Ámsterdam para principiantes

Amsterdam_by_Nickotinephoto

Ya dije que uno de mis propósitos para 2010 es viajar al menos una vez al mes. Y, la verdad, con tanto viaje hay que buscarse algo de financiación. Las amigas de la oficina de turismo de Holanda han hecho un concurso para bloggers. Nos reunieron a todos en diciembre en un local en Madrid, para presentarnos su nueva web e invitarnos a que la navegáramos. Como incentivo se sorteaban 5 viajes a Holanda a los 5 mejores itinerarios presentados. Éste es el que yo presenté (no dudéis en hacerme la pelota en los comentarios por si me gano el viaje, que el premio todavía no se ha fallado):

Nunca he viajado a Holanda. Y reconozco que no ha sido por falta de ganas, sino más bien porla carencia de un compañero de viaje ideal, que no quiera simplemente pasarse un fin de semana de Coffee Shop en Coffee Shop. Ahora que tengo conmigo a esa persona que disfruta el arte y la historia como el que más, es el momento de hacer la apuesta y lanzarnos a la aventura de un país que es mucho más que tulipanes y quesos Gouda.

A pesar de que nos gustaría ir más días, la verdad es que tanto la agenda profesional de JFK como la mía están bastante apretaditas, por lo que tendremos que crear hueco y hacer un mini-puente el primer fin de semana de febrero para descubrir la capital holandesa: Ámsterdam.

Contad con que del 5 al 7 de febrero estaremos zascandileando por tierras holandesas aprovechando cada minuto para conocer un poco más acerca de la capital país de la reina Beatriz (¡hay que ver lo que me gusta a mí un palacio y un monarca!).

Llegamos el mismo día 5 a media mañana al aeropuerto de Ámsterdam. Allí cogemos el tren hacia el centro de la ciudad (es una suerte que desde el aeropuerto a la estación central no se tarden más de 15 minutos), donde estará ubicado nuestro hotel. Parece una tontería, pero yo siempre cuido mucho la búsqueda de hotel en mis viajes. Es un elemento más de los que ayuda a disfrutar una ciudad de una manera confortable. En la página web de turismo de Holanda hay un buen listado de alojamientos, sin embargo, acabo por googlear los hoteles en busca de opiniones de usuarios y descubro lo que espero sea una pequeña gema escondida, el Hotel Acostar. Ya os contaré a la vuelta.

Por de pronto tenemos pensado dejar las maletas y salir huyendo a comer. ¡Serán como las 2 de la tarde! Queremos sumergirnos desde el principio en la cultura local, así que no hemos dudado en reservar en el Café Van Pufelen, un local que tiene dos interesantes variables: comida holandesa y la posibilidad de dejarlo reservado on-line. El menú… eso no se puede preveer: quizá lleguemos con ganas de mejillones, arenques o hasta hutspot.

Tras la primera comida, debemos dar un paseíto. Y qué mejor que conocer los maravillosos patios interiores que tan alabados son. Posteriormente, y para continuar la tarde de una manera cultural pero no demasiado cansada, pasaremos por el Palacio Real (¿os he dicho cuanto adoro los mundos monárquicos?) y las casas estrechas. Creo que es una manera ideal de comenzar a conocer la historia de Ámsterdam.

La jornada turística terminará en la plaza Dam, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, previo paso por el número 7 de la calle Singel, donde está la casa más pequeña del mundo.

El momento de la cena debe ser totalmente planeado… un nombre bonito, un ambiente encantador, unas velitas en la mesa… cualquier detalle puede ser importante a la hora de elegir un restaurante en el centro y tomar algo antes de ir al hotel dando un cómodo paseo (en caso de cansancio, inclemencias del tiempo o cualquier otro imprevisto… ¡es hora de tirar de nuestro mapa de tranvías y movernos en transporte público!).

Tras habernos ido el viernes temprano a la cama, el sábado se presenta como el “día fuerte” para conocer la ciudad. Nada más levantarnos nos iremos caminando al Rijksmuseum, una de las pinacotecas más importantes del mundo, el la que podremos disfrutar del mejor Rembrandt, Frans Hals o Jacob Van Ruisdael. La verdad es que a mi lo que más me llama la atención es la cerámica de Delft que hay expuesta, en la que se inspiró Galliano para Dior. Seguro me dará lástima sólo tener dos días y no poder ir a la ciudad natal de Vermeer, pero el tiempo apremia.

¡Qué hambre nos va a entrar después de tanta obra artística! Pero como no tenemos demasiado tiempo compraremos cualquier cosa en la cafetería del Rijksmuseum y nos lanzaremos a visitar el Van Gogh Museum, que está bastante cerca. ¡La verdad es que será un día de museos total!

Si sobra algo de tiempo (o energía, que a veces es más importante) no me gustaría dejar de pasar por De Negen Straatjes (Las nueve calles), la zona en que me han dicho que se concentra un interesante batiburrillo de tiendas vintage e interesantes boutiques. No me gusta hacer viajes sin shopping, y la tarde del sábado (si llegamos a tiempo y todavía está abierto) será el momento de saciar mi capricho.

¿Qué podemos hacer por la noche? Habrá que adentrarse, aunque sea por probar las bondades de la cerveza holandesa, en el interesante mundo de la Bavaria, Amstel o Heineken, pero después nos iremos prontito a la cama, que el domingo es el último día y hay que aprovecharlo al máximo.

Efectivamente, en nuestra última jornada (y tras hacer el check out) creo que es interesante pasear por el barrio De Pijp, muy alabado en la web de turismo de holanda y que, casualmente, no está lejos de nuestro hotel (para volver a por las maletas después de comer). El mercado “Albert Cuyp” seguro que nos proporciona interesantes artículos que comprar (ya sean alimentos u otras maravillas desconocidas), aunque sé que JFK disfrutará más la posterior visita al Museo Heineken, del que saldrá con mucho más conocimiento específico sobre la cerveza.

Al final del viaje (y como en todo buen viaje) nos despediremos de la ciudad comiendo algo por la zona de los mercados; se me antojan de repente unos ricos quesos locales que nos den fuerzas para el viaje de vuelta a casa el mismo domingo por la tarde. Estaremos un poquito cansados, pero seguramente muy felices de haber disfrutado de una ciudad tan rica y abierta al mundo.
Claro que nos habremos dejado muchas cosas por hacer y muchos sitios por visitar, pero si no… ¿qué otra excusa tendríamos para volver a poner pies en tierras holandesas?

Nota importante: No debemos olvidarnos de pedir, un par de semanas antes del viaje, el talonario de descuento que ofrecen el la web de Turismo. A lo mejor encontramos algo que nos ahorre unos euritos.

Foto de Ámsterdam de Nickotine Photo.

Bonne Anneé 2010

4145271979_ea60e6c3b2

Ya muchos lo sabéis, pero para los rezagados: esta misma tarde llegué a París, ciudad del amor (y del buen vino, buen champagne y mucha moda y tantas otras cosas que ni se hace necesario mencionar), para pasar el fin de año con Ed y Raquel, con quienes ya hemos pasado los dos años anteriores. Cómo nos gusta un crear tradición.

Estaremos por estos lares hasta el domingo y, ojalá no se me tuerzan los planes, me apetece mucho ir a ver la expo de Vionnet (todo un acontecimento en el mundo de la moda), pasarme por Colette (aunque ande de capa caída) y tratar de arrastrar a JFK en peregrinación a la Rue Cambon, que está al ladito y es donde Gabrielle Chanel creó la leyenda (y donde tiene una de sus tiendas más interesantes).

Si sobra tiempo me encantaría perderme por la zona del Pompidou a recorrer tiendas vintagepor si acaso logro que se me adhiera algo del buen gusto francés. En esta época del año todo es posible…

Y, además, me voy a gastar mis buenos dineros en libros de moda. ¿Dónde mejor para encontrarlos que en París? Por de pronto ya tengo muy en mente el llevar poco equipaje para traerme el de Madeleine Vionnet.

Desde luego, París siempre me convierte en remorilla deseosa de más. Voy a ver qué puedo aprender y descubrir esta vez :)

¡Feliz 2010!

Vestido de Vionnet de Dovima_is_devine

En familia

navidad09

Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

Retales de Salamanca (y un hervor abulense)

3995855874_a2cbb70325

- Deberíamos haber sabido que era un viaje de anécdotas, ya que antes de llegar a Salamanca nos pararon en la carretera unos Guardias Civiles a los que Andreaki preguntó si estaban haciendo un control de rutina y al no recibir respuesta satisfactoria por parte de los mismos acabó diciendo “disculpe, es que no conozco bien las costumbres de este país”, como si eso fuera lo que más la podía ayudar en el momento.

- El Hotel Rector (el hotel boutique del que os hablé en el post anterior) resultó ser todo lo maravilloso que prometía. No sólo me encantó que el hall, con cómodos sofás, estaba lleno de coffee books interesantísimo y ejemplares de la edición norteamericana de Harper’s Bazaar, sino que las cortinas de las habitaciones eran de una tela diseñada por Mariano Fortuny. Ahí queda eso.

- La Casa Lis, el museo del Art Nouveau y el Art Déco, es uno de los principales lugares que yo recomendaría a la hora de visitar Salamanca (basándome, eso sí, en mi breve experiencia de un día). El edificio es ya de por sí impresionante, pero la amplísima colección de objetos art déco (de personajes con tanto peso como Lalique o Preiss) le da un espectacular valor añadido. Yo salí de allí casi con la boca abierta.

- Durante el paseo de rigor por la tienda del museo vi a Toño enseñándole a una desconocida una fotografía con unos pechos. Él pensaba que estaba hablando con su novia. Se quedó a cuadros de vichy.

- Es posible llorar de miedo en la Salamanca de Salamanca. JFK me metió un susto increíble en una zona oscura del que tardé algunos minutos en recuperarme. Lágrimas por cortesía de la casa.

- Unamuno estuvo siempre presente en mi memoria gracias a su poesía “Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla”. Lástima que cuando pude recitar el texto se borró de mi mente.

- Encontré la rana de la universidad (con ayuda, menos mal que ya acabé mi carrera), también vi el astronauta y el monstruito con un helado. El astronauta fascinó a JFK, qué pop es.

- Mi abuelo tiene el dicho de que no existe el frío, que lo que existe es el hambre. Esto sólo es porque él no ha estado en Salamanca. Comimos muchísimo (había que disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, de la caida de precios y buen sabor de los jamones de Guijuelouu, que no nos quitaron a Gary Dourdan de la cabeza) y pasamos un frío del demonio. Ni conejo francés, ni guantes de cuero, ni bufanda y gorro consiguieron librarme de un catarro incipiente.

- El chuletón de Ávila se merece la fama que le precede. Me pregunto si el cochinillo también la avalará… lo dejaremos para próximas y golosas visitas, que no caminamos mucho por la ciudad debido a que…

- ¿En todas las ciudades de Castilla estaba haciendo frío este fin de semana? Madre mía.

PS: Definitivamente, hay gente con la que es divertido viajar. ¡Qué bien me lo pasé! :)

Ilustración de Modus Lotus

Casi preparando la maleta para Salamanca

3962050564_aa5bd4666d

Hacía ya un tiempito que no salía de Madrid (corregidme si me equivoco, pero creo que desde que volvimos de Londres, el 31 de agosto, no hemos vuelto a salir de la capital para nada), y nos surgió la oportunidad de irnos un fin de semana con Andreaki y Mr. Fraguas a Salamanca.

Ahora es cuando os digo que nunca he ido a Salamanca (tan cerca y tan lejos) y vosotros me matáis por ser tan dejada de la vida y no hacer nada de turismo interno en mi propio país (este año fue la primera vez que estuve en San Sebastián y Santander, por ejemplo). Debería corregir eso, pero reconocedme que el hecho de no tener coche propio limita un poco este tipo de turismo que, de otro modo, sería una golosina para mi vida viajera.

Así que aprovechándonos de que el Sr. Fraguas tiene un coche (y un amigo en Salamanca con un hotel boutique que suena a ensueño), hemos decidido preparar el maletaje (para una noche, vamos una bolsita de viaje) y todas las ganas del mundo. ¡Allá vamos Salamanca (léase salamonq, que estoy leyendo todo en francés para estudiar más para el examen del lunes).

Todavía no sé qué muda meteré en la maleta, pero sí sé que me quiero llevar mi abrigo vintage de conejo francés, un verdadero talismán contra el frio. Me encanta disfrazarme de señora. No sé si ponerme también unas perlas.

Ilustración de Kimie Kimie

Meridiano 0

3852317255_8e41dd471f

Ya nos queda nada para volver a Madrid y, a cada día que pasa, tenemos la sensación de que no hemos aprovechado todo el tiempo, de que se nos quedan miles de cosas en el tintero, miles de lugares a los que ir y miles de ofertas culturales que aprovechar. Realmente no sé por qué nos martirizamos (o yo me martirizo en mis fueros internos), porque las cartas ya están, prácticamente, echadas.

Esta semana he hecho las últimas visitas culturales que quería hacer: visitar el Victoria & Albert (y su preciosa sección de moda, un must gratuito para fashionistas) y también visitar Westminster Abbey, el único de los grandes lugares londinenses (atracciones de pago) que quería ver.

Del Victoria & Albert no podría haber quedado más contenta. Me parece un museo estupendo, con pasillos serpenteantes llenos de cachivaches que remiten a culturas lejanas y desconocidas. Toda una aventura para las mentes exploradoras.

También he de decir que es de los museos que más se preocupan por la indumentaria (la moda, pero también lo anterior a la moda, la vestimenta), y en el museo hay piezas espectaculares: desde trajes de luchadores japoneses hasta un boceto para un modelo de Alexander McQueen. ¡Fantástico!

Y qué decir de su librería. Nunca antes en mi vida había visto tantos libros de moda juntos. He dicho. No es que estén los que tienen que estar… es que están ¡todos! Incluido el diccionario de la moda según Christian Dior (que, como anécdota, recuerdo tienen una primera edición en el museo del textil de Londres, pero en Madrid es imposible de encontrar) y el libro de vestirse para el éxito de Edith Head. Visita obligatoria.

Con respecto a Westminster tampoco pienso escatimar en elogios. Me ha encantado su magnificencia, su organización, el trono de las coronaciones y hasta los muñecos de cera de reyes fenecidos que hay en su pequeño museo. Los patios interiores son remansos de paz y tranquilidad. La pena es que la tarifa de adulto sea de 15 libras. Una auténtica pasada de precio.

Por otra parte hoy hemos estado en Greenwich, un bonito lugar que poca gente visitaría si no fuera porque allí está el Royal Observatory (visita interesante, aunque demasiado científica, y gratuita), un lugar histórico por ser de donde parten los husos horarios (Greenwich Mean Time = GMT).

Posteriormente, para hacer la visita un poquito más amena nos fuimos a la Trafalgar Tavern, a la orilla del río, porque nos enteramos de que había sido un lugar muy frecuentado por los intelectuales y políticos del S. XIX, que lo tenían en gran estima por servir unos arenques especialmente buenos. Efectivamente, aprovechamos la ocasión y podemos certificar que sus arenques fritos están deliciosos. Eso sí, dudo que vengan del Támesis (no estaban lo suficientemente verdes ni, por supuesto, putrefactos).

Fuimos y vinimos en el Thames Clipper, un barquito que transporta y, al mismo tiempo, te da una panorámica de la ciudad desde el río (sin tener que recurrir a los carísimos barcos turísticos que, a fin de cuentas, hacen lo mismo). Creo que con ese viaje baratito pude recuperar parte de los 15 euros que me dolieron al entrar en Westminster (JFK ni entró, del susto).

El colofón, por ahora, fue ir a Whittard of Chelsea a hartarnos a comprar tés para el invierno. Vivimos obsesionados con un té riquísimo que hacen en Ikea sólo en navidad y se nos acabó en casa. Creemos que hemos encontrado el sucedáneo, para aguantar el mono con metadona en lo que llega la navidad…

pronto os sigo contando, que mañana toca Spitalfields, Brick Lane y Petitcoat Lane. ¡Arriba el vintage!

Imagen, as usual, de JFK.

Edimburgo: Haggis y cervezas

3853468483_c509d40183

Tras pasar tres días en Edimburgo, la verdad es que no podemos estar más emocionados con la belleza de esa ciudad, con lo rico de sus comidas (rápidamente nos hicimos fans de los haggis, su plato nacional), de sus bebidas (yo me fui por la rama cervecera y JFK se animó a probar varios whiskeys), de sus castillos y palacios (vale, son sólo dos en la ciudad, pero están increíbles) y hasta con su obsesión por los patterns de los kilts de los clanes en cada esquina.

Sin haberlo planeado el viaje coincidió con el Festival Fringe, la segunda parte del Festival de Edimburgo que todos los veranos llena de vida la ciudad con millones de actividades culturales a disposición de los locales y turistas. La Royal Mile parecía un hervidero de hormiguitas y el acceso al tráfico rodado se había prohibido. Para más inri no había mesa para cenar en prácticamente ningún restaurante y era díficil dar tres pasos sin ser abordado por panfleteros promocionando este o aquel espectáculo (gratuito o previo pago). Una mezcla muy interesante pero de la que logramos abstenernos a tiempo. Teníamos cosas que hacer (al final el tiempo se nos quedó justo, somos algo lentos)…

Y, así es, nos dio tiempo a ver el Castillo de Edimburgo (cuesta dinero, pero dentro te encuentras a guías muy competentes que te dan tours gratuitos e interesantes hablándote de la historia local que, la verdad, yo desconocía bastante), el Palacio de Holyroodhouse (residencia escocesa de la Reina, con otro tour gratuito, esta vez en forma de guía audio), la estatua de Bobby Greyfriars o Calton Hill (el improvisado y bello “Atenas del Norte”) entre otras muchas calles y tiendas (siempre hay que pararse en las tiendas).

Una verdadera lástima que no organizáramos con más tiempo el viaje. Así podríamos haber aprovechado uno de los días para viajar un poco más al norte y darnos una paliza por las Highlands, tratar de ver a Nessie o incluso adentrarnos en las cosmopolitas calles de Glasgow… para otro viaje tendrá que ser, si es que toca.

Por cierto, los viajes en tren son una gozada. Tardamos menos de 5 horitas en cada viaje y siempre con una atención impecable: carritos de comida y bebida cada 2×3, tranquilidad en los asientos… me encantó el hecho de venir leyendo (hoy llovió todo el trayecto) y viendo la lluvia caer. ¿No es totalmente bucólico pensar en ir de Escocia a Inglaterra en un tren mientras lees y ves la lluvia caer? A lo mejor es que soy una romántica…

Nos adentramos, tras este post, en la última semana en Londres… hay que apretar el acelerador a ver si da tiempo a todo…

Imagen, como siempre, de JFK. La del abrigo amarillo, como siempre, soy yo. Entrada del palacio de Holyroodhouse.

Más British, más National…

3840999030_f74454d324

Seguimos zascandileando y, a cada paso, pensando que un mes en Londres es un tiempo demasiado corto. Que no da tiempo a todo. Que hay demasiadas maravillas por descubrir…

Esta semana rematamos el British Museum (en dos tandas parece que se ve bien, centrándose sólo en lo que interesa) y también visitamos la National Gallery (ya habíamos visitado la National Portrait Gallery y esto era lo que nos faltaba). Por separado hicimos cada uno un tercer museo, JFK se acercó al de Historia Natural, mientras que yo me adentré en la British Library, donde pude ver desde manuscritos de Jane Asuten, W. Shakespeare o Samuel Johnson hasta una de las Biblias de Gutemberg… ¡fascinante y gratuito!

Además, en la fiebre museística que nos invade, visitamos el Design Museum (que tiene una exposición sobre Mariscal bastante horrorosa) y yo, mientras JFK se perdía por el barrio, me atreví a entrar al Fashion and Textile Museum, donde hay una exposición sobre la lencería en el s.XX. Me sorprendió que ni el Design ni el Fashion tengan colección permanente propia. ¡Muy mal por su parte!

En lo que a paseos se refiere yo el lunes me pateé toda la Portobello Road y la zona de Queensway (mientras JFK veía maquetas de dinosaurios en el de Historia Natural) y después nos juntamos para pasear con Camino por Hammersmith, una zona increíblemente bonita, al lado del río y llena de pubs que poco puede recordar a la gran urbe que es Londres. Más bien parece una perfecta ribera de la campiña inglesa.

Hoy estuvimos caminando por Westminster, viendo de cerca y de lejos el Big Ben, el Parlamento, la Abadía (a la que quiero ir la semana que viene) y hasta la catedral de St. Paul’s, a la que íbamos a entrar hasta que descubrimos que cobraban 10 libras por entrar. ¡Prefiero cenarme esas 10 libras, gracias!

Lo que os digo… hacemos muchas cosas. Pero, ¿y todas las que nos vamos dejando por el camino? Estamos a tan sólo una semana de volver. Mañana acabamos las clases. El sábado nos vamos a Edimburgo… todo pasa volando.

Fotografía de JFK.

Tres horas alrededor del mundo

3800795346_e85b0afa0e

Amenazábamos con ir al British Museum y esta tarde hemos cumplido la amenaza. La lástima es que lo cierran a las 17.30 (nosotros llegamos a las 14.00) y no da tiempo a todo.

Me quedo con una agradable sensación de haber dado una pequeña vuelta a la etnografía mundial en tres horas. Desde África a Oceanía, pasando por Atenas, la civilización mesopotámica o el imperio chino. ¡El British Museum es una recopilación de todos los expolios hechos por los occidentales a lo largo de la historia!

Sólo hemos visto la planta baja, por lo que todavía nos queda mucho de Egipto (que haremos a lo largo de esta semana), el medievo europeo, Roma y hasta Irán… ¡lo que no tengan aquí no lo hay en otra parte!

Por cierto que me dio por reflexionar sobre el partenón (maravilloso) y el hecho de que esté aquí y no en Atenas (en el Nuevo museo de la Acrópolis que están construyendo). Me da pena que no esté en Atenas porque es el lugar al que pertenece, pero también me parece que aquí ocupa un lugar importante y, sobre todo, ¡es gratis visitarlo!. ¿Qué opináis sobre esto?

Hoy ha sido, por lo demás, un día tranquilo. Tras el cierre del museo hemos estado paseando por la zona de Covent Garden. Un sitio bastante concurrido e interesante para pasar el domingo.

PS: Sí, chicos… ¡estuve en la tienda de pasteles bonitos de Covent Garden! Pero no me pedí ninguno. Me encanta como se ven… pero me da miedo el colorante y tanto azúcar (¡se me van a revolucionar las lombrices!).

Fotografía, as usual, de JFK.

Otro porrón de cosas

3805864812_6d50b6cbdc

Definitivamente esto ya no es un cuaderno de viaje: lo que se prometía como un diario (vamos, del día a día) de nuestra estancia en Londres ha quedado, con muchos lamentos por el camino, en una especie de bloc de notas en el que anotar lo que hemos hecho cuando la ciudad nos da un poco de tiempo libre. ¡Y es que Londres es absorvente!

Tal y como dejé rumoreandose en el anterior post estuvimos en la Tate Modern el otro día, disfrutando de su ubicación excelente y de su cafetería en el quinto piso con unas vistas impresionantes sobre la catedral de St. Paul’s. Cada día soy menos fan de según qué arte moderno (me parece pereza más que concepto), pero encontré algunas obras más que divertidas, como la sala completa dedicada a Jeff Koons. A mi me encanta que haya un artista que se dedique sólo a investigar lo kitsch.

Durante estos días también caminamos mucho: pasamos por delante de The Globe (la reconstrucción del teatro en que Shakespeare representaba sus obras en londres allá por el siglo XVI) y paramos en el The Globe (el pub cercano con unas cervezas más que refrescantes). También tratamos de ir a Borough Market, pero lo tendremos que dejar para cuando acabemos las clases, ya que no abre por la tarde.

En un extraordinario paseo en solitario (hay cosas que no se pueden hacer en compañía) me di un baño de lujo y ostentación en Harrod’s y en Sloane Street, donde está una de las flagship stores de Marni. Una tienda preciosa.

Divisar de cerca el London Eye fue otro de nuestros paseos, pero la verdad es que no me apetece subirme a una noria que me va a tener media hora en vilo (tengo algo de pánico a las alturas) cuando realmente puedo ver una vista estupenda de Londres sin tener que subir más que a Primrose Hill (cosa que hicimos ayer).

Durante la visita a la colina con mejores vistas de Londres aprovechamos para caminar por los canales de Candem Lock y atravesar el zoo. Un paseo estupendo que termina en los jardines de rosas de Queen Mary, todo un lujo para los sentidos ubicado en el centro de Regent’s Park.

¡Y también tuvimos tiempo de salir con mis compis de clase! No se imaginan lo divertido que puede ser juntar tantas nacionalidades y culturas diferentes delante de una pinta de cerveza.

Por último (esto lo tengo fresco, ya que fue hoy), nos tomamos un día entero para visitar Oxford, haciendo parada en varios colleges abiertos al público, así como en Alice’s Shop (Lewis Carroll era profesor en Oxford cuando escribió el libro). A mi me quedaron ganas de visitar Cambridge… pero Jaime tiene razón: son demasiadas cosas y no tenemos tiempo para todo.

Lo próximos planes que tenemos son: British Museum (lo hemos retrasado mucho, pero ya era hora) y el fin de semana que viene Edimburgo… os mantendré informados.

Imagen de JFK, hecha en los canales de Candem Lock.