En cualquier tiempo pasado se envolvía mejor

Fantástico este resumen de papeles de regalo de tiempo atrás (hay más escondidos a través de toda la red) ¿No os ha llegado una ráfaga de nostalgia?

Yo, por cierto, envolveré mis regalos de este año en renos de colores con un corazoncito en el jamón, un collar de diamantes y una bola de navidad en el cuerno.

Si Alber Elbaz pone el árbol, es que es navidad

Esta semana estuve en Londres y, casualidades de la vida, recalé un rato en el Claridge’s. Me encantó ver que el diseñador Alber Elbaz ya ha puesto su árbol en el hall del mismo. Es ya una tradición, como la del té de las 5, que un artista invitado decore el más importante de los árboles del hotel (en mi visita conté hasta 13 diferentes árboles desde la entrada al guardarropa). Por ejemplo, el año pasado el honor lo tuvo John Galliano, y el anterior Dior (por John Galliano).

La estampa de 2011 representa a clientes del hotel (¿Podría ser Madame y Monsieur Lanvin, junto con la amante de este?) y una camarera del Claridge’s con un plumero. Las marionetas son ya las clásicas de Elbaz y, por supuesto, van todas vestidas con sus diseños. El ángel que hay arriba, sujetando la estrella de Belén Lanvin, no es otro que Elbaz (cliente del hotel desde hace años).

Las figuras estarán allí sentadas hasta el 2 de enero y si pensáis hacer un viaje a Londres, podría ser un buen lugar al que ir a tomar el té (con su carrito, sus sándwiches de pepino y su cubertería de plata) o simplemente comprar su Christmas Pudding para llevar.

La fiebre del elfo ataca de nuevo

El primer año fue un furor. No hubo quien no se convirtiese en elfo para celebrar las fiestas. Desde entonces a mi buzón todas las navidades sigue llegando alguna postalita de los rezagados.

Y es que… ¿quien no quiere estar a bien con Santa’s little helper? Yo he encontrado estos felinos in diguise (al módico precio de 8 euros el paquete de 4) que serían el ornamento perfecto del árbol de navidad que no tendré. Ya me gustaría a mi volver a mi esperpento en fucsia, pero no me da tiempo a preparar los aderezos así que este año simplemente esperaré a que me llegue el elfyourself y soñaré con los gatitos ayudantes. En realidad son feos con avaricia, pero soy una nostálgica del antropomorfismo. Ya lo sabéis.

Vía: Design is mine.

Cuando era pequeña (XII)

Mis habitación era un cuarto de paso hacia la de mis abuelos. Así que muchas veces acababa yendo a su cama a dormir o, simplemente, a hacer sueño. Otras veces el detalle funcionaba a modo de perro policía. Aunque cerrara la puerta ellos veían por debajo la luz, y se daban cuenta de que a la 1 de la mañana seguía leyendo. ¡Vaya broncas!

Una de las cosas que más me gustaba era irme a cama con mi abuelo y pedirme que me cantara un poco. El repertorio era más bien escaso: A rianxeira y Catro vellos mariñeiros eran las dos únicas canciones. Ibamos alternándolas y, como buena niña, a veces le pedía la misma una y otra vez hasta la extenuación. Nunca me dijo que no. Hoy justo volví a escucharlas. Me anoto el pedirle un mini concierto el mes que viene, cuando vaya a casa.

Ilustración de Jenny.

Reflexión literaria en un domingo electoral

En la vida hay un clarísimo punto de inflexión: el momento en el que decides no acabar de leer un libro solo porque se supone que es bueno, o porque alguien en cuyo gusto confías te lo ha prestado. Cuesta superar toda esa suerte de barreras sentimentales y decir “NO LO VOY A LEER”.

Es lo que me ha pasado con Jonathan Coe y ¡Menudo reparto!. Empezó de un modo interesante, pero en la página 100 se había convertido ya en un lastre en mi bolso. Mis viajes en metro al trabajo (unos 40 minutos aproximadamente) nunca habían sido tal páramo literario. Prefería mirar a la nada con tal de no abrir el libro. Y no hablo de días, ni de semanas… dos meses lleva ya la historia.

La semana pasada pedí en twitter que me convencieran para retomarlo. Y no hubo manera. Así que ahí se ha quedado. La ruta se bifurca ahora entre otro préstamo, Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos?, de Malcom Gladwell y un libro de pequeños reportajes de Gay Talese, Retratos y encuentros. A ver si logro equilibrar el balance anual o está ya echado a perder.

Collage de Esendemirci.

Tres hombres y una testiga

El sábado tuve cita doble. Así es una, a pares. Primero me fui a ver a Manuel Rivas y a César Morán. Estaban en el Círculo de Bellas Artes, como parte del programa del Festival Eñe. El primero recitaba poemas, el segundo les ponía melodía (y voz). Hubo tiempo para celebrar el centenario del nacimiento de Cunqueiro. También hubo tiempo para la expresión plástica de Rivas que tiró al público los dibujos que había hecho durante el recital. Más experimental imposible.

Luego tomé rumbo hacia La Latina (no sin antes parar a comprarme una laca de uñas, unos vaqueros y unos moldes para hacer dulces de los que hablaré en breve) porque Tatalab -JFK para los amigos- se estrenaba como conferenciante en el WeekendPills que organiza Mr Marcel School. Tuvo 10 minutos para explicar su qué, cómo y por qué de existir. Créanme que lo hizo fenomenal y resultó una charla de lo más inspiradora. Digo todo esto con la objetividad que mi condición de “señora de” me permite. Por supuesto.

Y, aprovechando que ya hemos mencionado al maravilloso consorte. ¿Por qué no se pasan a cotillear en su recién estrenada tienda on-line?

El rey de mi Instagram

 

 

 

Por si a alguien le quedaba alguna duda. Baldomero se ha apoderado de mi presencia en Instagram. Y tan pichí.

En un mundo ideal

En un mundo ideal la gente hace su cama después de levantarse. Y coloca tres pares de cojines mullidos que ¡vaya sorpresa! combinan a la perfección con el cuadro de la pared, un homenaje a la edición clásica de Penguin.

En una cama como esa apetece dormir. Y más si llueve. Deshacerla lo justito para arroparse y despertarse al día siguiente como si hubiera pasado el demonio de Tasmania.

El cuadro con el libro de Penguin (A room of one’s own, con doble juego) es obra de Alanna Cavanagh, la misma que instauró la frase “Knitting is the new yoga“.

Vía Kireei

Mi pre-carta a los Reyes Magos

Este año lo haré con tiempo. El año pasado me estrené en esto de las wish lists y me gustó tanto que quiero repetir. Incluso adelantarme a la Navidad de El Corte Inglés y empezar a elucubrar sobre qué me encantaría recibir el día de mi cumpleaños, el próximo 21 de diciembre. O cualquiera de las otras fechas festivas y llenas de regalos que se aproximan. Por cierto, esto es solo una pre-carta, si no les gusta lo que pido… ¡¡habrá más para elegir!! Fun Fun Fun. Y ahí vamos:

El habita de Elsa Peretti para Tiffany. Me gusta la de plata, aunque toda la colección es (además de un clásico) para morirse. Hablar de algunas de las piezas de Paloma Picasso es ya palabra mayor. Pero si ustedes me quieren mimar, yo me pongo cómoda.

Un cerdo ladrón. Tal cual. Ya que voy a tener el salón lleno de cables… ¡qué menos que un ladronzuelo rosa que los haga un poco más cute! Lamentablemente, esto parece más un prototipo que un diseño real.

No me pueden gustar más los jabones. Hace algunos años que ando obsesionada con los de leche de burra (y de asno) a raíz de uno que compré en Crémieu durante una feria medieval. Supongo que hasta que no logre la réplica exacta no pararé. Mientras tanto, este es una buena alternativa.

Agujas, lana y un rato de vuestro tiempo para enseñarme a tejer (aunque sea una bufanda). Nada me gustaría más, porque estoy en una de esas épocas en que, aunque descansando, no puedo tener las manos quietas. Por cierto, la imagen es de Scaldedflea, no de una tienda real. Habrá que hacer escala en Pontejos.

Alguna ilustración de Fifi Lapin, aprovechando que la conejita más fashionista del mundo estrena tienda on-line.

Unas velas de Baxter of California (edición especial para navidad). No me quiero poner muy pesada, pero las ha diseñado Marc Atlan, y ahí debería terminar la explicación.

La cámara Lytro cuesta casi 400 dólares y es de mis regalos más improbables. Pero es tan bonita que no quería dejar de publicarla, por si alguien tiene un presupuesto más holgado. Además del bonito diseño, cada fotografía queda registrada con diferentes profundidades de campo. Simplemente perfecta.

Otro bastante improbable es este abrigo de lana-mohair de thename. Me fascina, pero el presupuesto que necesitaréis para regalármelo ya supera las tres cifras… Si me queréis mucho-mucho-mucho, optad por él.

Bonus track de libros: Twittergrafía me tiene muy curiosa… ¿qué tendrá que todos hablan de él? También Design Sponge, a ver si de repente aprendo algo sobre decoración.

Estrenarse en Inari con imágenes

Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, entonces cinco imágenes superan el fervor de 5.000 palabras. ¿Qué mas se puede pedir? La semana pasada viví una experiencia única. Hice mi Primera Comunión (sin traje horroroso) en la alta cocina nipona. Yo, que siempre la había mirado con cara de malos humos. Estoy (de nuevo) enamorada.

Tartar de atún con huevas de pez volador. ¡Ojo! Se rumorea que provoca adicción. Yo estoy tratando de superar el mono.

Gyozas. Yummy.

Makis con sorpresa. Únicos.

Atún macerado.

La opción dulce. Yo me había decantado por una tarta de queso, pero mi amiga Almudena es wiser and stronger y se marcó un helado de violetas como para temblar el misterio.

Así fue mi primera visita a @Inari_Madrid. También tienen página de Facebook y de vez en cuando hacen concursos de lo más interesante, para consumidores exploradores. Como Dora. Juro y perjuro que nadie me ha pagado por este post.