Buenas intenciones literarias

Como en mi balance literario de 2008 dejé un poco abandonadas mis intenciones literarias para este nuevo año, he decidido retomar el asunto (cargando, quizá, el blog con un exceso de literatura que próximamente se verá soliviantado con algún post más frívolo).

Visto que 2008 fue un año bastante positivo en mi recuento literario, pensé que quizá seguir en la misma tónica podría estar bien en 2009: japonés, europeo, algún clasiquillo…

Así que me he propuesto leer varios libros. Para empezar me quiero ventilar pronto los tres que me han regalado estas navidades (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, Nunca me abandones y Crepúsculo).

Para continuar me he propuesto leer a García Márquez (su biografía, haciendo caso al espíritu cotilla de Fanmakimaki), lo nuevo de Coupland y Beigbeder, algo de Cortázar, Capote y Saramago…

Vamos: las eternas aspiraciones que tengo de leer cosas interesantes, aunque luego acabe dándome libros de Meg Cabot e historias chick lit para evadir mi conciencia diaria.

Pero prometo firmemente hacer un serio esfuerzo este año… ya que parece que lo de dejar de fumar está muy visto.

Artwork de Lilie Melo

Balance literario de 2008

Mi balance literario anual ya es un clásico de este blog (pueden ver el balance de 2006 y el de 2007). Siempre guardo un momento a finales de año para resumir mis lecturas y tratar de encauzar mi futuro como lectora. Claro que nunca resulta, pero no es malo tener buenos propósitos.

El año pasado me puse como semi-meta leer algo de Saramago o Nabokob: ninguno de los dos se ha cumplido. Sin embargo sí que he podido ver cumplido el aumento de número de libros al año (de 16 a 25, lo cual, estadísticamente, me pone en lectora de libro por cada 15 días).

He aquí la lista de los libros que pasaron por mis manos en 2008:

1. Queen Of Babble. Meg Cabot

2. La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Junot Díaz

3. Harry Potter y el prisionero de Azkabán. J.K. Rowling

4. Harry Potter y el cáliz de fuego. J.K. Rowling

5. Harry Potter y la orden del Fénix. J.K. Rowling

6. Harry Potter y el príncipe mestizo. J.K. Rowling

7. La elegancia del erizo. Muriel Bradbury

8. Platonic Sex. Iijima Ai

9. Amor de Tango. Mª Xosé Queizán

10. El caballero invisible. Valerio Massimo Manfredi

11. Kitchen. Banana Yoshimoto

12. Sueño Profundo. Banana Yoshimoto

13. La ignorancia. Milan Kundera

14. Farenheit 451. Ray Bradbury

15. Firmin. Sam Savage

16. Corazón de Ulises. Javier Reverte

17. El libro de arena. Jorge Luis Borges

18. El rumor de la montaña. Yasunari Kawabata

19. Morir de Glamour. Boris Izaguirre

20. Freakonomics. Stephen Dubner y Steven Levitt

21. Planeta Champú. Douglas Coupland

22. Cartago en llamas. Emilio Salgari

23. Manhattan Transfer. John Dos Passos

24. O rapaz do pijama às riscas. John Boyle

25. Millenium (vol.1): Los hombres que no amaban a las mujeres. Stieg Larsson

Puntos a mejorar: pocos (sólo queda un libro de Harry Potter, así que no hay muchos errores por cometer por ese lado). Tampoco volveré a picar en superventas como el chico del pijama…

Puntos con los que continuar: soy eclectica. No llego a los clásicos (creo que es pereza), pero me muevo bien entre lo japonés, americano, europeo… y en varios idiomas. Eso me gusta (aunque debería leer más en portugués y en gallego de lo que lo hago, un triste libro por cada idioma al año).

¿Sugerencias futuras? [prometo escribir algo sobre este asunto en próximos posts, me he quedado sin tiempo hoy]

¿Y vosotros?, ¿qué balance literario hacéis?, ¿Qué pensais de mis libros?, ¿cuales añadiríais o quitaríais?

PS: Mañana comentaré esto en persona con la mismísima Blackbetty… una fiera devoradora de libros :D

Ilustración de Tollipop

Los hombres que no amaban a las mujeres

A pesar de que últimamente sólo leo revistas (moda, moda, moda… y algo de tendencias) debido al Máster, no quería dejar pasar la ocasión de recomendaros «Los hombres que no amaban a las mujeres», primera novela de la trilogía Millenium del sueco Steig Larsson.

No soy muy fanática de los libros de crímenes, pero éste en concreto me atrapó de una manera casi irreverente. Pasaba horas enteras leyendo el libro (no es precisamente de los más cortitos) y cuando acabé me quedé con ganas de más (ya se ha publicado en español la segunda parte, pero todavía no la tengo).

Es curioso que tanto crítica como público coincidan a la hora de alabar las labores del sueco, que ya ha sido nombrado por algunos como el mejor escritor sueco (un país muy dado a los libros de misterios). Yo no me voy a quedar atrás en las alabanzas y aunque no sepa mucho de autores suecos (más bien nada), he de decir que me quedé maravillada: agilidad, intriga, descripción, personajes poliédricos… todo un mundo nuevo.

Ya se lo he recomendado a varias personas para estas navidades… ¡también aquí quiero increparos a que le déis una pequeña oportunidad!


PS: Lo leí de prestado… no lo tengo en posesión, por si queríais un préstamo :(.

Fotografía de StoopidGerl.

Planeta champú, Douglas Coupland

Los que me conocéis sabéis que este hombre, Douglas Coupland, es una de mis pasiones literarias de todos los tiempos. Quizá no sepáis por qué. Me he tomado la molestia de seleccionar algunos pasajes de Planeta Champú (escrito en 1992), el libro que acabo de leer. Es justo el siguiente, después de Generación X, y mantiene todavía un poco la locura en la forma de escribir, aunque ya tiene bastante apaciguado su carácter disperso y explosivo. Ahí están estos pasajes, por si os pica el gusanillo:

«Europa carece de la posibilidad de una metamorfosis (¡qué sabihondo!). Europa es como un recién nacido guapo con rasgos superdistintivos que, además de guapo, es también deprimente o algo así porque uno sabe con exactitud la pinta que tendrá el niño a los veinte, a los cuarenta, a los noventa y nueve años. Ningún misterio».

«Estábamos hartos de las pocas ambiciones de los euroadolescentes, de aquellos adolescentes. Todos los que conocí querían ser funcionarios. Qué aburrimiento».

«Salgo por la puerta de mi dormitorio, avanzo pasillo adelante, desciendo la escalera, paso junto a Mark, que toma su dosis diaria de crack emocional inhalando dibujos animados en color, vestido con el pijama de Star Trek, colocado gracias a muchos tazones de cereal preazucarado. Entro tambaleándome en la cocina para tomar un tazón de Mueslix con Daisy, que lleva puesta una selección elegida al azar de ropa interior y de chándales. Daisy recorre el diario de la mañana en busca de su horóscopo, y comienza su rally diario de llamadas telefónicas».

«—A los europeos les pegan como a animales cuando van al colegio —digo—. Sufren tanto en el proceso de aprendizaje que consideran que sus conocimientos son absolutos. No toleran que se los desafíe».

«Stéphanie y yo realizamos nuestra lista particular de los productos químicos necesarios para ser una persona realmente moderna: Tetraciclina, Esteroides, Freón, Aspartamo, Peróxido, Silicona, MTV».

«—¿Sabes cual es el rasgo más característico de la clase media, Tyler? La capacidad para posponer el placer».

En fin, no sigo porque os voy a volver locos, pero que sepáis que esto fue parte del «viernes sepia». No puede dejar de fascinarme esa manera publicitaria de contar el siglo XX (y principios del XXI), una sociedad totalmente basada en el consumismo o la marca…

Fotografía de Tokyo Tanehaus.

Un puñado de enlaces

Estoy en sequía. No sé si es que en mi vida no pasan cosas o es que pasan demasiadas (conseguir ayer no salir en todo el día de casa fue todo un logro que no siempre logro permitirme), pero no sé qué escribir realmente. No tengo juicy stuff para vosotros…

Podría, por ejemplo, recomendaros una visita a The Sartorialist, el famoso blog de outfits cazado en las calles de NYC pero si os gusta la moda seguro que ya lo conocéis y lo tenéis en vuestro lector.

Por otro lado también podría invitaros a disfrutar de los muchos y variados enlaces que tiene Mira y Calla, un blog de ilustración y fotografía que recopila cosas muy interesantes y chulas, al igual que Who Killed Bambi.

Si lo que os gusta es la literatura, no podría negar que soy devota a Regina ExLibris, la librera más analítica de todo el territorio nacional. También me gusta mucho el Lector Constante, fuente inspiradora de algunas lecturas.

Espero que alguno de ellos sepa entreteneros en esta lluviosa tarde de septiembre. A mi me entretienen todos y cada uno… amén.

Ilustración de una Pullip, de Emily.

¿Qué tiene Harry Potter?

A pesar de que no me he convertido en una adicta típica de Harry Potter (de esas que se leen el siguiente libro en inglés hasta que lo traducen al español), he de confesar que me he “medio enganchado” a sus correrías mágicas.

De verdad que no sé cómo sucedió. Comenzó hace 5 o 6 años, cuando el hijo de la entonces novia de mi padre me dejó el primer volumen. Fue entonces cuando dije: “buahhh, qué mal escrito está. No me gusta nada“. Y ahí lo dejé.

El año pasado, no sé cómo, el segundo tomo acabó en mis manos y decidí darle una oportunidad (siempre me permito libros “livianos” cada 2 o 3 libros maravillosos), con lo que empecé a leerlo. A los pocos meses mi primo me dejó el tercer volumen, luego el cuarto y finalmente el quinto (que acabé la semana pasada, tampoco es que haya ido corriendo, y lei varios libros por el camino).

Ahora estoy en el sexto libro, y penúltimo de la saga, que me lo ha prestado mi compañera de trabajo. Y sí, se nota evolución literaria desde la novela 1 a la 6, además de una interesante evolución en algunos personajes (otros siguen siendo igual de planos), con lo cual no todo el camino ha sido en balde.

¿Qué es lo que tiene Harry Potter para obligarnos a seguir leyendo aunque no seamos fans acérrimos? No lo sé… pero engancha.

Ilustración de Shay Plummer.

Junot Díaz: radiografía de la República Dominicana.

Tuvo que ganar el premio Pulitzer en 2008 para que todo el mundo se diera cuenta de su talento y su especial estilo que narra con frescura, conocimiento e ironía la vida de los emigrantes dominicanos en Nueba Yol… hablo de Junot Díaz, la revelación literaria (¿latina? Escribe en inglés, casi en Espanglish) del año.

La novela que leí, por la que le dieron el Pulitzer (la única editada en España, por cierto), titulada “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” es, desde el título, un soplo de aire fresco para la literatura latina (felizmente anclada en el realismo mágico y/o político), abrazándola desde el punto de vista de quien se fue lejos en busca de un futuro mejor.

Y es esta novela la que ha vuelto a hacer que algunos dominicanos, escépticos con la calidad cultural de su paisito (apesadumbrados y alicaídos al ser llamados tercermundistas, en lugar de encauzar su creatividad en esa crisis perpetua), se sientan orgullosos de su nación y de su literatura, que canta a los cuatro vientos los tópicos de la media isla que no suelen saber los extranjeros (estaba a un pariente blanco de ser jabá…).

El relato de Díaz comienza con la infancia de Wao (un jovencito que en preescolar ya tiene dos novias, prometiéndose como el donjuán dominicano que su familia espera, pero de repente ellas le piden que elija y su decisión, incorrecta, por supuesto, le lleva a ser abandonado la semana siguiente y comenzar a engordar hasta convertirse en el Oscar Wao nerdoso y solitario de su adolescencia), pero rápidamente pasa a contar la historia de la familia, supuestamente marcada por el fukú (Zafa!), o un gafe que se hereda de generación en generación, y cómo ha hecho más fuertes a los que han sobrevivido.

La novela, narrada (de forma velada) por el único “amigo” de Óscar, Yunior (compañero de habitación en la universidad y novio de su hermana Lola), se divide en tres partes: la primera, que es un avance del futuro familiar, la segunda que es un retroceso al pasado de la familia (los orígenes de su fukú, muy vinculados al Trujillato) y la tercera, el breve desenlace, que casi justifica el premio por sí misma.

No se olviden de su nombre: Junot Díaz. Este joven dominico-americano (que mantiene una lucha con las dos lenguas al estilo Jeckyl-Hyde) tiene todavía mucho que decir en la literatura contemporánea, en la que todavía se están marcando pautas y cada vez los estilos son más personales (no hay grandes corrientes literarias como en otras épocas, como por ejemplo el romanticismo). Su capacidad descriptiva de una sociedad como la dominicana (comparona y bulliciosa hasta extremos ridículos en muchos casos) es simplemente stunning , dando en el clavo en cientos de adjetivos que, sin duda, harán reir al lector por ser un reflejo de la (no tan triste) realidad de la media isla, marcada, desde luego, por los golpes de la historia, cuyos habitantes han tenido a bien afrontar con la mayor de las [aparentes] tranquilidades.

Al fin y al cabo es el país del ron y de las chicas en bikini, nada se inmuta en el Caribe.

Ilustración de Redcoulter.

De los 1001 libros que hay que leer antes de morir

A pesar de que conozco el famoso libro de Peter Boxall, traducido (y ampliado con más obras hispanas) por Jose-Carlos Mainer, y avalado por numerosos críticos (cuya opinión de experto no deja de ser personal), no fue hasta la pasada semana que me interesó saber qué libros había dentro y cómo de pobre era mi cultura literaria.

Del listado original me he leído tan sólo 32 de las novelas, aunque mi intención era leer unas cuantas más, ya que tengo los libros en espera (los voy retrasando por unas cosas y otras). Del listado de Mainer he leido un total de 46… una cantidad ínfima (recuerden, 1.001). Paso a relatar:

Cantar del Mio cid (Anónimo).

La Celestina (Fernando de Rojas).

Lazarillo de Tormes (Anónimo).

Las penas del joven Werther (Goethe).

Sentido y sensibilidad (Jane Austen).

Orgullo y prejuicio (Jane Austen).

Mansfield Park (Jane Austen).

Emma (Jane Austen).

Cumbres Borrascosas (Emily Brontë).

Madame Bovary (Gustave Flaubert).

Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll).

El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde).

Drácula (Bram Stoker).

Misericordia (Benito Pérez Galdós).

Platero y yo (JRJ).

Siddharta (Herman Hesse).

El asesinato de Rogelio Ackroyd (Agatha Christie).

El amante de Lady Chatterley (D.H. Lawrence).

Un mundo feliz (Aldous Huxley).

El principito (Antoine de Saint Exupéry).

Rebelión en la granja (George Orwell).

Nada (Carmen Laforet).

Ejercicios de estilo (Raymond Queneau).

La espuma de los días (Boris Vian).

El túnel (Ernesto Sábato).

El viejo y el mar (Ernest Hemingway).

Mil Grullas (Yasunari Kawabata).

Requiem por un campesino español (Ramón J. Sénder).

Los Bravos (Jesús Fernández Santos).

Lolita (Vladimir Nabokov).

Desayuno en Tiffany’s (Truman Capote).

El maestro y Margarita (Mihail Bulgakov).

Cien Años de Soledad (Gabriel García Márquez).

Entrevista con el vampiro (Anne Rice).

La insoportable levedad del ser (Milan Kundera).

El perfume (Patrick Süskind).

El amor en los tiempos del cólera (Gabriel García Márquez).

La trilogía de Nueva York (Paul Auster).

Kitchen (Banana Yoshimoto).

Como agua para chocolate (Laura Esquivel).

Un millón de vacas (Manuel Rivas).

Seda (Alessandro Baricco).

El dios de las pequeñas cosas (Arundhati Roy).

Estupor y temblores (Amelie Nothomb).

La ignorancia (Milan Kundera).

Kafka en la orilla (Haruki Murasaki).

Son un total de 46 novelas, y a mi se me antojan pocas. Me da por pensar que pierdo mi tiempo en cosas absurdas y banales… tengo que volver con más fuerza a la literatura.

Ilustración de Kavel.

Marujas ilustradas

No entiendo qué tiene de aberrante el hecho de que te guste el mundo del corazón. Es más, no entiendo que cuando digo que escribo a diario en Blogcorazon y me lo paso fenomenal, la gente me mire con cara de «pobre, es tonta, sólo sabe de farándula». ¿Tanto daño ha hecho la televisión a este país?

Pues sí, me encanta la farándula: me encanta saber qué trajes lleva quién, cuales son las últimas declaraciones de la fascinante Dita o cómo se llama el nuevo bebé de la Kidman. Y lo sé todo, y no veo la tele, y hago muchísimas otras cosas durante el día que nada tienen que ver con el showbiz.

Me molesta que la gente se sorprenda al saber que tengo, además de mi vena Gossip Girl, un trasfondo literario un tanto exigente (cuando no doy un giro hacia la chick lit), que no le meto mano a un libro de Dan Brown ni de Paulo Coelho ni en broma, que disfruté al máximo novelas como Madame Bovary o El maestro y Margarita.

¿Es que una persona a la que le guste la farándula no le puede gustar la literatura? Me río yo de esas generalizaciones. Para muestra mi botón.

Ilustración de Karen Ilagan.