Autoindulgencia

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Porque de repente me ha dado por publicar demasiadas fotos mías… Puede ser autocomplacencia… ¿o quizá egocentrismo? Me quedo con self indulgence (es lo que tiene pasarse la vida viendo las cosas en V.O., que uno va pillando manías de aquí y acullá).

Que sea lo que sea… No quería dejar de compartir el álbum de fotos que hizo JFK durante el viaje a Ámsterdam. Me encanta.

Más allá del ahumado barrio rojo

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Que sí, que todos sabemos de Ámsterdam que hay muchos canales, que están al nivel del mar, que tienen un barrio rojo caliente (y multicultural) y un orgullo sin parangón por ser el porródromo oficial de Europa. Pero uno llega allí y constata que, efectivamente, la pequeña ciudad nórdica es eso y mucho más.

No os voy a engañar. No tuve un flechazo. No hubo feeling inmediato (me ha pasado con otras ciudades no-tan-grandes como Gotemburgo o Lyon). No pensé en “quedarme seis meses y escribir un libro”, como me ocurre siempre que algún sitio me fascina mucho.

Pero (y hay que darle al César lo que es del César), he aprendido a admirar su diseño de interiores. Son unos verdaderos artistas. Quiero todas las sillas, mesas, camas, etc. que he visto. Me encanta la sobriedad de las líneas, las buenas combinaciones que hacen. Creo que es algo que les sale innato.

También me ha encantado la bicicleta. Ese medio de transporte tan infravalorado en éste, nuestro país. ¿Por qué? ¡Quiero poder ir a trabajar en bicicleta sin pensar que es un verdadero riesgo para mi vida! El asunto de las cuestas ya me lo bisnearé como pueda. Ahí queda eso.

Y, además, no quiero dejar de recomendar ese estupendo Bed and Breakfast en el que dormimos, Kien. Era un apartamentito chiquitito con patio propio. Una verdadera joya para ayudarnos a sentirnos más de la ciudad. No estábamos en una habitación de hotel, sino en “nuestra casita”. Martin, su dueño, es de lo más encantador.

La de la foto, adivinen, soy yo. Hecha por JFK.

Rumbo a Ámsterdam

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Hace unos meses lo soñaba (con resultados totalmente infructuosos), pero este fin de semana lo haré realidad. Nos vamos a Ámsterdam. Es la mini-segunda parte de nuestras vacaciones. ¿Y por qué decidimos esa ciudad? Es un destino en el que ninguno de los dos hayamos estado (checked), en el que no conocemos a nadie (checked) y en el que hay al tiempo vida cultural y diversión (double checked). No nos engañemos, los billetes de avión no estaban caros hace un par de semanas y ese fue realmente lo que inclinó la balanza.

Ahora, saltándonos lo obvio (barrio rojo, Rijksmuseum, Coffe Shops, Museo Van Gogh, Anna Frank, etc…), ¿Qué sitios son susceptibles de recibir una ilustre visita? Se agradecen, sobre todo, barcitos, restaurancitos y tiendas. Incluso, god forbid, algún rincón secreto para una cena romántica. Que somos muy de la sociedad de consumo. Por favor, no se corten y comenten. Tengo ganas de venir con sentimientos de haber “comprado” una experiencia completa.

Por cierto, ya lo había dicho en el post para el concurso: es importante para nosotros el hotel. Muy importante. Por eso esta vez hemos decidido alojarnos en un Bed & Breakfast (con wifi, claro). No sé si es especialmente bonito o no, pero sí sé que me tiene fascinada.

I can’t wait.

Hay un país en el mundo

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Lo peor de estar sólo nueve días en Santo Domingo es no haber tenido tiempo de visitar un motel (tengo una curiosidad extrema por saber de qué van esos locales de placer rápido con ambientes internacionales), no haber comido sushi de platanito en Yokomo Sushi, no haber desayunado en Marocha (omaigá!) ni haber visitado el Alcázar de Colón.

Lo mejor de estar nueve días en Santo Domingo es haber podido asistir a la boda de Erwin, hacer un road-trip familiar a Terrenas, ver cómo los amigos se aparecen e insisten en contactarnos aunque nosotros fueramos un desastre al teléfono móvil, desayunar mangú a diario (man, this is good!) y coquetear con la idea de querer mudarme al lluvioso trópico.

Y sin duda, el hecho de que volveré a vivir situaciones similares es lo que se lleva la palma. ¡Tengo una familia, y un país que me maravilla (y me asusta a partes iguales) a 14.000 km de mi casa! Muchas gracias a todos los que han hecho que esos 9 días hayan sido FANTASTICULARES.

Dominicana es único. Ya lo anticipaba Pedro Mir… Hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. No dejen de leer el poema entero.

De la primera en business

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Estoy en París. Llegué esta mañana con las chicas de Paco Rabanne, que nos van a presentar por todo lo alto su novísimo perfume. Todavía no sé cual es.

Puedo confesar (y confieso) que nunca en mi vida había viajado en clase business. De hecho no tenía ni idea de lo que se cocía en la parte delantera del avión y, por fin, hoy sacié esta curiosidad. Al final no es más que sala VIP (con comida y bebida), speedy boarding y sillones extra anchos. Porque eso de que te dan comida en vuelo… ¡no es más que una tortura!

Tan cómoda iba que he dormido todo el viaje. Y cuando desperté ya estaban los cajones superiores de equipaje abiertos, repletos de bolsas de viaje de Louis Vuitton dispuestas a rockear la ciudad… otro mundo.

Ahora estoy descansando (es muy duro coger un vuelo, ir en business y luego quedar para comer… hay que tomarse un rato antes de seguir con la apretada agenda de cosas duras por hacer) en el Hotel Castille. A tan sólo unos pasos del cuartel general de Chanel. En la misma Rue Cambon. En la calle en la que ella desafió al siglo XX y le ganó la partida. Siempre pienso que hay lugares especiales, que tienen un “poso” de la historia que han vivido. Éste es uno de ellos para mi.

Por cierto… quiero preguntar por aquí a las chicas de moda ¿qué fue de Paco Rabanne (Rabaneda para los amigos)? Nunca más se supo de él ¿Verdad?. Los rumores dicen que se le fue la cabeza totalmente… pero no tengo ninguna confirmación.

¡Me pongo en modo francófono hasta el domingo, les iré contando!

(Qué dura es –a veces- la vida del periodista).

Fotografía de Felilly.

Rumbo a Galicia, hey

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Un fin de semana más salimos de Madrid. Volvemos al hogar gallego. Esta vez con visitantes. Vamos a hacer de petites guías turísticos, a comer buena carne y a elogiar (permanentemente) la uva mencía.

Mamá… ¡vete encendiendo la estufa!

Cada año me gusta más volver al norte…. a veces hasta me pregunto lo diferente que sería mi vida si yo fuera de la meseta.


PS: Y este post se publica mientras estoy volando a casa.

Foto de Dim Baida.

Merry-go-round

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¿Para qué empezar un post más diciendo lo mucho que he tardado en volver a escribir, lo mucho que tengo abandonado a Zelestina y lo mucho que prometo volver a escribir asiduamente pronto? Pues no, paso de quejarme de mi misma una vez más. Esta vez simplemente haré recap de estos últimos tiempos. Borrón y cuenta nueva. Esperen esta semana otro post más. Como mínimo. ¡Tengo tiempo libre! Y lo he aprovechado en:

- Pasar un fin de semana de LUJO en Torrescárcela. Con gente de LUJO. Con visitas a bodegas de LUJO. Con una tasa de vino en sangre también bastante fancy.

- Cantar sin parar lo bello que es Israel. Wendy Sulca, Delfín Hasta el Fin y La Tigresa del Oriente son el nuevo gran descubrimiento. Para que luego digan de los hombres feos. Éste ya se ha hecho su huequito en Ecuador.

- Ver un partido de suizos en Madrid: Federer contra Wawrinka. Está claro quien ganó. Antes de ello nos habían hecho un tratamiento Chronologiste en el Sky Lounge que tenía Dessange en la Caja Mágica. Y a los que me vuelvan a preguntar sobre el cátering… NO, no lo probé. Pero tengo un pelazo…

- Probar un tratamiento antiedad de Selvert Thermal, el Cell Vitale. Quedarme dormida mientras me aplican el principio activo. Maravillarme cuando, al final, prácticamente no tenía mis clásicas arrugas de expresión en la frente.

- Recordar la frase que me dijo alguien muy querido: “En este trabajo echas muchas horas, pero lo bueno son las prevendas”.

- Cenar con Laura Nieto en casa. Hacerle medio pollito de Rúa al horno. Hablar sobre gatos, maldades, futuribles, pasadibles y demás historias. Beber tres botellas de vino (una por persona).

- Caminar por la orilla del río hasta pasado el Vicente Calderón. Deporte de viejos.

- Pensar en anotar todo esto en el blog para… ¡comenzar a cero en el próximo post!

Imagen de Trixy Pixie.

Promesas inclumplidas: un viaje al mes

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Al acabar 2009 me prometí (con mucho jolgorio y ánimo por vuestra parte) viajar una vez al mes. A día de hoy, con cuatro meses finalizados, puedo decir que: prueba no superada.

Esto de construir mi sueño (los sueños no llegan, se trabajan, y muy duro, por cierto) se está llevando gran parte de mi tiempo libre, y lo de los viajes es como un extra en la mochila del que puedo prescindir –por el momento– para aligerar equipaje y llegar antes a donde quiero.

En lo que va de año sólo he ido a París, Galicia, Oviedo (unas pocas horas, quizá ni cuente) y a Londres. Ningún sitio en el que no hubiera estado antes. Muy mal.

Y esto viene a colación porque el fin de semana que viene me voy en salida grupal a Peñafiel. Con doble target: conocer el castillo, tener grandes conversaciones (y pequeños marujeos) y beber mucho Ribera del Duero entre amigos. ¡Estas pequeñas indulgencias saben a gloria!

Ilustración de NoMirar.

Uno rápido… ¡y a correr!

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Cosas ajenas a Zelestina en las que he invertido mi tiempo en los últimos días:

- Visitar la expo Irving Penn Portraits en la National Portrait Gallery. Un must para amantes de la fotografía, de la moda y del arte (así, en general). Delicatessen.

- Caminar por los alrededores de Shoreditch House con Helena Christensen. Comer con ella. Yo y otros 15 periodistas de toda Europa.

- Ir a una clase de Yukari Fit to Flex (gracias a Reebok). Darme cuenta de que soy flexible, pero como no hago deporte las agujetas me crujen.

- Recibir un masaje después de la clase de Yukari Fit to Flex. Cansarme más que el deporte.

- Conocer a una persona inspiradora: en lugar de dedicar el tiempo libre al shopping lo aprovecha en hacer deporte. Me confesó que en su redacción durante la hora de comer se va a correr. Coqueteo con la ilusión de que yo también podría aprovechar para eso. Ilusa de mí.

- Poner cara, voz y sonrisas a una de las bloggers de moda más interesantes: Gala González.

- Hablar con una galesa que insistía en que el galés se parece al italiano. Quedar con ella para el próximo fin de semana en Madrid para acabar la discusión delante de unas cervezas.

- Ir a la boda de un gran amigo, con grandes amigos. Pasármelo de muerte. Volver con Chito a casa. Y dolor de pies por los tacones. Manía a Pura López.

- Ir a la exposición más exitosa de la temporada en Madrid: Impresionismo, un nuevo renacimiento, en la fundación Mapfre. Enamorarme, pero quejarme de lo chiquitito que se queda. Tengo hambre de más impresionistas.

- Pensar que el próximo post ha de ser sobre literatura… sentir la necesidad de acabar un libro. Que ya hace mucho tiempo.

Ilustración de K-Bosé.

La foto es la excusa

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Siempre ilustro mis posts con fotos, pero hoy haré una excepción: “ilustraré” esta imagen con un post, para que no se quede solita en la imensidad de Zelestina.

A pesar de que en un principio no tiene nada relevante, desde que la vi me quedé fascinada. Una motosierra cortando ¿tomates?, ¿Naranjas?, ¿Papayas? bajo la lluvia… El caso es que como no leo ¿hebreo? no sé muy bien cual es el fruto, ni tampoco es que me importe especialmente.

Este dibujo me llevó directamente a mis 12 o 13 años. Ya estaba en el instituto y me había anotado a clases vespertinas de fotografía (¡con laboratorio y todas esas cosas maravillosas!). Mi único objetivo era tirar fotos a cualquier cosa que se moviese (y luego revelarlas en el cuarto oscuro, claro está).

En mi memoria yo iba en el coche con mi madre (un Seat 133 que, en algún momento de su historia, había pasado a tener una garrafa a modo de tanque de gasolina) y le estaba contando que quería hacer una serie de fotos sobre los cambios que había hecho la industralización (bueno, probablemente dijese una palabra menos precisa) en la naturaleza. Mi pueblo era un buen ejemplo de árbol, árbol, árbol, poste de la luz, árbol, árbol, árbol, viga de cemento, etc. así que me parecía muy interesante trasladarlo al papel.

Recuerdo la risotada de mi madre, el deje como de “ya se te pasará” y aquel otro de “cuando lo vea lo creeré” que, efectivamente me hicieron echar para atrás mi idea inicial. Nunca hice ninguna serie de fotografías sobre la ilustración. Al final las madres tienen razón siempre, ¿no? Pero, ¿qué hubiera pasado si no hubiera hecho esos gestos?

Recuerdo compartido vale por dos.


Por cierto, que este post se publica justo mientras estoy en casa de Galicia. Ya sabéis, ese lugar en el mundo al que el wi-fi todavía no ha llegado.

Pintura de Ruttie.G