El dulce far niente

Vaya viajecito amigos. Masajes corporales y faciales a tutiplén, gastronomía francesa (¡baja en calorías!) al alcance de la mano, y mucho mucho pampering (cos I deserve it!) en mi viaje de tres días a Cannes.

La versión oficial la podéis ver en el blog de belleza de Harper’s Bazaar, y yo sólo podría añadir que la ciudad ya se está preparando para recibir a la flower y cream de la cinematografía mundial. Se nota en el ambiente que los euros (derivados de la afluencia de público esa semana) están a punto de entrar. ¡Cuanta alegría!

Aproveché para hacer un mini paseo turístico porque, a lo tonto, hicimos mucha vida de hotel y spa. Visité la colina, con un antiguo castillo que alberga un museo y también paseé por las callejuelas. Todo en alrededor de tres horas, mi tiempo libre.

Obvio, como ya os dije, también paseé por la Croissette, pero no me fascinó. Está llena de playas privadas y demasiado cerca del puerto. No me da ganas de bañarme en el área, de disfrutármela, pero ha sido una gran experiencia…

PS: La foto que ilustra este post (propiedad del Hotel Majestic) está tomada desde el Penthouse del mismo, y la pequeña piscina de la suite con vistas a la playa de Cannes. Yo NO me quedé en esa habitación, aunque me hubiera encantado.

Estado: volando

Si son ustedes rápidos y leen esta entrada cuando se publique (lunes a las 10 de la mañana aproximadamente), les confieso que estoy volando destino Cannes.

No, no voy al festival (todavía no ha comenzado), sino a descubrir unos nuevos tratamientos de belleza de Sisley. No me refunfuñen envidioseando, que es por trabajo ;)

Me quedaré en el Hotel Majestic hasta el miércoles (tranquilos, habrá actualizaciones en mi ausencia: como todas las semanas, mis entradas son programadas), y no vean las ganas que tengo de pasear por la Croissette.

Mode VIP on…

Collage de Leyso.

Flash Lyonnais

El domingo partí en un viaje express (poco más de 24h) a Lyon. La excusa era inaugurar un centro de evaluación predictiva de L’Oréal, en el que se usa solamente piel reconstruida. El maestro de ceremonias fue el mismísimo Jean Paul Agon. Un madurito interesante, os lo prometo. ¿Será la erótica del poder? (Nota mental: nunca dejar que JFK se convierta en mandamás de L’Oréal, o los celos me consumirían).

Ya había estado en la ciudad, visitando a Marie Delahaye (fue en 2007, y podéis recordar lo que me pareció si volvéis a Celestina-No-Cocina), pero esta vez fue todo mucho más agitado y con muchísimos menos minutos en el cronómetro. Por supuesto, las circunstancias se aunaron y no pude volver a ver a Marie (carita triste).

Tres horas para pasear (me pillaron de sorpresa, porque ni siquiera esperaba tener) y re-descubrir Lyon. Paseo, paseo (paradita en la Fnac), paseo, paseo y sentadita en el parque. Hacer viajes de seis horas (MAD-CDG y TGV a Lyon) y dormir otras seis (eso sí, en un Sofitel que se merece un podio), para luego visitar un centro de investigación os prometo que consume energía.

Y luego ya no queda espacio en el cerebro más que para pensar en una siesta de las de pijama y orinal (que tardaría varias horas en poder consumar). Eso sí, la experiencia de viajar con un grupo de 17 periodistas españoles de todas las razas fue de lo más enriquecedora, y volví con agujetas en las mejillas de tanto reirme. Está bien salir de la belleza por un instante y encontrarse con expertos en salud, economistas o ese puesto tan socorrido en los medios al que ya hemos apodado como “cajón-de-sastre”.

¿Quién dijo que estaba de moda el slow-travel?

Foto de Xshadyblues13.

Patada voladora a Ryanair

Si no hace tanto os hablaba de algunas de mis marcas favoritas, es el momento de revelar uno de mis mayores odios: Ryanair. Vale, no es verdad que sea una marca, sino una empresa… pero ¿desde cuando es eso una excusa para dejar de trashear algo?

Porque no creo que haya otra con tanta cantidad de literatura casi gris a muy pocos clics de distancia. Y no hablo de las polémicas mainstream que surgieron tras su propuesta de cobrar por usar el baño o aquella otra en la que querían que voláramos casi de pie para ahorrar más espacio.

Me refiero a cosas como el documental de campo en el que dos periodistas se infiltraron entre su tripulación y descubrieron millones de irregularidades, las continuas quejas de sus pilotos por el racionamiento del combustible, las sanciones por cancelar billetes comprados a través de agencias externas o los repetidos rumores sobre provincias y comunidades autónomas pensando en rebajar tasas aeroportuarias y hasta darles dinero para que la compañía low cost haga escala en sus localidades, con el consiguiente aumento de flujo y turismo (en lo que va de año, ya suman dos millones de pasajeros más que Iberia).

Claro, también merece la pena recordar los pequeños detalles que servidora ha tenido la oportunidad de “disfrutar” cada vez que he elegido (o, más bien, lo han hecho por mi) la aerolínea irlandesa: no dejan subir con bolsa de mano y bolso (tiene que entrar sólo un bulto por narices), hacen una rifa en pleno vuelo como si fuera la feria del pueblo, venden cigarrillos electrónicos a voz en grito y cuando aterrizan suena una trompeta gigante en la que anuncian “ESTE VUELO HA LLEGADO EN TIEMPO”. Sí, me toca siempre. Soy de esas pocas viajeras frecuentes que casi nunca sufre retrasos (crossing fingers).

Hala, después de esta gran parrafada… espero vuestro feedback. A ver si soy la única que bajo ninguna circunstancia (y me da igual que los vuelos cuesten 7 euros o 1 céntimo mientras en otras compañías no bajen de 100) compraré billetes en Ryanair. ¡Me da demasiado miedo!

Ilustración de Tsukishima Masami illustration.

Autoindulgencia

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Porque de repente me ha dado por publicar demasiadas fotos mías… Puede ser autocomplacencia… ¿o quizá egocentrismo? Me quedo con self indulgence (es lo que tiene pasarse la vida viendo las cosas en V.O., que uno va pillando manías de aquí y acullá).

Que sea lo que sea… No quería dejar de compartir el álbum de fotos que hizo JFK durante el viaje a Ámsterdam. Me encanta.

Más allá del ahumado barrio rojo

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Que sí, que todos sabemos de Ámsterdam que hay muchos canales, que están al nivel del mar, que tienen un barrio rojo caliente (y multicultural) y un orgullo sin parangón por ser el porródromo oficial de Europa. Pero uno llega allí y constata que, efectivamente, la pequeña ciudad nórdica es eso y mucho más.

No os voy a engañar. No tuve un flechazo. No hubo feeling inmediato (me ha pasado con otras ciudades no-tan-grandes como Gotemburgo o Lyon). No pensé en “quedarme seis meses y escribir un libro”, como me ocurre siempre que algún sitio me fascina mucho.

Pero (y hay que darle al César lo que es del César), he aprendido a admirar su diseño de interiores. Son unos verdaderos artistas. Quiero todas las sillas, mesas, camas, etc. que he visto. Me encanta la sobriedad de las líneas, las buenas combinaciones que hacen. Creo que es algo que les sale innato.

También me ha encantado la bicicleta. Ese medio de transporte tan infravalorado en éste, nuestro país. ¿Por qué? ¡Quiero poder ir a trabajar en bicicleta sin pensar que es un verdadero riesgo para mi vida! El asunto de las cuestas ya me lo bisnearé como pueda. Ahí queda eso.

Y, además, no quiero dejar de recomendar ese estupendo Bed and Breakfast en el que dormimos, Kien. Era un apartamentito chiquitito con patio propio. Una verdadera joya para ayudarnos a sentirnos más de la ciudad. No estábamos en una habitación de hotel, sino en “nuestra casita”. Martin, su dueño, es de lo más encantador.

La de la foto, adivinen, soy yo. Hecha por JFK.

Rumbo a Ámsterdam

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Hace unos meses lo soñaba (con resultados totalmente infructuosos), pero este fin de semana lo haré realidad. Nos vamos a Ámsterdam. Es la mini-segunda parte de nuestras vacaciones. ¿Y por qué decidimos esa ciudad? Es un destino en el que ninguno de los dos hayamos estado (checked), en el que no conocemos a nadie (checked) y en el que hay al tiempo vida cultural y diversión (double checked). No nos engañemos, los billetes de avión no estaban caros hace un par de semanas y ese fue realmente lo que inclinó la balanza.

Ahora, saltándonos lo obvio (barrio rojo, Rijksmuseum, Coffe Shops, Museo Van Gogh, Anna Frank, etc…), ¿Qué sitios son susceptibles de recibir una ilustre visita? Se agradecen, sobre todo, barcitos, restaurancitos y tiendas. Incluso, god forbid, algún rincón secreto para una cena romántica. Que somos muy de la sociedad de consumo. Por favor, no se corten y comenten. Tengo ganas de venir con sentimientos de haber “comprado” una experiencia completa.

Por cierto, ya lo había dicho en el post para el concurso: es importante para nosotros el hotel. Muy importante. Por eso esta vez hemos decidido alojarnos en un Bed & Breakfast (con wifi, claro). No sé si es especialmente bonito o no, pero sí sé que me tiene fascinada.

I can’t wait.

Hay un país en el mundo

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Lo peor de estar sólo nueve días en Santo Domingo es no haber tenido tiempo de visitar un motel (tengo una curiosidad extrema por saber de qué van esos locales de placer rápido con ambientes internacionales), no haber comido sushi de platanito en Yokomo Sushi, no haber desayunado en Marocha (omaigá!) ni haber visitado el Alcázar de Colón.

Lo mejor de estar nueve días en Santo Domingo es haber podido asistir a la boda de Erwin, hacer un road-trip familiar a Terrenas, ver cómo los amigos se aparecen e insisten en contactarnos aunque nosotros fueramos un desastre al teléfono móvil, desayunar mangú a diario (man, this is good!) y coquetear con la idea de querer mudarme al lluvioso trópico.

Y sin duda, el hecho de que volveré a vivir situaciones similares es lo que se lleva la palma. ¡Tengo una familia, y un país que me maravilla (y me asusta a partes iguales) a 14.000 km de mi casa! Muchas gracias a todos los que han hecho que esos 9 días hayan sido FANTASTICULARES.

Dominicana es único. Ya lo anticipaba Pedro Mir… Hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. No dejen de leer el poema entero.

De la primera en business

Autumn_reverance_by_Felilly

Estoy en París. Llegué esta mañana con las chicas de Paco Rabanne, que nos van a presentar por todo lo alto su novísimo perfume. Todavía no sé cual es.

Puedo confesar (y confieso) que nunca en mi vida había viajado en clase business. De hecho no tenía ni idea de lo que se cocía en la parte delantera del avión y, por fin, hoy sacié esta curiosidad. Al final no es más que sala VIP (con comida y bebida), speedy boarding y sillones extra anchos. Porque eso de que te dan comida en vuelo… ¡no es más que una tortura!

Tan cómoda iba que he dormido todo el viaje. Y cuando desperté ya estaban los cajones superiores de equipaje abiertos, repletos de bolsas de viaje de Louis Vuitton dispuestas a rockear la ciudad… otro mundo.

Ahora estoy descansando (es muy duro coger un vuelo, ir en business y luego quedar para comer… hay que tomarse un rato antes de seguir con la apretada agenda de cosas duras por hacer) en el Hotel Castille. A tan sólo unos pasos del cuartel general de Chanel. En la misma Rue Cambon. En la calle en la que ella desafió al siglo XX y le ganó la partida. Siempre pienso que hay lugares especiales, que tienen un “poso” de la historia que han vivido. Éste es uno de ellos para mi.

Por cierto… quiero preguntar por aquí a las chicas de moda ¿qué fue de Paco Rabanne (Rabaneda para los amigos)? Nunca más se supo de él ¿Verdad?. Los rumores dicen que se le fue la cabeza totalmente… pero no tengo ninguna confirmación.

¡Me pongo en modo francófono hasta el domingo, les iré contando!

(Qué dura es –a veces- la vida del periodista).

Fotografía de Felilly.

Rumbo a Galicia, hey

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Un fin de semana más salimos de Madrid. Volvemos al hogar gallego. Esta vez con visitantes. Vamos a hacer de petites guías turísticos, a comer buena carne y a elogiar (permanentemente) la uva mencía.

Mamá… ¡vete encendiendo la estufa!

Cada año me gusta más volver al norte…. a veces hasta me pregunto lo diferente que sería mi vida si yo fuera de la meseta.


PS: Y este post se publica mientras estoy volando a casa.

Foto de Dim Baida.