Sin título

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Hoy fui al centro después de mucho tiempo. Bueno, trabajo en el centro, pero no camino mucho más allá de Chueca-Tribunal. Hoy fui a Callao. No sabía que lo habían hecho totalmente peatonal. Qué plaza tan amplia de repente, ¿no?

Estuve en la Fnac, en busca de un libro de bolsillo. Estuve en el Corte Inglés en busca de calcetines y leotardos, aunque acabé también por comprar jalea real con ginseng. No logré encontrar bolsas para la aspiradora, no distribuyen Daewoo.

Es el primer día en mucho tiempo que me voy de compras. Con lo que me gusta. Y encima no lo he podido disfrutar de okebi. Ando con la tubaritis a vueltas y el mundo es un gran tiovivo del que subo y bajo constantemente.

Me guardo las ganas de shopping para la semana que viene. Seguro que ya se me ha pasado la tubaritis y tengo algo más de tiempo. Mientras tanto, encierro voluntario en casa. Yummy yummy :)

Sigo viva, sí. Feliz y sin tiempo :)

Ilustración de Stuntkid.

Diez cosas que hice este fin de semana

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1. Comer y disfrutar con ocho personas diferentes a lo largo de los dos días. Lo de no cocinar ni comer en casa sigue siendo un gustazo reservado a los fines de semana. Rechazar otras tantas invitaciones por falta de tiempo.

2. Acabar de leer “En Grand Central Station me senté y lloré” y quedarme maravillada con esa prosa poética que hoy en día es rara avis. Lamentarme porque lo próximo que lea no llegará al nivel.

3. Tener una conversación sobre aquella vez que ibamos en el coche en Galicia y se nos cruzó un zorro. En el mismo viaje en que se nos cruzó un erizo. Justo un viaje después de que se nos cruzara un ciervo.

4. Planear un viaje ajeno a Londres. Pensar en un viaje propio a París en marzo, que empieza una expo sobre Yves Saint Laurent.

5. Quedarme sin batería y salir sin móvil de casa. Disfrutar de no estar atada a nada. Ser yo. Desear ser yo más habitualmente.

6. Subir y bajar ocho pisos para conseguir como respuesta nada más que un número: 66.

7. Cambiar la arena al gato, poner un lavavajillas, dos lavadoras, cambiar sábanas, doblar ropa, cocinar en previsión (hasta el martes) y tomarme un té a ritmo de Google Reader.

8. Ver Planet 51 (justo después de acabar este post).

9. Decir la frase “Yo sé que valgo mucho” y creérmela definitivamente. Disponerme a demostrarla día a día. Nunca es tarde.

10. Escribir y programar este post para que salga a mitad de semana y no parezca que Zelestina está desangelado.

Fotografía de Diastema.

Haciendo planes

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Por fin hemos cerrado el primer número de Harper’s Bazaar (¡podéis verlo a final de la semana que viene en vuestro quiosco habitual!) y, aunque no hay demasiado tiempo para relajarse (hay que volver a coger carrerilla para el número 2), ya tengo planes para este fin de semana. Y, desde luego, no incluyen fiestas ni interacciones sociales. Necesito silencio, un buen té y una mantita.

Acabar de leer “Maneras de no hacer nada“, de María Vela Zanetti. Me da mucha rabia no haber tenido tiempo para leerlo en el último mes, porque ME ENCANTA. Una sabia recomendación de Roberto Enríquez.

Leer la Vogue París, las últimas Nylon (¿nunca se me acabará su damned suscripción?) y las ediciones de fin de semana de los periódicos nacionales (que sepáis que El País está regalando pelis los domingos).

Comenzar a leer “En Grand Central Station me senté y lloré“, un libro que me han recomendado desde Paloma Leyra hasta Anabel Vázquez… con esas recomendaciones no puedo sino ponerme a leerlo en cuanto pueda .

Así que, Baldomero, get ready, porque nos espera un finde de ronroneo y libros bajo las mantas. Ojalá que llueva…

Me pongo a ello.

Foto de Marco Graziani.

En familia

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Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

Retales de Salamanca (y un hervor abulense)

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- Deberíamos haber sabido que era un viaje de anécdotas, ya que antes de llegar a Salamanca nos pararon en la carretera unos Guardias Civiles a los que Andreaki preguntó si estaban haciendo un control de rutina y al no recibir respuesta satisfactoria por parte de los mismos acabó diciendo “disculpe, es que no conozco bien las costumbres de este país”, como si eso fuera lo que más la podía ayudar en el momento.

- El Hotel Rector (el hotel boutique del que os hablé en el post anterior) resultó ser todo lo maravilloso que prometía. No sólo me encantó que el hall, con cómodos sofás, estaba lleno de coffee books interesantísimo y ejemplares de la edición norteamericana de Harper’s Bazaar, sino que las cortinas de las habitaciones eran de una tela diseñada por Mariano Fortuny. Ahí queda eso.

- La Casa Lis, el museo del Art Nouveau y el Art Déco, es uno de los principales lugares que yo recomendaría a la hora de visitar Salamanca (basándome, eso sí, en mi breve experiencia de un día). El edificio es ya de por sí impresionante, pero la amplísima colección de objetos art déco (de personajes con tanto peso como Lalique o Preiss) le da un espectacular valor añadido. Yo salí de allí casi con la boca abierta.

- Durante el paseo de rigor por la tienda del museo vi a Toño enseñándole a una desconocida una fotografía con unos pechos. Él pensaba que estaba hablando con su novia. Se quedó a cuadros de vichy.

- Es posible llorar de miedo en la Salamanca de Salamanca. JFK me metió un susto increíble en una zona oscura del que tardé algunos minutos en recuperarme. Lágrimas por cortesía de la casa.

- Unamuno estuvo siempre presente en mi memoria gracias a su poesía “Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla”. Lástima que cuando pude recitar el texto se borró de mi mente.

- Encontré la rana de la universidad (con ayuda, menos mal que ya acabé mi carrera), también vi el astronauta y el monstruito con un helado. El astronauta fascinó a JFK, qué pop es.

- Mi abuelo tiene el dicho de que no existe el frío, que lo que existe es el hambre. Esto sólo es porque él no ha estado en Salamanca. Comimos muchísimo (había que disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, de la caida de precios y buen sabor de los jamones de Guijuelouu, que no nos quitaron a Gary Dourdan de la cabeza) y pasamos un frío del demonio. Ni conejo francés, ni guantes de cuero, ni bufanda y gorro consiguieron librarme de un catarro incipiente.

- El chuletón de Ávila se merece la fama que le precede. Me pregunto si el cochinillo también la avalará… lo dejaremos para próximas y golosas visitas, que no caminamos mucho por la ciudad debido a que…

- ¿En todas las ciudades de Castilla estaba haciendo frío este fin de semana? Madre mía.

PS: Definitivamente, hay gente con la que es divertido viajar. ¡Qué bien me lo pasé! :)

Ilustración de Modus Lotus

Casi preparando la maleta para Salamanca

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Hacía ya un tiempito que no salía de Madrid (corregidme si me equivoco, pero creo que desde que volvimos de Londres, el 31 de agosto, no hemos vuelto a salir de la capital para nada), y nos surgió la oportunidad de irnos un fin de semana con Andreaki y Mr. Fraguas a Salamanca.

Ahora es cuando os digo que nunca he ido a Salamanca (tan cerca y tan lejos) y vosotros me matáis por ser tan dejada de la vida y no hacer nada de turismo interno en mi propio país (este año fue la primera vez que estuve en San Sebastián y Santander, por ejemplo). Debería corregir eso, pero reconocedme que el hecho de no tener coche propio limita un poco este tipo de turismo que, de otro modo, sería una golosina para mi vida viajera.

Así que aprovechándonos de que el Sr. Fraguas tiene un coche (y un amigo en Salamanca con un hotel boutique que suena a ensueño), hemos decidido preparar el maletaje (para una noche, vamos una bolsita de viaje) y todas las ganas del mundo. ¡Allá vamos Salamanca (léase salamonq, que estoy leyendo todo en francés para estudiar más para el examen del lunes).

Todavía no sé qué muda meteré en la maleta, pero sí sé que me quiero llevar mi abrigo vintage de conejo francés, un verdadero talismán contra el frio. Me encanta disfrazarme de señora. No sé si ponerme también unas perlas.

Ilustración de Kimie Kimie

Puesto el árbol ya es navidad

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Yo os hago caso, y siempre me decís que el árbol de navidad se ha de poner alrededor del puente de la Inmaculada (aunque se me olvida de año en año), así que hoy ha sido el día indicado para montarlo en casa.

Sigue siendo aquel árbol rosa Schiaparelli, kitsch a más no poder. También sigue incluyendo bolas y reyes de chocolate en su decoración, todo un clásico en mi vida y que, además, dan un buen olor a chocolate en la habitación que ni os imagináis.

La verdad es que, a día de hoy, a mi me encanta la navidad, pero (como todo el mundo) he tenido rachas de no soportarla. Incluso en esas rachas he mantenido la tradición de comprar mis tres reyes magos de chocolate. Indoloras reminiscencias de la infancia que, probablemente, me hacen sentir más segura en este entorno hostil que es la vida adulta.

Tendremos toda la parafernalia decorativa (lucecitas incluidas, pero sin música) hasta el 6 de enero y luego, mientras todos comienzan la dieta post navideña, JFK y yo nos pondremos ciegos a bolitas de navidad, porque no vamos a tener en casa ningún otro dulce típico de la época.

PS: ¿No os parece que los Reyes Magos de chocolate cada año los hacen más feos? No sé, quizá soy la única que le presta atención a su deterioro físico :P

Imagen de nuestra decoración navideña antes de colocarse en el árbol.

Resumen del fin de semana

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Es domingo. Estoy tranquila en casa desayunando. He dormido toda la noche después de pasar un sábado más que tranquilo en el que el único movimiento fue salir a correr un ratito. Esto es un placer. Un fin de semana de descanso siempre se agradece (aunque no siempre sea necesario).

Finalmente el SIMO Network no pudo ir mejor. No hubo quejas de la moderación de twitter ni tampoco de mi gestión del twitter oficial, por lo que mi trabajo se cumplió perfectamente. Me fui contenta de lo que había hecho y, sobre todo, del buen ambiente de trabajo que se respiraba.

Y es que trabajé allí con dos equipazos que dan gusto, los de Agora News (que fueron quienes me contrataron para estos días) y los de Pixel y Dixel. Me lo pasé increíble, así da gusto trabajar. :)

Lo malo vino el jueves por la noche y el viernes por la noche: ambas noches (no sé si como forma de liberar la tensión acumulada de estar todo el día con twitter en la cabeza) tuve sendas y horrorosas pesadillas pensando que no había actualizado el twitter, y que debería haberlo hecho… parece estúpido pero en el momento fue muy angustioso, porque eran muy reales y se suponía que no estaba haciendo mi trabajó.

Al final aquí estoy, en el domingo de descanso tras una semana movidita. Sólo me queda, esta tarde, una bendita partida de Trivial. La vida, a veces, es maravillosa.

Fotografía de Antonella Arismendi.

Descanso para el finde

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Desde que volvimos a Madrid la vida ha sido un huracán de acontecimientos: entrevistas laborales, reencuentro con amigos y familia, compras y arreglos varios, etc.

Así que, plantando cara al ajetreo habitual, decreto este fin de semana como tiempo de relax en el hogar. Las únicas salidas permitidas serán las relacionadas con la alimentación, y aún así, habrá restricciones (el take away siempre es una buena solución).

El lunes mi vida volverá a sufrir la habitual congestión de agenda, de la que probablemente no os pueda hablar hasta octubre. Me estoy mordiendo la lengua, pero con gustico. Top secret.

Además, el lunes también vuelvo a la dieta. Este verano mi cuerpo ha esponjado y tengo que quitarme los kilos de más. ¡Vuelvo al choque de piña y de gazpacho!

Por cierto, que también estamos (este plural somos JFK y yo) preparando un proyecto nuevo en la red, muy relacionado con Nono+Chic, mi tumblr (adicta me tiene). A ver cómo va saliendo todo, que ya va con un par de meses de retraso…

Y, no quiero ser demasiado avariciosa, pero también me encantaría [este fin de semana] acabar Fashion Babylon e hincar el diente a algún novelón de categoría. Eso está en interrogante.

¿Y cual es vuestro plan de fin de semana?

Fotografía de Vishudda.

Edimburgo: Haggis y cervezas

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Tras pasar tres días en Edimburgo, la verdad es que no podemos estar más emocionados con la belleza de esa ciudad, con lo rico de sus comidas (rápidamente nos hicimos fans de los haggis, su plato nacional), de sus bebidas (yo me fui por la rama cervecera y JFK se animó a probar varios whiskeys), de sus castillos y palacios (vale, son sólo dos en la ciudad, pero están increíbles) y hasta con su obsesión por los patterns de los kilts de los clanes en cada esquina.

Sin haberlo planeado el viaje coincidió con el Festival Fringe, la segunda parte del Festival de Edimburgo que todos los veranos llena de vida la ciudad con millones de actividades culturales a disposición de los locales y turistas. La Royal Mile parecía un hervidero de hormiguitas y el acceso al tráfico rodado se había prohibido. Para más inri no había mesa para cenar en prácticamente ningún restaurante y era díficil dar tres pasos sin ser abordado por panfleteros promocionando este o aquel espectáculo (gratuito o previo pago). Una mezcla muy interesante pero de la que logramos abstenernos a tiempo. Teníamos cosas que hacer (al final el tiempo se nos quedó justo, somos algo lentos)…

Y, así es, nos dio tiempo a ver el Castillo de Edimburgo (cuesta dinero, pero dentro te encuentras a guías muy competentes que te dan tours gratuitos e interesantes hablándote de la historia local que, la verdad, yo desconocía bastante), el Palacio de Holyroodhouse (residencia escocesa de la Reina, con otro tour gratuito, esta vez en forma de guía audio), la estatua de Bobby Greyfriars o Calton Hill (el improvisado y bello “Atenas del Norte”) entre otras muchas calles y tiendas (siempre hay que pararse en las tiendas).

Una verdadera lástima que no organizáramos con más tiempo el viaje. Así podríamos haber aprovechado uno de los días para viajar un poco más al norte y darnos una paliza por las Highlands, tratar de ver a Nessie o incluso adentrarnos en las cosmopolitas calles de Glasgow… para otro viaje tendrá que ser, si es que toca.

Por cierto, los viajes en tren son una gozada. Tardamos menos de 5 horitas en cada viaje y siempre con una atención impecable: carritos de comida y bebida cada 2×3, tranquilidad en los asientos… me encantó el hecho de venir leyendo (hoy llovió todo el trayecto) y viendo la lluvia caer. ¿No es totalmente bucólico pensar en ir de Escocia a Inglaterra en un tren mientras lees y ves la lluvia caer? A lo mejor es que soy una romántica…

Nos adentramos, tras este post, en la última semana en Londres… hay que apretar el acelerador a ver si da tiempo a todo…

Imagen, como siempre, de JFK. La del abrigo amarillo, como siempre, soy yo. Entrada del palacio de Holyroodhouse.