Más allá del ahumado barrio rojo

Picture 1

Que sí, que todos sabemos de Ámsterdam que hay muchos canales, que están al nivel del mar, que tienen un barrio rojo caliente (y multicultural) y un orgullo sin parangón por ser el porródromo oficial de Europa. Pero uno llega allí y constata que, efectivamente, la pequeña ciudad nórdica es eso y mucho más.

No os voy a engañar. No tuve un flechazo. No hubo feeling inmediato (me ha pasado con otras ciudades no-tan-grandes como Gotemburgo o Lyon). No pensé en “quedarme seis meses y escribir un libro”, como me ocurre siempre que algún sitio me fascina mucho.

Pero (y hay que darle al César lo que es del César), he aprendido a admirar su diseño de interiores. Son unos verdaderos artistas. Quiero todas las sillas, mesas, camas, etc. que he visto. Me encanta la sobriedad de las líneas, las buenas combinaciones que hacen. Creo que es algo que les sale innato.

También me ha encantado la bicicleta. Ese medio de transporte tan infravalorado en éste, nuestro país. ¿Por qué? ¡Quiero poder ir a trabajar en bicicleta sin pensar que es un verdadero riesgo para mi vida! El asunto de las cuestas ya me lo bisnearé como pueda. Ahí queda eso.

Y, además, no quiero dejar de recomendar ese estupendo Bed and Breakfast en el que dormimos, Kien. Era un apartamentito chiquitito con patio propio. Una verdadera joya para ayudarnos a sentirnos más de la ciudad. No estábamos en una habitación de hotel, sino en “nuestra casita”. Martin, su dueño, es de lo más encantador.

La de la foto, adivinen, soy yo. Hecha por JFK.

Merry-go-round

6a584e5c83f0f813a810bf3a7b97ff1b

¿Para qué empezar un post más diciendo lo mucho que he tardado en volver a escribir, lo mucho que tengo abandonado a Zelestina y lo mucho que prometo volver a escribir asiduamente pronto? Pues no, paso de quejarme de mi misma una vez más. Esta vez simplemente haré recap de estos últimos tiempos. Borrón y cuenta nueva. Esperen esta semana otro post más. Como mínimo. ¡Tengo tiempo libre! Y lo he aprovechado en:

- Pasar un fin de semana de LUJO en Torrescárcela. Con gente de LUJO. Con visitas a bodegas de LUJO. Con una tasa de vino en sangre también bastante fancy.

- Cantar sin parar lo bello que es Israel. Wendy Sulca, Delfín Hasta el Fin y La Tigresa del Oriente son el nuevo gran descubrimiento. Para que luego digan de los hombres feos. Éste ya se ha hecho su huequito en Ecuador.

- Ver un partido de suizos en Madrid: Federer contra Wawrinka. Está claro quien ganó. Antes de ello nos habían hecho un tratamiento Chronologiste en el Sky Lounge que tenía Dessange en la Caja Mágica. Y a los que me vuelvan a preguntar sobre el cátering… NO, no lo probé. Pero tengo un pelazo…

- Probar un tratamiento antiedad de Selvert Thermal, el Cell Vitale. Quedarme dormida mientras me aplican el principio activo. Maravillarme cuando, al final, prácticamente no tenía mis clásicas arrugas de expresión en la frente.

- Recordar la frase que me dijo alguien muy querido: “En este trabajo echas muchas horas, pero lo bueno son las prevendas”.

- Cenar con Laura Nieto en casa. Hacerle medio pollito de Rúa al horno. Hablar sobre gatos, maldades, futuribles, pasadibles y demás historias. Beber tres botellas de vino (una por persona).

- Caminar por la orilla del río hasta pasado el Vicente Calderón. Deporte de viejos.

- Pensar en anotar todo esto en el blog para… ¡comenzar a cero en el próximo post!

Imagen de Trixy Pixie.

Uno rápido… ¡y a correr!

moer_smile_by_k_BOSE

Cosas ajenas a Zelestina en las que he invertido mi tiempo en los últimos días:

- Visitar la expo Irving Penn Portraits en la National Portrait Gallery. Un must para amantes de la fotografía, de la moda y del arte (así, en general). Delicatessen.

- Caminar por los alrededores de Shoreditch House con Helena Christensen. Comer con ella. Yo y otros 15 periodistas de toda Europa.

- Ir a una clase de Yukari Fit to Flex (gracias a Reebok). Darme cuenta de que soy flexible, pero como no hago deporte las agujetas me crujen.

- Recibir un masaje después de la clase de Yukari Fit to Flex. Cansarme más que el deporte.

- Conocer a una persona inspiradora: en lugar de dedicar el tiempo libre al shopping lo aprovecha en hacer deporte. Me confesó que en su redacción durante la hora de comer se va a correr. Coqueteo con la ilusión de que yo también podría aprovechar para eso. Ilusa de mí.

- Poner cara, voz y sonrisas a una de las bloggers de moda más interesantes: Gala González.

- Hablar con una galesa que insistía en que el galés se parece al italiano. Quedar con ella para el próximo fin de semana en Madrid para acabar la discusión delante de unas cervezas.

- Ir a la boda de un gran amigo, con grandes amigos. Pasármelo de muerte. Volver con Chito a casa. Y dolor de pies por los tacones. Manía a Pura López.

- Ir a la exposición más exitosa de la temporada en Madrid: Impresionismo, un nuevo renacimiento, en la fundación Mapfre. Enamorarme, pero quejarme de lo chiquitito que se queda. Tengo hambre de más impresionistas.

- Pensar que el próximo post ha de ser sobre literatura… sentir la necesidad de acabar un libro. Que ya hace mucho tiempo.

Ilustración de K-Bosé.

On my knees

knees_by_cut_and_paste

El sábado acabó de sopetón. Unos tacones, un bache y varios brebajes me pusieron de rodillas en la Pablo Casals. A tan sólo unos metros de casa, despues de ver a quien tenía que ver y pasármelo como me lo tenía que pasar.

Un tropezón lo tiene cualquiera. Lo importante es levantarse (y sentir el nacimiento de un hematoma más). Una es torpe, pero feliz. ¡Qué bien me lo pasé! Gracias a todos con quienes estuve :)

Y que vivan las penúltimas.

Foto de cut & paste.

Sin título

Anatomical_Asphyxia_by_stuntkid

Hoy fui al centro después de mucho tiempo. Bueno, trabajo en el centro, pero no camino mucho más allá de Chueca-Tribunal. Hoy fui a Callao. No sabía que lo habían hecho totalmente peatonal. Qué plaza tan amplia de repente, ¿no?

Estuve en la Fnac, en busca de un libro de bolsillo. Estuve en el Corte Inglés en busca de calcetines y leotardos, aunque acabé también por comprar jalea real con ginseng. No logré encontrar bolsas para la aspiradora, no distribuyen Daewoo.

Es el primer día en mucho tiempo que me voy de compras. Con lo que me gusta. Y encima no lo he podido disfrutar de okebi. Ando con la tubaritis a vueltas y el mundo es un gran tiovivo del que subo y bajo constantemente.

Me guardo las ganas de shopping para la semana que viene. Seguro que ya se me ha pasado la tubaritis y tengo algo más de tiempo. Mientras tanto, encierro voluntario en casa. Yummy yummy :)

Sigo viva, sí. Feliz y sin tiempo :)

Ilustración de Stuntkid.

Diez cosas que hice este fin de semana

Picture 1

1. Comer y disfrutar con ocho personas diferentes a lo largo de los dos días. Lo de no cocinar ni comer en casa sigue siendo un gustazo reservado a los fines de semana. Rechazar otras tantas invitaciones por falta de tiempo.

2. Acabar de leer “En Grand Central Station me senté y lloré” y quedarme maravillada con esa prosa poética que hoy en día es rara avis. Lamentarme porque lo próximo que lea no llegará al nivel.

3. Tener una conversación sobre aquella vez que ibamos en el coche en Galicia y se nos cruzó un zorro. En el mismo viaje en que se nos cruzó un erizo. Justo un viaje después de que se nos cruzara un ciervo.

4. Planear un viaje ajeno a Londres. Pensar en un viaje propio a París en marzo, que empieza una expo sobre Yves Saint Laurent.

5. Quedarme sin batería y salir sin móvil de casa. Disfrutar de no estar atada a nada. Ser yo. Desear ser yo más habitualmente.

6. Subir y bajar ocho pisos para conseguir como respuesta nada más que un número: 66.

7. Cambiar la arena al gato, poner un lavavajillas, dos lavadoras, cambiar sábanas, doblar ropa, cocinar en previsión (hasta el martes) y tomarme un té a ritmo de Google Reader.

8. Ver Planet 51 (justo después de acabar este post).

9. Decir la frase “Yo sé que valgo mucho” y creérmela definitivamente. Disponerme a demostrarla día a día. Nunca es tarde.

10. Escribir y programar este post para que salga a mitad de semana y no parezca que Zelestina está desangelado.

Fotografía de Diastema.

Haciendo planes

2525479427_af76501380

Por fin hemos cerrado el primer número de Harper’s Bazaar (¡podéis verlo a final de la semana que viene en vuestro quiosco habitual!) y, aunque no hay demasiado tiempo para relajarse (hay que volver a coger carrerilla para el número 2), ya tengo planes para este fin de semana. Y, desde luego, no incluyen fiestas ni interacciones sociales. Necesito silencio, un buen té y una mantita.

Acabar de leer “Maneras de no hacer nada“, de María Vela Zanetti. Me da mucha rabia no haber tenido tiempo para leerlo en el último mes, porque ME ENCANTA. Una sabia recomendación de Roberto Enríquez.

Leer la Vogue París, las últimas Nylon (¿nunca se me acabará su damned suscripción?) y las ediciones de fin de semana de los periódicos nacionales (que sepáis que El País está regalando pelis los domingos).

Comenzar a leer “En Grand Central Station me senté y lloré“, un libro que me han recomendado desde Paloma Leyra hasta Anabel Vázquez… con esas recomendaciones no puedo sino ponerme a leerlo en cuanto pueda .

Así que, Baldomero, get ready, porque nos espera un finde de ronroneo y libros bajo las mantas. Ojalá que llueva…

Me pongo a ello.

Foto de Marco Graziani.

En familia

navidad09

Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

Retales de Salamanca (y un hervor abulense)

3995855874_a2cbb70325

- Deberíamos haber sabido que era un viaje de anécdotas, ya que antes de llegar a Salamanca nos pararon en la carretera unos Guardias Civiles a los que Andreaki preguntó si estaban haciendo un control de rutina y al no recibir respuesta satisfactoria por parte de los mismos acabó diciendo “disculpe, es que no conozco bien las costumbres de este país”, como si eso fuera lo que más la podía ayudar en el momento.

- El Hotel Rector (el hotel boutique del que os hablé en el post anterior) resultó ser todo lo maravilloso que prometía. No sólo me encantó que el hall, con cómodos sofás, estaba lleno de coffee books interesantísimo y ejemplares de la edición norteamericana de Harper’s Bazaar, sino que las cortinas de las habitaciones eran de una tela diseñada por Mariano Fortuny. Ahí queda eso.

- La Casa Lis, el museo del Art Nouveau y el Art Déco, es uno de los principales lugares que yo recomendaría a la hora de visitar Salamanca (basándome, eso sí, en mi breve experiencia de un día). El edificio es ya de por sí impresionante, pero la amplísima colección de objetos art déco (de personajes con tanto peso como Lalique o Preiss) le da un espectacular valor añadido. Yo salí de allí casi con la boca abierta.

- Durante el paseo de rigor por la tienda del museo vi a Toño enseñándole a una desconocida una fotografía con unos pechos. Él pensaba que estaba hablando con su novia. Se quedó a cuadros de vichy.

- Es posible llorar de miedo en la Salamanca de Salamanca. JFK me metió un susto increíble en una zona oscura del que tardé algunos minutos en recuperarme. Lágrimas por cortesía de la casa.

- Unamuno estuvo siempre presente en mi memoria gracias a su poesía “Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla”. Lástima que cuando pude recitar el texto se borró de mi mente.

- Encontré la rana de la universidad (con ayuda, menos mal que ya acabé mi carrera), también vi el astronauta y el monstruito con un helado. El astronauta fascinó a JFK, qué pop es.

- Mi abuelo tiene el dicho de que no existe el frío, que lo que existe es el hambre. Esto sólo es porque él no ha estado en Salamanca. Comimos muchísimo (había que disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, de la caida de precios y buen sabor de los jamones de Guijuelouu, que no nos quitaron a Gary Dourdan de la cabeza) y pasamos un frío del demonio. Ni conejo francés, ni guantes de cuero, ni bufanda y gorro consiguieron librarme de un catarro incipiente.

- El chuletón de Ávila se merece la fama que le precede. Me pregunto si el cochinillo también la avalará… lo dejaremos para próximas y golosas visitas, que no caminamos mucho por la ciudad debido a que…

- ¿En todas las ciudades de Castilla estaba haciendo frío este fin de semana? Madre mía.

PS: Definitivamente, hay gente con la que es divertido viajar. ¡Qué bien me lo pasé! :)

Ilustración de Modus Lotus

Casi preparando la maleta para Salamanca

3962050564_aa5bd4666d

Hacía ya un tiempito que no salía de Madrid (corregidme si me equivoco, pero creo que desde que volvimos de Londres, el 31 de agosto, no hemos vuelto a salir de la capital para nada), y nos surgió la oportunidad de irnos un fin de semana con Andreaki y Mr. Fraguas a Salamanca.

Ahora es cuando os digo que nunca he ido a Salamanca (tan cerca y tan lejos) y vosotros me matáis por ser tan dejada de la vida y no hacer nada de turismo interno en mi propio país (este año fue la primera vez que estuve en San Sebastián y Santander, por ejemplo). Debería corregir eso, pero reconocedme que el hecho de no tener coche propio limita un poco este tipo de turismo que, de otro modo, sería una golosina para mi vida viajera.

Así que aprovechándonos de que el Sr. Fraguas tiene un coche (y un amigo en Salamanca con un hotel boutique que suena a ensueño), hemos decidido preparar el maletaje (para una noche, vamos una bolsita de viaje) y todas las ganas del mundo. ¡Allá vamos Salamanca (léase salamonq, que estoy leyendo todo en francés para estudiar más para el examen del lunes).

Todavía no sé qué muda meteré en la maleta, pero sí sé que me quiero llevar mi abrigo vintage de conejo francés, un verdadero talismán contra el frio. Me encanta disfrazarme de señora. No sé si ponerme también unas perlas.

Ilustración de Kimie Kimie