A Saco

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Ya lo he ido diciendo por la calle. Si estáis en Madrid y tenéis muchas ganas de ir al teatro, quizá no sabría qué recomendaros. Pero sí sé qué insistiros en evitar. Se llama A Saco y la representan en el Teatro del Arenal.

El único problema es que ayer no lo sabía, y fui a verla. Y me llevé a amigos para que la “disfrutasen” conmigo. Y pasé más de la mitad del tiempo con el cargo de conciencia de pensar que les había metido en un embolado aburridísimo lleno de chistes pseudo-verdes.

En fin, me autoengañé leyendo la crítica, donde la calificaban de “psicodélica, cínica y cómica”. Pensé que Joe Orton era un enfant terrible de la dramaturgia (con muerte abrupta incluida). Ahora que lo pienso… puede que aún lo sea y el problema haya sido la adaptación.

Porque está claro que lo que ayer vimos no era un error de actores (magníficos, ciertamente), ni de escenario, ni de luces, ni de vestuario… era un HORROR de guión (y alguien lo tocó… porque está españolizado a tope). Aburrido, lleno de gags derecho-izquierdistas de la España del destape que no harían gracia ni a Mariano Ozores. He dicho…

(Esto puede hacer que no vayáis a verla o que corráis raudos y veloces a descubrir por vosotros mismos el esperpento representado).

PS: Y mi madre viene en dos semanas a Madrid, y pienso llevarla al teatro. No sé si pediros consejo…

Arte por Damien O’Reilly.

Diez razones para amar a Anna Paquin

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1. Porque es el vivo ejemplo de que ser estrella infantil (con Oscar incluído) en Hollywood no tiene por qué derivar en desastres como el de Britney o el de Lindsay.

2. Porque para ser canadiense tiene un estupendo acento sureño en True Blood, y un pasaporte neozelandés.

3. Porque nunca se arregló los dientes separados y, justo ahora, está de rabiosa tendencia.

4. Porque es discreta en su vida privada, pero sin venir a cuento habla de su bisexualidad para romper una lanza en un mundo de secretismos.

5. Porque tiene un registro impecable y, sin embargo, no deja de hacer blockbusters como X-Men (uno de mis favoritos, he de decir).

6. Porque podría ser una de esas actrices con una película sin estrenar por los tiempos de los tiempos. Margaret se rodó en 2005 y ahí sigue… ¡Eso es ir haciendo historia!

7. Porque trabaja a diario con su novio, el vampiro Bill Compton (Stephen Moyer) y, aún así, consigue que funcione.

8. Porque ella estaba entre vampiros antes de que llegaran los mocosos de Twilight.

9. Porque me encanta cómo potencia su propia personalidad a la hora de vestirse para los eventos (ya sea Proenza Schouler, Alexander McQueen o Stella McCartney).

10. Porque ninguna de las razones las podría aplicar a otra persona para que me gustase tanto. Porque es única. Porque ella lo sabe.

Imagen de Anna Paquin Fan.

Siendo infiel

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No he dejado de bloguear. Simplemente lo he dejado de hacer en Zelestina. Pero tranquilos, es sólo momentáneo y no me planteo (ni por una milésima de segundo) parar mi alter-ego cotilla. Para quienes crean que no estoy ya nada on-line (ni off-line), que le echen un ojo a estos posts:

+ El viernes fui a una cata de vodkas con Grey Goose. Hip Hip.

+ Cuando estuve en París me volví a rendir ante Yves Saint Laurent.

+ Y hace un par de semanas me quedé dormida en un tratamiento de belleza (porque, ya lo dicen por ahí, la belleza cansa, y a mi me tenía muerrrta).

Ya véis, polifacética que es una. Y lo mejor es lo que no cuento. Os dejo con las ganas. Por cierto, de esta no pasa: mi próximo post, sobre un libro.

Imagen de Ponygraph.

De la primera en business

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Estoy en París. Llegué esta mañana con las chicas de Paco Rabanne, que nos van a presentar por todo lo alto su novísimo perfume. Todavía no sé cual es.

Puedo confesar (y confieso) que nunca en mi vida había viajado en clase business. De hecho no tenía ni idea de lo que se cocía en la parte delantera del avión y, por fin, hoy sacié esta curiosidad. Al final no es más que sala VIP (con comida y bebida), speedy boarding y sillones extra anchos. Porque eso de que te dan comida en vuelo… ¡no es más que una tortura!

Tan cómoda iba que he dormido todo el viaje. Y cuando desperté ya estaban los cajones superiores de equipaje abiertos, repletos de bolsas de viaje de Louis Vuitton dispuestas a rockear la ciudad… otro mundo.

Ahora estoy descansando (es muy duro coger un vuelo, ir en business y luego quedar para comer… hay que tomarse un rato antes de seguir con la apretada agenda de cosas duras por hacer) en el Hotel Castille. A tan sólo unos pasos del cuartel general de Chanel. En la misma Rue Cambon. En la calle en la que ella desafió al siglo XX y le ganó la partida. Siempre pienso que hay lugares especiales, que tienen un “poso” de la historia que han vivido. Éste es uno de ellos para mi.

Por cierto… quiero preguntar por aquí a las chicas de moda ¿qué fue de Paco Rabanne (Rabaneda para los amigos)? Nunca más se supo de él ¿Verdad?. Los rumores dicen que se le fue la cabeza totalmente… pero no tengo ninguna confirmación.

¡Me pongo en modo francófono hasta el domingo, les iré contando!

(Qué dura es –a veces- la vida del periodista).

Fotografía de Felilly.

Merry-go-round

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¿Para qué empezar un post más diciendo lo mucho que he tardado en volver a escribir, lo mucho que tengo abandonado a Zelestina y lo mucho que prometo volver a escribir asiduamente pronto? Pues no, paso de quejarme de mi misma una vez más. Esta vez simplemente haré recap de estos últimos tiempos. Borrón y cuenta nueva. Esperen esta semana otro post más. Como mínimo. ¡Tengo tiempo libre! Y lo he aprovechado en:

- Pasar un fin de semana de LUJO en Torrescárcela. Con gente de LUJO. Con visitas a bodegas de LUJO. Con una tasa de vino en sangre también bastante fancy.

- Cantar sin parar lo bello que es Israel. Wendy Sulca, Delfín Hasta el Fin y La Tigresa del Oriente son el nuevo gran descubrimiento. Para que luego digan de los hombres feos. Éste ya se ha hecho su huequito en Ecuador.

- Ver un partido de suizos en Madrid: Federer contra Wawrinka. Está claro quien ganó. Antes de ello nos habían hecho un tratamiento Chronologiste en el Sky Lounge que tenía Dessange en la Caja Mágica. Y a los que me vuelvan a preguntar sobre el cátering… NO, no lo probé. Pero tengo un pelazo…

- Probar un tratamiento antiedad de Selvert Thermal, el Cell Vitale. Quedarme dormida mientras me aplican el principio activo. Maravillarme cuando, al final, prácticamente no tenía mis clásicas arrugas de expresión en la frente.

- Recordar la frase que me dijo alguien muy querido: “En este trabajo echas muchas horas, pero lo bueno son las prevendas”.

- Cenar con Laura Nieto en casa. Hacerle medio pollito de Rúa al horno. Hablar sobre gatos, maldades, futuribles, pasadibles y demás historias. Beber tres botellas de vino (una por persona).

- Caminar por la orilla del río hasta pasado el Vicente Calderón. Deporte de viejos.

- Pensar en anotar todo esto en el blog para… ¡comenzar a cero en el próximo post!

Imagen de Trixy Pixie.

Bazaar sigue creciendo

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Ay mis queridos. El otro día me regañaron. ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues por no hablar lo suficiente sobre mi trabajo por aquí. La verdad es que el regaño no fue tal, pero sí que me sirvió para reflexionar…. ¡Es verdad, casi no os he contado lo que hago en Harper’s Bazaar (Bazaar para los amigos)!

Si cogéis una revista, con tan sólo ver la mancheta editorial me podréis ubicar como redactora de belleza y actualidad pero, como en cualquier mediana empresa, al cargo principal se van sumando otros y otros y otros… y acabas liada toda la tarde en una marea de actividades diversas en las que no hay descanso ni aburrimiento posible.

A día de hoy la belleza es lo que está ocupando mi mañana. Una marea de cremas se apoltrona debajo de mi mesa, a espera de ser fotografiadas, colocadas en página y, casi al final, redactadas. Desde luego no tengo olor a pies. Y todo esto lo desarrollaré más detenidamente en sucesivos posts.

A mediodía comienza la relación con USA. Ellos llegan más tarde al trabajo, pero con una energía arrolladora. Mails van y mails vienen durante toda la tarde. Fotografías, textos, derechos, cesiones…

También por esas horas comienza mi relación “confidencial”. No es que tenga un affaire extramatrimonial (uys, ¿puede sonar más rancia una frase?), es que dedico rato a buscar posibles temas para la sección “Confidencial” de la revista, que se centra en la actualidad, diseño, arte, gastronomía, etc. Y, claro, luego trato de ejecutar los que se aprueban. Hoy mismo entrevisté a ______ (como que os lo voy a decir… no vaya a ser que alguno sea una Voguette camuflada).

Y, por supuesto, saco ratitos para tener al día el grupo de Facebook, la página de fans de Facebook y el Twitter de Bazaar. Siempre pensando en acabar de preparar la retahíla de blogs que pronto serán presentados y de los que, estoy segura, os haréis fans inmediatos. ¡Tendrán tanta alma!

Todo ello sazonado al gusto por cualquier marroncillo (del camel al chocolate) que puede caer en cualquier momento. Rápidamente se oye la palabra “Abad”…

Y la felicidad… indescriptible.

PS: Sí, los libros los encontré… podré ir este viernes a que Bob Pop me firme un ejemplar en el Círculo de Bellas Artes. Una que es fan.

Ilustración de Little Doodles

Perdiendo libros, encontrando ideas

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Sí, sé que os prometí que mi próximo post sería literario (lo que no esperábais es que fuese tan pronto), pero no hay manera. Estoy leyendo tres libros a la vez y el único que tengo conmigo es el más denso, y necesito un buen fin de semana de enclaustramiento para poder acabarlo y disfrutarlo como se merece (Sí, es Tierra Desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri, lo acaba de lanzar Salamandra, lo recomenzamos en el segundo número de Harper’s Bazaar).

Los otros dos que estoy leyendo me los guardo en el tintero. Son naïfs y golosos. Entretienen durante las tres paradas de metro que tengo de camino al trabajo. Y hasta te ponen a pensar. Pero los he perdido. Los dejé en la redacción cuando me fui a Londres la semana pasada y ya no están. Últimamente me pasa mucho. Lo de perder cosas. Ando despistada. Pero siempre vuelve todo a aparecer.

Mientras tanto leo revistas. Muchas revistas. Me empapo mucho y las miro de otra manera. Con ojos ladrones. En busca de ideas… Tampoco es mal plan.

Fotografía de CurlyTop

Uno rápido… ¡y a correr!

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Cosas ajenas a Zelestina en las que he invertido mi tiempo en los últimos días:

- Visitar la expo Irving Penn Portraits en la National Portrait Gallery. Un must para amantes de la fotografía, de la moda y del arte (así, en general). Delicatessen.

- Caminar por los alrededores de Shoreditch House con Helena Christensen. Comer con ella. Yo y otros 15 periodistas de toda Europa.

- Ir a una clase de Yukari Fit to Flex (gracias a Reebok). Darme cuenta de que soy flexible, pero como no hago deporte las agujetas me crujen.

- Recibir un masaje después de la clase de Yukari Fit to Flex. Cansarme más que el deporte.

- Conocer a una persona inspiradora: en lugar de dedicar el tiempo libre al shopping lo aprovecha en hacer deporte. Me confesó que en su redacción durante la hora de comer se va a correr. Coqueteo con la ilusión de que yo también podría aprovechar para eso. Ilusa de mí.

- Poner cara, voz y sonrisas a una de las bloggers de moda más interesantes: Gala González.

- Hablar con una galesa que insistía en que el galés se parece al italiano. Quedar con ella para el próximo fin de semana en Madrid para acabar la discusión delante de unas cervezas.

- Ir a la boda de un gran amigo, con grandes amigos. Pasármelo de muerte. Volver con Chito a casa. Y dolor de pies por los tacones. Manía a Pura López.

- Ir a la exposición más exitosa de la temporada en Madrid: Impresionismo, un nuevo renacimiento, en la fundación Mapfre. Enamorarme, pero quejarme de lo chiquitito que se queda. Tengo hambre de más impresionistas.

- Pensar que el próximo post ha de ser sobre literatura… sentir la necesidad de acabar un libro. Que ya hace mucho tiempo.

Ilustración de K-Bosé.

Explosión de felicidad

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Tengo que decirlo. ¡Estoy feliz! Me encanta lo que hago, me encanta la gente con la que me rodeo, me encanta dedicar tiempo y esfuerzo a hacerlo y me fascina poder echarme unas risas en el camino.

Estoy viviendo los meses más intensos (laboralmente hablando) de mi vida, pero también los más fructíferos. Ya he dicho mil veces que en el tiempo que llevo en Harper’s he aprendido más de periodismo que en toda mi vida (y la mayor parte de vosotros sabe lo que me encanta aprender continuamente), y es un placer saber que, además, me queda un largo camino por andar.

Es jueves. Hay puente. Tres días de respiro (en los que quiero que Zelestina esté un poco más viva) y vuelvo a sumergirme en la marea del número tres. Por cierto, ¿ya habéis ido a vuestros quioscos a comprar nuestro recién estrenado segundo número? Os confieso que me encanta la portada.

Me he convertido en una workaholic.

Fotografía de AlexandraCameron.

De cómo aprendí inglés

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Creo que nunca había pasado tanto tiempo sin que Zelestina fuera actualizado. He entrado en un ritmo de vida tan acelerado que ni siquiera me acuerdo de escribir algo por aquí. Ni tiempo tengo, la verdad. Pero ahora, tras el segundo cierre (yeah! no os perdáis el número 2 de Harper’s Bazaar) hay unos días de respiro antes de volver a la carga con toda la artillería.

Hace ya un mes que entre mis funciones está el tener contacto directo con USA para pedir derechos de fotografías y todo eso. Vamos, que una buena parte de mi trabajo ahora se desarrolla en inglés.

Debido a eso me he acordado de dónde aprendí mi inglés. Puntualización: muchos lo sabréis, pero para quienes no tengan ni idea ahí va una bomba: en la facultad de Ciencias de la Información (UCM) no se enseñan idiomas. O te buscas asignaturas de libre configuración en la facultad de filología o, simplemente, te quedas con lo que venías. Yo fui de las que me quedé con lo que venía.

Y venía de una pequeña academia en Burela, ANJO, donde las profesoras eran chicas irlandesas que nos prohibían hablar en español. Estuve 4 años ahí pasando mis tardes (las alternaba con clases de matemáticas, física y química, para poder sobrevivir a los exámenes. La típica excusa: soy de letras). Aprendí muchísimo, sobre todo vocabulario.

Lo siguiente, ya todos lo sabéis, es el verano que pasé en Londres. Todo esto aderezado con millones de series y películas (siempre en V.O.S.), ha dado como resultado que mi inglés sea más que potable. Pero, insisto, la mayor parte de mi conocimiento viene de ANJO (Curioso, en portugués significa ángel). Y es que, ser una ratilla de clases particulares en el instituto, puede dar más que buenos resultados.

Y vosotros, ¿cómo aprendísteis inglés?

Ilustración de Karlisha Gray.