Control yourself

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“Trying to control other people doesn’t work, ever. The only person you can control is yourself”.

Masters of sex. Season 3, episode 9.

La imagen es de esta sesión de Irving Penn con Jean Patchett en 1949.

(This is) Why you should see ‘The Newsroom’

Good evening.  I’m Will McAvoy, this is News Night, and that was a clip of Richard Clarke, former counter-terrorism chief to George W. Bush, testifying before Congress on March 24th, 2004.

Americans like that moment.  I like that moment.  Adults should hold themselves accountable for failure.  And so tonight, I’m beginning this newscast by joining Mr Clarke in apologising to the American people for our failure.  The failure of this program during the time I’ve been in charge of it to successfully inform and educate the American electorate.

Let me be clear that I don’t apologise on behalf of all broadcast journalists, nor do all broadcast journalists owe an apology.  I speak for myself.  I was an accomplice to a slow and repeated and unacknowledged and unamended trainwreck of failures that have brought us to now.

I’m a leader in an industry that miscalled election results, hyped up terror scares, ginned up controversy, and failed to report on tectonic shifts in our country; from the collapse of the financial system to the truths about how strong we are to the dangers we actually face.  I’m a leader in an industry that misdirected your attention with the dexterity of Harry Houdini, while sending hundreds of thousands of our bravest young men and women off to war without due diligence.

The reason we failed isn’t a mystery.  We took a dive for the ratings.  In the infancy of mass communications, the Columbus and Magellan of broadcast journalism, William Paley and David Sarnoff, went down to Washington to cut a deal with Congress: Congress would allow the fledgling networks free use of tax-payer owned airwaves in exchange for one public service.

That public service would be one hour of airtime set aside every night for informational broadcasting, or what we now call the evening news.  Congress, unable to anticipate the enormous capacity television would have to deliver consumers to advertisers, failed to include in its deal the one requirement that would have changed our national discourse immeasurably and for the better.

Congress forgot to add that under no circumstances could there be paid advertising during informational broadcasting.

They forgot to say that tax-payers will give you the airwaves for free, and for twenty-three hours a day you should make a profit but for one hour a night, you work for us.  And now those network newscasts, anchored through history by honest-to-God newsmen with names like Murrow, and Reasoner, and Huntley, and Brinkley, and Buckley, and Cronkite, and Rather, and Russert; now they have to compete with the likes of me – a cable anchor who’s in the exact same business as the producers of Jersey Shore.

And that business was good to us; but News Night’s quitting that business right now.

It might come as a surprise to you that some of history’s greatest American journalists are working right now: exceptional minds with years of experience and an unshakeable devotion to reporting the news.  These voices are a small minority now, and they don’t stand a chance against the circus when the circus comes to town; they’re overmatched. 

I’m quitting the circus.  Switching teams.  I’m going with the guys who are getting creamed.  I’m moved they still think they can win, and I hope they can teach me a thing or two.

From this moment on, we’ll be deciding what goes on our air and how it’s presented to you based on the simple truth that nothing is more important to a democracy than a well-informed electorate.

We’ll endeavour to put information in a broader context, because we know that very little news is born at the moment it comes across our wire.  We’ll be the champion of facts, and the mortal enemy of innuendo, speculation, hyperbole and nonsense.  We’re not waiters in a restaurant, serving you the stories you asked for just the way you like them prepared; nor are we computers, dispensing only the facts – because news is only useful in the context of humanity.  I’ll make no effort to subdue my personal opinions; I will make every effort to expose you to informed opinions that are different from my own.

You may ask, who are we to make these decisions?  We are MacKenzie McHale and myself.  Ms McHale is our Executive Producer.  She marshalls the resources of over a hundred reporters, producers, analysts and technicians and her credentials are readily available.  I’m News Night’s Managing Editor and make the final decision on everything seen and heard on this program.

Who are we to make these decisions?  We’re the media elite. 

We’ll be back after this with the news.

(The Newsroom, S01E04).

Abróchense los cinturones

Comencé a ver Pan Am con todos los prejuicios. ¿Acaso no era una propuesta, como tantas, a rebufo de Mad Men? A los pocos minutos no pude dejar los malos pensamientos atrás y colocarme en el sofá para disfrutar de la maravilla que estaba viendo.

Cualquier halago se quedará corto. Estoy ojiplática y corazoniplática. Las azafatas de la Pan Am me han robado el corazón (bastante más que los pilotos) y se lo han llevado volando, a velocidad crucero hasta el otro lado del mundo. Sin billete de vuelta. Por de pronto me ha parecido un gran estreno, habrá que ver hacia donde nos lleva el viento con la trama.

Por cierto… thank God que alguien se ha vuelto a acordar de Christina Ricci. ¿Acaso no es magnífica?

Eric Northman: We love bad boys

Pensar que somos capaces de convertir en oro hasta los ñordos más apestosos es una de las principales razones por las que los “chicos malos” tienen tanto éxito. Eso es un hecho.

Es gracioso ver las situaciones. Sobre todo cuando él es feo, y sabes que encima va de alma errante para ligar. Si ella es guapa, lo más seguro es que esté convencida de que puede ser el pastor que guíe a ese alma perdida por el buen camino. ¿Una personalidad magnética que cambia todo para bien?, ¿Capacidad de convicción y razonamiento?, ¿Enamorarle perdidamente en treinta segundos de miradas furtivas? Nadie sabe las razones por las que la hembra siempre tropieza sobre esa piedra. Pero lo hace.

No se crean que este monólogo sociológico con tintes folletinescos va a llegar mucho más allá. Era solo una breve introducción para explicarles el por qué de mi pasión por ese personaje repulsivamente adorable que es el vampiro Eric Northam en True Blood. Es malo, y tarda tres temporadas en enamorar perdidamente a la protagonista, Sookie Stackhouse, pero cuando lo hace nos regala las imágenes más torridas de todo el panorama seriístico veranil. Encima él, con ese cuerpo vikingo, no es para nada feo.

Al final ni yo misma me salvo de mis críticas. Estoy cortada por el mismo patrón que todas esas mujeres que se pierden por el lobo salvaje de la manada. Si algo me consuela es que lo mío, por ahora, se limita al ámbito de la ficción. Suspiro y espero la season finale.

Ilustración vía Shonnia21.

En cinco episodios: Mildred Pierce

Acabo de ver una de las miniseries que más me han gustado de la historia (tranquilos, puedo llevar la cuenta bien porque no he visto muchas). Y no es otra que Mildred Pierce.

La HBO ha adaptado una película del mismo nombre estrenada en 1945 (que, a su vez, había sido adaptada de una novela). Entonces la protagonista era Joan Crawford. Hoy en día es Kate Winslet, que tampoco está mal. El drama se mantiene: la historia de una madre separándose en la Gran Depresión norteamericana y su lucha por salir adelante (¡esa necesidad de vivir pendiente de su clase social!) a pesar de todos los pesares.

Son cinco capítulos de una hora cada uno (el último se alarga media más) y no se hace nada pesado. Al contrario. La ambientación es increíble y la trama más que sorprendente. Hijas que son un bicho, maridos que van y que vienen, amantes de pacotilla y tartas de manzana. No digo más.

My big fat gypsy wedding

Ayer estrenaron en Antena 3 el reality “Mi gran boda gitana“. Me enteré a última hora, mientras tomaba una cervecita en la Plaza de la Luna y no dudé en dejarlo todo y salir corriendo en busca de este presunto portento de la televisión. Así de fiel soy a mis amistades.

Primer bajonazo cuando comienza el programa (ya sentada en mi sofá): ¡Ni siquiera era una boda gitana española! Era un reality sindicado del Channel 4 británico. Que mira que son barateiros. Con lo divertido que hubiera sido hacerlo con personajes locales (el Pai, el Cabra y los Montoro…), y van y hacen el cutritrapicheo de doblarles la voz a nómadas británicos. “Como es agosto y nadie lo ve”, habrán dicho desde la cadena. Y yo me quemo por dentro.

El contenido se lo podrán imaginar ustedes, puro machismo y personajes de lo más histriónico. Quizá lo hayan visto. Si es así, se habrán fijado en la mejor parte: cuando acaba y da paso a otro programa de lo más revelador, Foto de familia.

En este nuevo portento del periodismo de investigación navegan por las vidas de cuatro personas en diferentes situaciones vitales (todas cruciales, y casi ninguna bonita) a lo largo de tres meses:  una embarazada de 18 años sin trabajo y a punto de dar a luz, un hombre que perdió todo su capital durante la crisis y ahora trabaja de barrendero, una madre coraje que ha dejado entrar a sus hijos y nietos (en total 16 personas) en sus 40 m2 de hogar.

Que digo yo que Antena 3 ya está cayendo en las redes de los realities y los dramas personales (aunque no se le de especialmente bien la jugada)… ¿o es que siempre fue así y soy yo la que no se ha enterado porque no ve mucha televisión (y aún menos Antena 3)?