Las vacaciones bien, gracias

El viaje a Lanzarote fue estupendo. La isla nos sorprendió y fascinó a partes iguales. Alquilamos un coche y, sobre terrenos marcianos (rojo y negro hasta el infinito), visitamos el Timanfaya, los jameos del agua y la cueva de los Verdes. También estuvimos en las casas de Saramago (como había adelantado) y César Manrique. Resulta que JFK acabó madly in love con el trabajo del artista local. ¿Quien no querría una casa como la suya?

Tuvimos tiempo, además, para caminar por zonas más turísticas como Puerto del Carmen y Playa Blanca. Ahí es donde teníamos nuestro resort. Yo nunca había estado en uno y si puedo, nunca volveré. Tampoco quiero volver a esas áreas de restaurantes typical spanish, tiendas de turistas y bancos. Parece que hasta ahora había tenido vacaciones muy alejadas del cliché. Me encontré con demasiada gente, filas innecesarias y comida mediocre (para un supuesto cinco estrellas, donde nos alojábamos). Donde estén un hotel boutique o una casa rural que se quite lo demás.

Ah, por cierto. Tampoco hizo tiempo de playa o piscina. Así que volvimos con los culos tan blancos como los llevamos. Eso, sin embargo, no es un drama en esta, nuestra casa.

Obviando esa pequeña parte grinch, todo fue estupendo. Descansamos mucho, nos reimos más, hablamos todo el rato y hasta estuvimos en un spa limpiando y alineando nuestros chakras. Todo fue como tenía que ser: un Kit Kat del mundanal ajetreo. Amigos, estoy lista para las siguientes vacaciones…

Foto de JFK.

Próxima parada: Lanzarote

En poco más de cuatro horas estaremos (JFK y yo, se entiende) rumbo a Lanzarote. Ninguno de los dos hemos estado nunca en las islas Canarias así que vamos un poco in albis. Por lo que nos han contado enero allí es como agosto en Galicia, así que no esperamos que haya grandes días de playa y de tumbarse a la bartola, pero llevamos el bikini. Por si las moscas.

Dormiremos en un Castillo al sur de la isla. No es un castillo como los de las princesas, sino un Gran Castillo de nombre propio que compite en ostentación con los de los cuentos: tiene hasta 11 piscinas y su nombre va acompañado de cinco estrellas. Es lo que tiene viajar en la cuesta de enero. De todas formas me pregunto si ante el concepto resort (nunca he estado en uno) acabaré sintiéndome como David Foster Wallace cuando se fue de crucero.

Aunque para muchos la isla es sinónimo de César Manrique, yo hace muchos años que la relaciono con José Saramago. Y creo que si hay un plan que no me quiero perder en estos cuatro días, es visitar su Casa-Museo, que solo abre por la mañana.  Ya ven, planeo levantarme temprano (al menos un día).

Como el Castillo-resort parece que tiene wi-fi, es posible que postee mis vacaciones en directo. Eso si no me da la modorra vacacional y me quedo atascada en el buffet como si no hubiera un mañana. Por de pronto, voy a preparar las maletas. Directa al sur para revivir el verano gallego.

Portada del especial viajes de Life. 1927. Ilustración de Coles Phillips.

Si Alber Elbaz pone el árbol, es que es navidad

Esta semana estuve en Londres y, casualidades de la vida, recalé un rato en el Claridge’s. Me encantó ver que el diseñador Alber Elbaz ya ha puesto su árbol en el hall del mismo. Es ya una tradición, como la del té de las 5, que un artista invitado decore el más importante de los árboles del hotel (en mi visita conté hasta 13 diferentes árboles desde la entrada al guardarropa). Por ejemplo, el año pasado el honor lo tuvo John Galliano, y el anterior Dior (por John Galliano).

La estampa de 2011 representa a clientes del hotel (¿Podría ser Madame y Monsieur Lanvin, junto con la amante de este?) y una camarera del Claridge’s con un plumero. Las marionetas son ya las clásicas de Elbaz y, por supuesto, van todas vestidas con sus diseños. El ángel que hay arriba, sujetando la estrella de Belén Lanvin, no es otro que Elbaz (cliente del hotel desde hace años).

Las figuras estarán allí sentadas hasta el 2 de enero y si pensáis hacer un viaje a Londres, podría ser un buen lugar al que ir a tomar el té (con su carrito, sus sándwiches de pepino y su cubertería de plata) o simplemente comprar su Christmas Pudding para llevar.

Un supuesto berlinés

Que digo yo que… ¿qué haríais si de repente el dedo divino os hubiera regalado cuatro días en Berlín? Alguna sugerencia imperdible (fuera de las guías de turismo).

Me apetece vintagear, advierto.

Postal antigua de Carl Fredric.

Y remato en el final: Milán

El lunes bien temprano (demasiado, diríamos algunos) me fui con JFK y su familia (hermano, padre y esposa) a conocer Milán. Nos quedamos en el Hotel Idea Corso Genova. Muy cerquita del Duomo (15 minutos a pie) y la zona de los Naviglios. Mi espíritu TripAdvisor me obliga a recomendarlo: limpio, buen desayuno, silencioso…

La primera noche, que cenamos en una terraza en Porta Ticinese, llegó el drama en forma de mosquitos tigre y sus ocho picaduras convenientemente distribuidas por mis tobillos. ¿Cómo se imaginan que quedaron mis pies de alérgica ante uno de los chupópteros más peligrosos de este lado de los manglares?

Pues aún así saqué fuerzas de donde nadie pensaba que las tenía para caminar por Milán con mis pies de elefante. Previamente había comprado unas chancletas de plástico bien feas: ningún otro calzado entraba en esa oda a la hinchazón.

Ocho mosquitos no podían impedirme conocer Milán. Obvio que no pude ir al ritmo que iría senza zanzara, pero aún así caminé la zona de la moda (tuve que hacer un alto en en el Café Armani por el dolor en los pies. Recordaré mi estancia en chancletas y con los pies de BigFoot como un momento vergonzante, pero al menos existió) y los Naviglios que, por cierto, me parecieron una zona preciosa, como para echarme a vivir (y arriesgar mi vida alérgica a cada paso).

Por suerte el primer día había puesto a la familia a caminar desde el Duomo hasta Corso Como y su famosísimo número 10. Ya saben, lo trendy es lo primero, aunque se tarden horas en llegar por hacer escala en miles de gelaterias.

Eso sí, el miércoles antes de volver, mis pies decidieron ponerse en huelga definitiva. No sólo andaba como un pato, sino que eso estaba cada vez peor, amoratado y gritando alerta roja. Día perdido en el que me rebautizaron como Botero y no pude más que zarandear mi cuerpo hasta el aeropuerto.

Ya saben, mi primera vez en Milán se recordará en los anales de la familia como aquella vez en que me convertí en musa de Botero (y no me quejé). Hay cosas peores. Tendré que repetir, a ver qué escollos encuentro en la próxima visita…

Foto de JFK.

Empiezo por el principio: Oviedo

El fin de semana pasado estuvimos en Oviedo. El padre de JFK llegaba a la ciudad para asistir a un congreso médico y decidimos aprovechar para ir a recibirlos en su llegada a las Españas.

Fuimos en tren. Cómo me gusta el tren. Puede tardar horas en llegar al destino, pero siempre me parece que aprovecho mucho el tiempo, que todo es para mí y que tengo unas vistas privilegiadas. En fin, eso lo dejo para otro post. Que me eternizo y no tengo mucho tiempo.

Ya en la ciudad, he de decir que no aproveché nada la visita. El domingo en la noche tenía que entregar un reportaje y me pasé gran parte del tiempo exprimiendo mi maltrecha creatividad para enviar algo original. Ya les iré contando más sobre este asunto.

A lo que iba. El sábado por la noche fuimos al Campoamor a escuchar una zarzuela. Yo he sido muy de ópera en el Real (cortesía de Fátima, of course) pero esta era mi primera zarzuela. Su nombre: Los diamantes de la corona. Me encantó. Repetiría con los ojos cerrados. Y la iluminación me dijo que tiene que hacerlo todo el mundo.

La lección que aprendí en Oviedo es: más zarzuela para el pueblo, por favor. Mira que irse tan lejos para volver con esa consigna… tiene valor.

Foto de Thaissa.

Hogareña por el mundo

Cualquiera diría lo mucho que me gusta estar en casa y no moverme. Al final siempre me lían y acabo haciendo maletas, organizando viajes y pasándolo fenomenal.

Pero siempre hay un momento de iluminación en el que recuerdo lo mucho que me gusta mi casa, mi cama, mi ducha, mi felino…

Una es hogareña. Hogareña por el mundo. Y no se hable más: séllenme otro pasaporte.

PS: Esta noche arrivo de los Milanes…

Foto: Lara Jade.

Carne italiana…

Muy bonito“. Así titula Vogue Italia el editorial de portada de su número de junio. Tres modelos de tallas grandes (Candice Huffine, Tara Lynn y Robyn Lawley) con lencería. Corríjanme si me equivoco, ya ha habido portadas de revistas femeninas con modelos XXL, pero nunca en lencería, ni en b/n, ni fotografiadas por Mario Testino.

Anyway, no me dejen centrarme en estas fruslerías. Yo lo que venía a decir hoy es que hasta el miércoles estoy en L’Italia… y me pareció la forma más bonita de ilustrarlo. ¿No huele a Sofía Loren revisitada?

¿Qué hacemos en Milán?

La pregunta es en serio. Del 20 al 22 que viene estaremos en Milán y me encantaría que me diérais consejos de experto.

Quienes ya hayáis estado en la ciudad… ¿algún restaurante?, ¿Alguna tiendita especial (más allá del clásico Corso Como 10) que se vuelva obligatorio visitar?, ¿Algún truco para conseguir entradas para visitar la Última Cena?

Cualquier tipo de consejo se agradecerá. Lamentablemente, en esta ocasión, no se podrá premiar con bien material alguno (¡maldita crisis!), pero se os envía amor. Mucho amor.

Collage de Esendemirci.

Cinco cosas que hice la semana pasada y me encantaron

1. Explorar mis chakras por primera vez. Parece que todo correcto (inteligencia, bondad, equilibrio general…) excepto la zona del estómago/ovarios. Ahí tengo un lío que me han dicho cómo resolver. Os haré saber, porque me ha resultado de lo más interesante y quiero estar en perfecta armonía.

2. Viajar en avión una vez más para corroborar que puedo hacer de un contra un pro: el tiempo que uno pierde (en comparación con otros medios de transporte) se tradujo, en mi caso, en más de 100 páginas leídas de Happiness. Ya me va enganchando, pero ha costado.

3. Recibir una llamada de alguien que soy fan. Muy fan. Y venirme arriba. Corroborar que mantengo una estrella, aunque la tengo que cuidar más.

4. Comer calçots por primera vez, y en Besalú. Experiencia completa y maravillosa.

5. Bañarme. Es algo que sólo hago cuando voy de viaje, porque en casa nada más que tengo ducha. Es como un ritual de la viajera habitual. Baño hirviendo justo antes de dormir. Placeres personales.

Foto: British Photo.