Ciudad Trujillo (no) era una fiesta

Según lo presenta Vargas Llosa, la vida en la República Dominicana durante la Era de Trujillo (1930-1961) era lo más parecido a dar paseos diarios a través de campos atestados de minas antipersona. No solo por las grandes y sangrientas hazañas del régimen: la matanza indiscriminada de haitianos (la más conocida es la masacre del perejil, en otoño de 1937), la conveniente desaparición del profesor Jesús Galíndez cuando estaba a punto de publicar en Estados Unidos una tesis sobre la dictadura o el aniquilamiento de las antitrujillistas hermanas Mirabal, maquillado posteriormente como accidente de tráfico.

Si una cosa queda clara en La fiesta del chivo es que en entorno del dictador (apodado, en un alarde de originalidad, El Jefe) la seguridad y la confianza se gana o se pierde sin saber muy bien por qué. Un gesto, una actitud, una frase en un momento inoportuno y ¡boom! cualquier persona puede caer en desgracia. Y eso significa aceptar las normas de un juego macabro en el que a base de pequeñas pistas uno acaba por descubrir que su final está cerca, aunque no le digan el momento exacto. Ese miedo a un giro inesperado en los acontecimientos es generalizado en los personajes que recorren la novela y no demora en trasladarse al lector.

No está de más advertir que la obra no deja de ser pura ficción. Quien busque un análisis exhaustivo de la realidad dominicana a mitad del siglo pasado, quizá se sienta decepcionado al solo encontrar pinceladas de hechos reales (el aniquilamiento de Trujillo, las claves del éxito de Balaguer, la huida de la familia…) para aderezar la trama imaginada por Vargas Llosa: un relato sobre la generosidad, el egoísmo y el sufrimiento que trasciende cualquier frontrera.

Además de la historia en sí, me fascinaron los saltos temporales. De una forma absolutamente natural, incluso en la misma conversación, las palabras viajan de 1961 o 1991. La sombra de la bestia (el Chivo, como apunta el título) es alargada, pero no deja de ser una simple pieza en un puzle mayor, el de la ola de dictaduras que asoló el continente americano durante todo el siglo XX. La fiesta del chivo es, sobre todas las cosas, un grito a la memoria.

Imagen: publicidad de vuelos entre Miami y Ciudad Trujillo.

 

Balance literario de 2011

Clavando rutinas. En 2011 lei exactamente la misma cantidad de libros que el año anterior: once. Eso sí, en esta ocasión hubo buenas recomendaciones, y otros por apetencia propia. Ha sido un año de cosecha pequeña, pero muy divertida. Ojalá 2012 pueda seguir ese mismo patron, ya que el tiempo para leer es muy limitado. Paso a relatar mi resumen… me encantaría saber el vuestro:

1. La niña que amaba las cerillas. Gaétan Soucy.

2. Maldito Karma.David Safier.

3. Opio. Maxence Fermine.

4. Brooklyn Follies. Paul Auster.

5. The curious incident of the dog in the night time. Mark Haddon.

6. Happiness. Will Ferguson.

7. Comer Animales. Jonathan Safran Foer.

8. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. David Foster Wallace.

9. Axfisia. Chuck Palahniuk.

10. Verano. J. M. Coetzee

11. Inteligencia intuitiva. Malcom Gladwell.

Collage de Esendemirci.

 

Reflexión literaria en un domingo electoral

En la vida hay un clarísimo punto de inflexión: el momento en el que decides no acabar de leer un libro solo porque se supone que es bueno, o porque alguien en cuyo gusto confías te lo ha prestado. Cuesta superar toda esa suerte de barreras sentimentales y decir “NO LO VOY A LEER”.

Es lo que me ha pasado con Jonathan Coe y ¡Menudo reparto!. Empezó de un modo interesante, pero en la página 100 se había convertido ya en un lastre en mi bolso. Mis viajes en metro al trabajo (unos 40 minutos aproximadamente) nunca habían sido tal páramo literario. Prefería mirar a la nada con tal de no abrir el libro. Y no hablo de días, ni de semanas… dos meses lleva ya la historia.

La semana pasada pedí en twitter que me convencieran para retomarlo. Y no hubo manera. Así que ahí se ha quedado. La ruta se bifurca ahora entre otro préstamo, Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos?, de Malcom Gladwell y un libro de pequeños reportajes de Gay Talese, Retratos y encuentros. A ver si logro equilibrar el balance anual o está ya echado a perder.

Collage de Esendemirci.

Axfisia existencial

La semana pasada acabé mi (primer) libro de Chuck Palahniuk. Probablemente lo conoceréis porque escribió El club de la lucha (y habréis visto la película). El que yo leí era Axfisia del que, por cierto, también he sabido que hay película.

El protagonista, un ex-estudiante de medicina llamado Víctor Mancini, vive axfisiado por su pasado y los secretos que su madre nunca le contó y, probablemente, nunca le cuente. Esto ha derivado en una adicción sexual en proceso de curación y en fingir que se axfisia cuando en realidad…

Ahí dejo eso, que tampoco es plan de desvelar toda la trama. Me ha encantado encontrarme con situaciones extraordinarias, con personajes totalmente desarrollados (incluso los secundarios) y con diálogos bastante ágiles y divertidos (dentro del dramatismo de algunas situaciones). Es como, de repente, recuperar la esperanza: sigue habiendo cosas originales que contar en este mundo.

Ilustración de Altron Wing.

¿Sabemos lo que comemos cuando comemos animales?

Acabo de terminar Comer animales, lo ultimísimo de Safran Foer. Nada de literatura con una pizca de humor: en esta obra resume su investigación de tres años con respecto a las granjas y mataderos industriales en Estados Unidos.

Aunque a primera vista pueda parecer una apología al vegetarianismo, lo cierto es que no tiene nada que ver. Es más hacernos reflexionar con respecto a los packs envasados de carne que compramos en el supermercado. ¿De dónde vienen?, ¿tuvieron una vida digna esos animales?, ¿cómo murieron?…

No solemos reflexionar sobre estas cuestiones, así que Safran Foer (impulsado por el deseo de poder contárselo a su hijo en un futuro) tomó la iniciativa y buscó las respuestas. Como lo hubiera hecho yo misma, o vosotros. Es decir, sin convertir la obra en una tabla de datos aburridísimos, sino poniendo voz a empleados de empresas cárnicas que, habitualmente, no se atreven a hablar; o dando un altavoz a los pocos granjeros minifundistas que luchan por sobrevivir dando un trato digno a los animales…

¿Qué eché en falta? Desde luego, la internacionalización del tema. ¿Qué pasa en el resto del mundo?, ¿Qué políticas hay en Europa para prevenir el sufrimiento animal (tanto en la granja como en el matadero? Ninguna respuesta.

Tampoco vi que se trate el tema de la fruta y verdura. ¿No nos sorprende tanta perfección en los supermercados?

Sí, da para pensar y reflexionar sobre muchísimos temas. De eso no hay duda. Viva Safran Foer.

Origami de Quentin Origami.

Happiness (Tm)

Reconozco que no conocía a Will Ferguson, y que aterricé frente a Happiness por recomendación de Ana F. Parrilla (que, a su vez, se dejó tentar porque Jonathan Coe había hablado maravillas de él). También reconozco que las 100 primeras páginas no me entusiasmaron y que, cuando se lo dije a Miss Parrilla insistió: “Sí, es normal, pero luego se pone interesante”. Y es cierto. Al menos te pone a pensar.

La premisa básica de este libro es que si los libros de autoayuda realmente funcionasen, se hubiera escrito sólo uno (el primero). Pero, ¿qué haríamos ante una sociedad en permanente estado de felicidad?. Muchas cosas cambiarían, aunque quizá no todas a mejor. Y hasta ahí puedo leer.

Foto: TCH.

Convertirse en otra persona

Me gusta la campaña de publicidad de la librería Mint Vinetu que he visto a través de Eclechico. Porque es verdad: cada libro que cae en nuestras manos nos hace vivir nuevas aventuras (o desventuras), indagar un poco más en nosotros mismos y, por qué no, instalarnos en el pellejo de otras personas, en otras realidades absolutamente diferentes a la nuestra.

Leer es convertirse en otra persona. Con la fortuna (o la desgracia) de que es sólo por un rato, y luego vuelves a convertirte en ti mismo). ¿No mola?

Una cosa os digo… he buscado la librería on-line y no hay manera de dar con ella… ¿existirá realmente o es simplemente un proyecto de diseño que se les ha ido de las manos convertido en viral? Epic fail.

The curious incident of the dog in the night time

La semana pasada por fin terminé The curious incident of the dog in the night-time, el primer libro que leo en inglés desde hace casi un año.

La trama me pareció bastante mediocre, pero hay dos puntos que me llamaron la atención (sobre todo a la hora de volverme a atrever con el inglés): el narrador es un niño (por lo que casi seguro no iba a haber lenguaje complicado) y tiene síndrome de asperger (por lo que las bromas y/o segundas interpretaciones eran bastante limitadas: what you see is what you get).

La lectura es ágil y medianamente entretenida. Aunque, he de confesar, no sé si lo hubiera soportado en español. En cierto modo me recordó al niño del pijama de rayas, no por los momentos dramáticos, sino por la forma de escribir, la relajación… ¿alguien más lo ha leido?, ¿lo recomendaríais?

Foto de JoyHey.

Brooklyn Follies

He tardado, pero en el viaje a Lyon tuve tiempo para rematar Brooklyn Follies. De hecho tuve tiempo de leer la mitad del libro porque trasnoché bastante (es que cuando empiezo con Auster, se vuelve adictivo y no puedo parar).

Y lo que más rabia da es que siempre es lo mismo: un hombre solo en el mundo, con algún tipo de problema/trauma y que está a punto de escribir un libro. Ya había leído de él El libro de las ilusiones y la Trilogía de Nueva York. Escribe fenomenal, eso es un hecho, pero no avanza. O, por lo menos, a mi como lectora, no me hace sentir que avanzo.

Es adictivo (eso sí, a un nivel inferior que Agatha Christie), pero creo que ya no le daré más oportunidades. ¿Leído uno, leídos todos? Empiezo a creer que sí… Decidme qué pensáis.

Foto de Sma Kee.

¿Es Kate Bosworth más lista de lo que parece?

Yo sabía que era astuta, o de qué si no se va a ligar al vampiro más hot del espacio interestelar. Pero no que podía ser lista. De hecho siempre pensé que era un pelín tontita.

Pero, oye, ahora resulta que está leyendo a Bulgakov y su Maestro y Margarita (una obra excepcional, aunque densa). Y ya no me parece tan estúpida…

Qué rápido cambio de opinión. Deja que la vea saliendo de alguna fiesta dando tumbos. La balanza cambiará de nuevo…

Vía Celebitchy.