Mahouizando el arte
El siguiente texto forma parte de la crónica que escribí en Mahou Impressions (la nueva plataforma digital de Mahou) sobre la apertura de su terraza en el Reina Sofía la semana pasada. Ya os dije que la improvisación era solo un primer paso… creo que seguiréis oyendo hablar de Mahou por estos lares durante una temporada.
Que una conversación de ascensor sea el paso previo a la inauguración de una terraza es, cuanto menos, insólito. Pero la intensa lluvia en Madrid horas antes del estreno de la Terraza Atocha, una colaboración veraniega entre Mahou Cinco Estrellas y el Museo Reina Sofía (MNCARS), tenía a medio Twitter hablando sobre el tiempo (Curro Cañete disecciona el debate en Vanity Show) y preguntándose si había alguna parte techada en el patio lateral del edificio de Sabatini, sede de la nueva terraza cuya apertura se festejaba. Lo cierto es que la organización fue wiser, Harder, Better, Faster, Stronger (que dirían los Daft Punk) y tenía un arsenal de paraguas de bolsillo para dar a los invitados en el caso de que volviese la lluvia, además de tener a tope las setas de calor. No hizo falta, por sorpresa (y por fortuna) la noche se despejó justo antes de abrir las puertas.
Una vez con el cielo madrileño de nuestra parte, las cervezas de Mahou Cinco Estrellas (en su envase para ocasiones especiales) frías y Rossy de Palma estrenándose a los platos, todo iba sobre ruedas. Con un turbante en la cabeza y el mundo por montera la actriz hizo de music selector (ella misma prefiere ese término al de DJ) y alma mater de la jornada. Sus cómplices en esta ardua misión de hacer mover el esqueleto a los asistentes fueron los diseñadores Juanjo Oliva y Jeff Bargues. Luego llegaron sus amigos Alaska y Mario Vaquerizo, un auténtico fan de las bondades de la marca; Tanto es así que él mismo ha confesado que si tuviera que elegir entre un Balmain y una Mahou se quedaría con la cerveza. La pareja lleva años cargando las maletas de con música para mezclar, y no dudaron en echarle una mano a su amiga Rossy. También se animó un espontáneo, que realizó un espectáculo de danza (látigo incluido) a mitad del evento. Muy completo todo.
Quien piense que la mesa de mezclas fue el auténtico el meollo de la fiesta, es porque todavía no ha escuchado la retahila de nombres que acompañaron la apertura y se desperdigaron entre los anónimos. Una vez pasados por el rigor del photocall, personajes como Nuria Roca (y esposo), Arancha de Benito, Fanny Gaultier, Raquel Meroño, Estefanía Luyk y Mónica Martín Luque disfrutaron de la noche con una Mahou. También pululaban rostros conocidos de la generación post-Windsor (que diría el bloguero Popy Blasco) como Miranda Makaroff, Moisés Nieto, Josie, Iván Civic o La Crawford.
Con la inauguración de la Terraza Atocha, Mahou y el Reina Sofía consolidan su colaboración. Ya son tres el número de locales de la cervecera albergados en las instalaciones del museo. Los dos anteriores se sitúan en la última planta del edificio Nouvel y en el bucólico patio interior del edificio Sabatini. En cualquiera de los espacios los visitantes pueden hacer un alto en el camino durante su visita al centro. Un merecido descanso entre su paseo por los castillos en el aire de Hans Haacke y el universo personal de Mateo Maté. Eso sí, esta nueva incorporación es más after work (o after museum, como prefieran) que las otras dos, ya que cierra a las 00.00 entre semana y a las 02.00 los fines de semana. Será cuestión de rendirse a los encantos de una cerveza bien fría cuando, en los días más rigurosos del verano, por fin se ponga el sol. La vida está hecha de pequeños placeres.
Imagen de Pepino Marino.











