego, mientras todos comienzan la dieta post navideña, JFK y yo nos pondremos ciegos a bolitas de navidad, porque no vamos a tener en casa ningún otro dulce típico de la época.

PS: ¿No os parece que los Reyes Magos de chocolate cada año los hacen más feos? No sé, quizá soy la única que le presta atención a su deterioro físico :P

Imagen de nuestra decoración navideña antes de colocarse en el árbol.

Renovando en blogroll

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Confieso que no soy una persona que cuide mucho su blogroll. Lo tengo más que desactualizado el 80% del año porque, como no lo uso, a veces ni me doy cuenta de que puede servir a otras personas a darse a conocer un poquito más.

Este momento es el ideal para que me digáis si queréis aparecer en el blogroll (a lo mejor no os he puesto porque se me ha olvidado :(), si queréis desaparecer, si queréis que os cambie el nombre o hasta que os dedique una jota aragonesa…

Podéis darle un vistacito, ya que estos días he añadido algunos must read que sigo desde hace tiempo (pero como no actualizo el blogroll no los tenía en él).

Para daros unas pinceladas de lo que he puesto, está el Gourmet Esquire (para los sibaritas y golosos), el Blog de BuyVip (de reciente creación pero que se ha convertido en uno de mis imprescindibles), Miss at la playa (lo más cuidado del fashionismo hispano) o La Fragua (la política sin pelos en la lengua).

PS: Acabaré barriendo para casa: he cambiado el enlace del blog de JFK, que no actualiza desde hace años, por su página web en Cargo Collective, en la que tiene colgadas sus animaciones y afiches, un estupendo enlace para pasar diez minutos saboreando su savoir faire.

Fotografía de Angelica Minier.

Llega la familia

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Durante los 15 primeros días de este mes mi casa será un ir y venir de gente, una lavadora constante de cambio de sábanas, un bonito runrún al despertarse, etc.

¡Llega la familia! Todo se revoluciona en esos momentos: ordenar las habitaciones, comprar comida para más gente, preparar un café para varios, pensar en turnos para el baño…

Y en estos diez días que siguen la familia viene por partida doble. Hoy llegó la prima de JFK y su esposo y el miércoles llega, además, mi madre. ¿Les he dicho que me encantan los bullicios? Quizá porque soy hija única y nunca he tenido la oportunidad de vivirlos de primera mano.

Así que, libro de notas en mano, me dispongo a vivir una nueva experiencia familiar durante estos días…

Ilustración de Yuke

Cinco cosas buenas y una mala

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Y es que cuando a una le pasan tantas cosas buenas como las que os he contado últimamente, no se puede dejar de pensar… ¿y cuando va a venir esa cosilla mala que contrarreste tanto placer y tanta subida de ego?

Pues sí, tranquilos que ya llegó. Ya se me bajó el ego y todo el placer de mis esfuerzos de este año. Ahora toca remontar y, lo que es más importante, olvidar esa cosa malucha que ni siquiera voy a mentar. Que ya no existe. Lo que fue ya no es.

Menos mal que hay quien siempre está ahí, en las buenas y en las menos buenas. Así que, ¿por qué no? Voy a agradecer públicamente a JFK ser mi eterno apoyo. Sin él el mundo no sería como lo conozco. ¡Y me encanta lo que conozco (y me encanta él)!

Y ahora… otra vez en busca de la racha de cosas buenas (y que dure unos poquitos de añitos, por favor…).

Fotografía de Girltripped

Renovando intenciones

Esta misma semana JFK y yo estamos comenzando a trabajar en un proyecto especial, un regalo que ese hombre tan silencioso me quiere hacer y que a mi me encantará, una nueva ventana al mundo.

A raíz de las charlas sobre este proyectito (algo personal, algo comunicativo, algo sobre moda) me estoy dando cuenta de lo mucho que me gusta observar, conocer, escribir, comunicar… y es esa ilusión la que me hace levantarme cada día de la cama.

Tengo mis objetivos profesionales bastante bien marcados (no voy a decir que perfectamente marcados porque no es 100% verdad), y ese es uno de los motivos principales por los que sé que voy a tener éxito. Sólo las personas sin objetivos (llegar a fin de mes, discúlpenme, no es un objetivo final, sino una necesidad circunstancial) se quedarán donde están.

El mundo es de los soñadores, de los optimistas, de los luchadores y de los que se atreven a hacer cosas.

¡¡¡¡Cuanto positivismo traigo hoy!!!!

Imagen de Trixy Pixie.

Los lados de la cama

[este post ha sido gestado y escrito en una noche de insomnio, mientras JFK y Baldomero duermen en la cama a pierna suelta]

JFK y yo tenemos cada uno un lado de la cama, sin posibilidad de cambio, allá donde vayamos. Nunca hay discusiones porque cada uno sabe siempre cual es su lugar (el mío, mirando de pies a cabeza, es el lado izquierdo).

Esto es una cuestión más de costumbres que de logística. Desde el principio de los tiempos (en aquella cama matrimonial del piso compartido en que vivía JFK) dormimos así, y nunca cambiamos. Es demasiado cómodo tener los lugares previamente asignados. Nunca hay peleas para ver quien tiene “el mejor sitio”.

Obviamente que luego, a lo largo de muchas noches, nuestros mundos se entremezclan. Y podemos acabar despertándonos los dos de un mismo lado (sí, por las noches ambos nos movemos, nos damos patadas y hasta hablamos en voz alta dormidos si se tercia); pero de primeras nuestras posiciones están asignadas.

De repente me pareció curioso confesarlo. Vosotros, los que vivís en pareja, ¿Siempre tenéis la misma posición, aunque durmáis en un hotel o en casa de amigos?

Fotografía (con roles invertidos) de Pop Songs

Otra pesadilla, pero religiosa

Se ve que en los últimos días mi vigilia es absolutamente tormentosa. Tras la anterior pesadilla sobre mi tío tuve otra relacionada con mis compañeros de colegio y un viaje a Tailandia (prácticamente no la recuerdo) y esta misma mañana he tenido una más.

La de esta mañana sí que me resultó bizarra, porque transcurría en la iglesia de mi pueblo, a donde JFK y yo llegábamos en mi 600 blanco -que tenía, por cierto, el freno de mano un poco flojo y que costaba aparcarlo-.

No sé por qué ibamos a misa, pero había un montón de personas dentro de la iglesia. De repente advertimos que un grupo ultrarreligioso (a saber si eran opusinos, legionarios, mormones o qué) estaba amenazando con matarnos a todos. Se habían atrincherado en el lado sur de la iglesia (una mini iglesia, por cierto, lo cual resulta cómico).

Entonces hubo una huida, y JFK y yo nos agazapamos con otro montón de gente en la casa de al lado, saltando por la ventana, esperando que no nos afectasen demasiado los disparos entre los dos bandos que estaban sucediendo por la zona del cementerio.

De repente el lugar donde estábamos se comenzó a mover. Nos habían encontrado y ya no era una casa, era un cajón transportable. Nos empezaron a desplazar rápidamente para llevarnos lejos (no sabíamos qué nos podían hacer). Había sólo una salida, pero había que esperar a la curva para saltar y que los que conducían no me vieran tirarme.

En la curva salté, pero JFK se quedó en el cajón siendo transportado. No me preocupé (sabía que JFK estaba despierto en la vida real y era yo la que tenía que salvarme) y corrí a mi 600 blanco para ver si podía irme sin que se dieran cuenta.

Entonces me desperté. Pero casi salgo de mi pesadilla.

Fotografía de Emeranie

Buena-Noche-Buena

Ayer mismo llegué de Galicia de pasar un par de estupendos días con mis seres más queridos. Ese es para mí el gran valor de estas fechas: poder reunir a la mesa a las personas con las que te gusta compartir tu tiempo…

Madrid sigue siendo la ciudad de mis amores y no creo que pudiese volver a vivir la vida rural, pero qué bonito es volver asiduamente y dar un achuchón a mi familia. Tengo las pilas del amor cargadas a tope. Ésa es mi navidad.

Ilustración de Yara

L’amour…

Y nosotros, que ni siquiera celebramos el día de los enamorados, no podemos evitar felicitar el amor en días como hoy.

¿Demasiado romántica? Ya saben que, a veces, peco de eso.

Ilustración de Fifi Lapin.