
- Deberíamos haber sabido que era un viaje de anécdotas, ya que antes de llegar a Salamanca nos pararon en la carretera unos Guardias Civiles a los que Andreaki preguntó si estaban haciendo un control de rutina y al no recibir respuesta satisfactoria por parte de los mismos acabó diciendo “disculpe, es que no conozco bien las costumbres de este país”, como si eso fuera lo que más la podía ayudar en el momento.
- El Hotel Rector (el hotel boutique del que os hablé en el post anterior) resultó ser todo lo maravilloso que prometía. No sólo me encantó que el hall, con cómodos sofás, estaba lleno de coffee books interesantísimo y ejemplares de la edición norteamericana de Harper’s Bazaar, sino que las cortinas de las habitaciones eran de una tela diseñada por Mariano Fortuny. Ahí queda eso.
- La Casa Lis, el museo del Art Nouveau y el Art Déco, es uno de los principales lugares que yo recomendaría a la hora de visitar Salamanca (basándome, eso sí, en mi breve experiencia de un día). El edificio es ya de por sí impresionante, pero la amplísima colección de objetos art déco (de personajes con tanto peso como Lalique o Preiss) le da un espectacular valor añadido. Yo salí de allí casi con la boca abierta.
- Durante el paseo de rigor por la tienda del museo vi a Toño enseñándole a una desconocida una fotografía con unos pechos. Él pensaba que estaba hablando con su novia. Se quedó a cuadros de vichy.
- Es posible llorar de miedo en la Salamanca de Salamanca. JFK me metió un susto increíble en una zona oscura del que tardé algunos minutos en recuperarme. Lágrimas por cortesía de la casa.
- Unamuno estuvo siempre presente en mi memoria gracias a su poesía “Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla”. Lástima que cuando pude recitar el texto se borró de mi mente.
- Encontré la rana de la universidad (con ayuda, menos mal que ya acabé mi carrera), también vi el astronauta y el monstruito con un helado. El astronauta fascinó a JFK, qué pop es.
- Mi abuelo tiene el dicho de que no existe el frío, que lo que existe es el hambre. Esto sólo es porque él no ha estado en Salamanca. Comimos muchísimo (había que disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, de la caida de precios y buen sabor de los jamones de Guijuelouu, que no nos quitaron a Gary Dourdan de la cabeza) y pasamos un frío del demonio. Ni conejo francés, ni guantes de cuero, ni bufanda y gorro consiguieron librarme de un catarro incipiente.
- El chuletón de Ávila se merece la fama que le precede. Me pregunto si el cochinillo también la avalará… lo dejaremos para próximas y golosas visitas, que no caminamos mucho por la ciudad debido a que…
- ¿En todas las ciudades de Castilla estaba haciendo frío este fin de semana? Madre mía.
PS: Definitivamente, hay gente con la que es divertido viajar. ¡Qué bien me lo pasé! :)
Ilustración de Modus Lotus