Bravo!

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Ayer en la vuelta a clases de francés (después del parón navideño), nos dieron la nota del examen que hicimos antes de irnos de vacaciones. ¡Adivinen a quien felicitó la profesora con un sonoro bravo!

Pues sí, ¡me saqué un 19.25 sobre 20! Estoy feliz, casi no me lo creo. Así que nada, ahora a seguir yendo a clase y estudiando para acabar el curso de una manera redonda. ¿Veis? Ya voy cumpliendo mis metas para 2010.

Tranquilos, tengo más objetivos ;)

Foto de Lidlshmid

Ámsterdam para principiantes

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Ya dije que uno de mis propósitos para 2010 es viajar al menos una vez al mes. Y, la verdad, con tanto viaje hay que buscarse algo de financiación. Las amigas de la oficina de turismo de Holanda han hecho un concurso para bloggers. Nos reunieron a todos en diciembre en un local en Madrid, para presentarnos su nueva web e invitarnos a que la navegáramos. Como incentivo se sorteaban 5 viajes a Holanda a los 5 mejores itinerarios presentados. Éste es el que yo presenté (no dudéis en hacerme la pelota en los comentarios por si me gano el viaje, que el premio todavía no se ha fallado):

Nunca he viajado a Holanda. Y reconozco que no ha sido por falta de ganas, sino más bien porla carencia de un compañero de viaje ideal, que no quiera simplemente pasarse un fin de semana de Coffee Shop en Coffee Shop. Ahora que tengo conmigo a esa persona que disfruta el arte y la historia como el que más, es el momento de hacer la apuesta y lanzarnos a la aventura de un país que es mucho más que tulipanes y quesos Gouda.

A pesar de que nos gustaría ir más días, la verdad es que tanto la agenda profesional de JFK como la mía están bastante apretaditas, por lo que tendremos que crear hueco y hacer un mini-puente el primer fin de semana de febrero para descubrir la capital holandesa: Ámsterdam.

Contad con que del 5 al 7 de febrero estaremos zascandileando por tierras holandesas aprovechando cada minuto para conocer un poco más acerca de la capital país de la reina Beatriz (¡hay que ver lo que me gusta a mí un palacio y un monarca!).

Llegamos el mismo día 5 a media mañana al aeropuerto de Ámsterdam. Allí cogemos el tren hacia el centro de la ciudad (es una suerte que desde el aeropuerto a la estación central no se tarden más de 15 minutos), donde estará ubicado nuestro hotel. Parece una tontería, pero yo siempre cuido mucho la búsqueda de hotel en mis viajes. Es un elemento más de los que ayuda a disfrutar una ciudad de una manera confortable. En la página web de turismo de Holanda hay un buen listado de alojamientos, sin embargo, acabo por googlear los hoteles en busca de opiniones de usuarios y descubro lo que espero sea una pequeña gema escondida, el Hotel Acostar. Ya os contaré a la vuelta.

Por de pronto tenemos pensado dejar las maletas y salir huyendo a comer. ¡Serán como las 2 de la tarde! Queremos sumergirnos desde el principio en la cultura local, así que no hemos dudado en reservar en el Café Van Pufelen, un local que tiene dos interesantes variables: comida holandesa y la posibilidad de dejarlo reservado on-line. El menú… eso no se puede preveer: quizá lleguemos con ganas de mejillones, arenques o hasta hutspot.

Tras la primera comida, debemos dar un paseíto. Y qué mejor que conocer los maravillosos patios interiores que tan alabados son. Posteriormente, y para continuar la tarde de una manera cultural pero no demasiado cansada, pasaremos por el Palacio Real (¿os he dicho cuanto adoro los mundos monárquicos?) y las casas estrechas. Creo que es una manera ideal de comenzar a conocer la historia de Ámsterdam.

La jornada turística terminará en la plaza Dam, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, previo paso por el número 7 de la calle Singel, donde está la casa más pequeña del mundo.

El momento de la cena debe ser totalmente planeado… un nombre bonito, un ambiente encantador, unas velitas en la mesa… cualquier detalle puede ser importante a la hora de elegir un restaurante en el centro y tomar algo antes de ir al hotel dando un cómodo paseo (en caso de cansancio, inclemencias del tiempo o cualquier otro imprevisto… ¡es hora de tirar de nuestro mapa de tranvías y movernos en transporte público!).

Tras habernos ido el viernes temprano a la cama, el sábado se presenta como el “día fuerte” para conocer la ciudad. Nada más levantarnos nos iremos caminando al Rijksmuseum, una de las pinacotecas más importantes del mundo, el la que podremos disfrutar del mejor Rembrandt, Frans Hals o Jacob Van Ruisdael. La verdad es que a mi lo que más me llama la atención es la cerámica de Delft que hay expuesta, en la que se inspiró Galliano para Dior. Seguro me dará lástima sólo tener dos días y no poder ir a la ciudad natal de Vermeer, pero el tiempo apremia.

¡Qué hambre nos va a entrar después de tanta obra artística! Pero como no tenemos demasiado tiempo compraremos cualquier cosa en la cafetería del Rijksmuseum y nos lanzaremos a visitar el Van Gogh Museum, que está bastante cerca. ¡La verdad es que será un día de museos total!

Si sobra algo de tiempo (o energía, que a veces es más importante) no me gustaría dejar de pasar por De Negen Straatjes (Las nueve calles), la zona en que me han dicho que se concentra un interesante batiburrillo de tiendas vintage e interesantes boutiques. No me gusta hacer viajes sin shopping, y la tarde del sábado (si llegamos a tiempo y todavía está abierto) será el momento de saciar mi capricho.

¿Qué podemos hacer por la noche? Habrá que adentrarse, aunque sea por probar las bondades de la cerveza holandesa, en el interesante mundo de la Bavaria, Amstel o Heineken, pero después nos iremos prontito a la cama, que el domingo es el último día y hay que aprovecharlo al máximo.

Efectivamente, en nuestra última jornada (y tras hacer el check out) creo que es interesante pasear por el barrio De Pijp, muy alabado en la web de turismo de holanda y que, casualmente, no está lejos de nuestro hotel (para volver a por las maletas después de comer). El mercado “Albert Cuyp” seguro que nos proporciona interesantes artículos que comprar (ya sean alimentos u otras maravillas desconocidas), aunque sé que JFK disfrutará más la posterior visita al Museo Heineken, del que saldrá con mucho más conocimiento específico sobre la cerveza.

Al final del viaje (y como en todo buen viaje) nos despediremos de la ciudad comiendo algo por la zona de los mercados; se me antojan de repente unos ricos quesos locales que nos den fuerzas para el viaje de vuelta a casa el mismo domingo por la tarde. Estaremos un poquito cansados, pero seguramente muy felices de haber disfrutado de una ciudad tan rica y abierta al mundo.
Claro que nos habremos dejado muchas cosas por hacer y muchos sitios por visitar, pero si no… ¿qué otra excusa tendríamos para volver a poner pies en tierras holandesas?

Nota importante: No debemos olvidarnos de pedir, un par de semanas antes del viaje, el talonario de descuento que ofrecen el la web de Turismo. A lo mejor encontramos algo que nos ahorre unos euritos.

Foto de Ámsterdam de Nickotine Photo.

Yo también vi a los Reyes

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Ahora que vienen los Reyes Magos de Oriente, me vienen a la mente los momentos en que yo era felicísima de la vida yendo a ver la cabalgata los 5 de eneros.

Recuerdo especialmente el único año que fui a ver a los Reyes en Madrid. Me pareció una locura: todo lleno de gente, caramelos cayendo al suelo como pedradas, pocos amigos con los que compartir esos momentos especiales en que quienes te iban a dejar regalos en la noche pasaban por delante en sus carrozas (patrocinadas por enésimas marcas interesadas).

También recuerdo otro año en Burela, a donde fui con Espe (mi muy mejor amiga desde que el mundo es mundo). En esa ocasión llegamos hasta a sentarnos en sus rodillas y recibir, de mano de Sus Majestades, unos caramelos. Ella recibió cuatro y yo tres. Era lógicamente mágico: en su casa eran cuatro personas y en la mía éramos tres (aunque, contando a mis abuelos, éramos cinco, ups). Estábamos totalmente asombradas por la sabiduría de los Reyes.

Además una noche de Reyes, cuando se suponía que tenía que estar dormida, me levanté de la cama y me pareció ver a uno en el cuarto de baño. Una lástima que ya no me haga ilusión y que haya dejado atrás mi época Peter Pan. Ellos lo saben y por eso ya no vienen. Pero haberlos haylos.

Fotografía de MotyPest.

Bonne Anneé 2010

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Ya muchos lo sabéis, pero para los rezagados: esta misma tarde llegué a París, ciudad del amor (y del buen vino, buen champagne y mucha moda y tantas otras cosas que ni se hace necesario mencionar), para pasar el fin de año con Ed y Raquel, con quienes ya hemos pasado los dos años anteriores. Cómo nos gusta un crear tradición.

Estaremos por estos lares hasta el domingo y, ojalá no se me tuerzan los planes, me apetece mucho ir a ver la expo de Vionnet (todo un acontecimento en el mundo de la moda), pasarme por Colette (aunque ande de capa caída) y tratar de arrastrar a JFK en peregrinación a la Rue Cambon, que está al ladito y es donde Gabrielle Chanel creó la leyenda (y donde tiene una de sus tiendas más interesantes).

Si sobra tiempo me encantaría perderme por la zona del Pompidou a recorrer tiendas vintagepor si acaso logro que se me adhiera algo del buen gusto francés. En esta época del año todo es posible…

Y, además, me voy a gastar mis buenos dineros en libros de moda. ¿Dónde mejor para encontrarlos que en París? Por de pronto ya tengo muy en mente el llevar poco equipaje para traerme el de Madeleine Vionnet.

Desde luego, París siempre me convierte en remorilla deseosa de más. Voy a ver qué puedo aprender y descubrir esta vez :)

¡Feliz 2010!

Vestido de Vionnet de Dovima_is_devine

En familia

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Mientras Marc Jacobs y Lorenzo Martone pasaban sus navidades tostándose al sol de St. Barts (y probablemente replicando sobre lo horroroso de las tradiciones navideñas y lo ideal de evadirse unos días de vacaciones) JFK y servidora nos adentrábamos en mi (nuestra ya) Galicia profunda para celebrar las fiestas.

Pocas tradiciones hay en una casa en que hace años que no entra un árbol de navidad o un espumillón, en que un año (de repente) el núcleo duro decidió hacer rescisión de contrato… por lo que yo tampoco sé exactamente qué es una navidad tradicional. Eso sí, en casa (por tradición) se come mucho y bien.

Durante los tres días que hemos estados en Galicia tuvimos sendos festines carnívoros. El primero de ellos vino de la mano de JFK (creo que es el primer dominicano que hace un lacón en un horno de leña en Rúa). Y de vinitos ricos ni os quiero hablar. Por la mesa de la cocina desfilaban, a ritmo de muiñeira, reservas de Rioja, Ribera y algún Albariño despistado. ¿Merece la pena que mencione, tan siquiera, los postres navideños?

En fin, que la navidad no ha podido ser más maravillosa, la verdad. Comer, beber y rodearse de la gente que uno más quiere no me parece tan mal plan. Ya lo siento por Marc Jacobs.

Y ahora estamos de vuelta en Madrid… tenemos tres días en la ciudad para recargar pilas de cara a nuestro fin de año en la ciudad del amor…

PS: El post de la dieta (ese que Jacobs no tendrá que escribir) os lo prometo para enero ;)

Imagen de Jackie Rueda

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

Merry_Xmas_Bokehmon_by_P0RG

A pesar de que estos días estamos en Galicia, no quiero dejar de desearos que paséis una estupenda Nochebuena a la manera tradicional: con mucha comida (rica), bebida (sabrosa) y discusiones familiares (jugosas).

Nosotros (y este nosotros incluye a JFK y a mi) gozaremos de los dos primeros parámetros, ya que en mi casa de Galicia somos tan poquitos (y nosotros, vertiente joven, vamos tan pocas veces al año) que ni tiempo da para discutir, pero sí para cocinar rico.

En estos momentos de buenos deseos me acuerdo mucho del pequeño Baldomero que, un año más, pasa la Nochebuena vigilando la casa madrileña, en la más completa tranquilidad. Un beso espacio-temporal en su hociquillo, aunque ni caso le haga. Para él este ratoncito navideño.

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad! A todos :)

Imagen de P0RG

PS: Es un post programado. No tengo conexión en Galicia.

Balance literario de 2009

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Siendo esta ya la cuarta edición de mi balance literario anual (podéis recordar el de 2005, 2006, 2007 y el más reciente, de 2008), los habituales ya sabréis que este es el momento en el que yo misma me tiro de las orejas por descumplir (sistemáticamente) mis objetivos literarios anuales.

El año pasado me había jurado y perjurado dejar de lado los bestsellers, pero enseguidita veréis que nada más lejos de la realidad: mi vida es un puro bestseller (eso sí, en diferentes idiomas).

Eso sí, me regocijo en la cantidad de libros sobre moda (aunque tratasen el tema tangencialmente) que he leido. El hecho de que cuatro sobre dieciocho libros fueran de temática moda me acerca un poquito más a uno de mis objetivos vitales de 2010: saber más sobre moda.

Sin más, paso a relatar la lista de libros (la lista de la vergüenza):

1. La conjura de los necios. John Kennedy Toole

2. Hasta luego, Jimmy Choo. Annie Sanders

3. Nunca me abandones. Kazuo Ishiguro

4. Crepúsculo. Stephanie Meyer

5. A sangre fría. Truman Capote

6. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Stieg Larsson

7. Vita Sexualis (El aprendizaje de Shizu). Egai Mori

8. El señor de las moscas. William Golding

9. Vivir con mi hermana Madonna. Christopher Ciccone

10. Ensayo sobre la ceguera. José Saramago

11. Marianela. Benito Pérez Galdós

12. The little black book of style. Nina García.

13. La reina en el palacio de las corrientes de aire. Stieg Larsson

14. D. V. Diana Vreeland

15. Fashion Babylon. Imogen Jones & Anonymous

16. La dueña del placer. Judith Summers

17. Harry Potter y las reliquias de la muerte. J.K. Rowling

18. El buda de los suburbios. Hanif Kureishi

Como primer punto negativo, tras hacer un rápido repaso a la lista, he de reseñar que he leido muchos menos libros de los que debería, pero me autoeximo (¡quien lo va a hacer mejor que yo misma!), ya que mis circunstancias laborales han sido bastante cambiantes en el último trimestre del año y no pude dar el último empujón a mi gusto literario.

Por otra parte, podréis observar que este año me he ido a algún clásico interesante (aunque sean clásicos de la literatura moderna, como Capote o Golding), pero también me he tirado a la bartola con los Crepúsculos y Harry Potteres de turno.

¿Mi libro favorito del año? No tengo ninguna duda al decir que la biografía (un poco afantasmada) de Diana Vreeland (quien fuera directora de moda de Harper’s Bazaar USA en la época de Carmel Snow), un libro que leí con mucho placer durante mi estancia en Londres y que, a día de hoy, me recuerda a la cabecera en la que tengo el gusto de trabajar.

Como todos los años… vuelvo a abrir la veda a críticas, recomendaciones o simples comentarios que atestigüen que pasáis por aquí. Se os quiere.

Imagen de CurlyTops

A mis veintisiete…

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Ya es una tradición invitaros a algo dulce en mi cumpleaños. Una lástima que tenga que ser virtual, pero es que los ritmos están tan acelerados en mi vida que este año ni haré reunioncita de amigos. ¡No tengo días libres hasta enero!

Lo que más me gusta de hoy, que doy por zanjados los 26, es que durante este año he conseguido muchas de las metas que me he proupesto… ¡ahora toca proponerme más objetivos para ir cumpliendo en los 27 y no quedarme dormida en los laureles!

Así, a voz de pronto, he decidido que durante los 27 me centraré en aprender más francés (oui, j’aime le français!) y muchas más cosas sobre moda, para poder estar al día en el trabajo. Pero esos son sólo objetivos previsibles, tengo que seguir reflexionando en este asunto…

Gracias a los que están a mi alrededor (por estar siempre ahí) y también a los que no están (por dejarme el camino libre para hacer mis cosas). La vida puede ser maravillosa, Salinas. ¡A por un año más!

Fotografía de Sweet World

Los oídos: mi tendón de aquiles

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No sólo sufro de constantes dolores de oídos cada vez que cojo un resfriado o una gripe, tengo (al menos dos veces por año) tubaritis y me falta un 20% de audición en el oído izquierdo sino que…

además ahora tengo un hongo en un oído.

PS: Menos mal que JFK es taaaan todo que se levanta conmigo para ponerme las gotas mágicas en el oído antes de que me vaya a trabajar.

Ilustración de Danny Brito.

Retales de Salamanca (y un hervor abulense)

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- Deberíamos haber sabido que era un viaje de anécdotas, ya que antes de llegar a Salamanca nos pararon en la carretera unos Guardias Civiles a los que Andreaki preguntó si estaban haciendo un control de rutina y al no recibir respuesta satisfactoria por parte de los mismos acabó diciendo “disculpe, es que no conozco bien las costumbres de este país”, como si eso fuera lo que más la podía ayudar en el momento.

- El Hotel Rector (el hotel boutique del que os hablé en el post anterior) resultó ser todo lo maravilloso que prometía. No sólo me encantó que el hall, con cómodos sofás, estaba lleno de coffee books interesantísimo y ejemplares de la edición norteamericana de Harper’s Bazaar, sino que las cortinas de las habitaciones eran de una tela diseñada por Mariano Fortuny. Ahí queda eso.

- La Casa Lis, el museo del Art Nouveau y el Art Déco, es uno de los principales lugares que yo recomendaría a la hora de visitar Salamanca (basándome, eso sí, en mi breve experiencia de un día). El edificio es ya de por sí impresionante, pero la amplísima colección de objetos art déco (de personajes con tanto peso como Lalique o Preiss) le da un espectacular valor añadido. Yo salí de allí casi con la boca abierta.

- Durante el paseo de rigor por la tienda del museo vi a Toño enseñándole a una desconocida una fotografía con unos pechos. Él pensaba que estaba hablando con su novia. Se quedó a cuadros de vichy.

- Es posible llorar de miedo en la Salamanca de Salamanca. JFK me metió un susto increíble en una zona oscura del que tardé algunos minutos en recuperarme. Lágrimas por cortesía de la casa.

- Unamuno estuvo siempre presente en mi memoria gracias a su poesía “Salamanca, Salamanca, renaciente maravilla, académica palanca de mi visión de Castilla”. Lástima que cuando pude recitar el texto se borró de mi mente.

- Encontré la rana de la universidad (con ayuda, menos mal que ya acabé mi carrera), también vi el astronauta y el monstruito con un helado. El astronauta fascinó a JFK, qué pop es.

- Mi abuelo tiene el dicho de que no existe el frío, que lo que existe es el hambre. Esto sólo es porque él no ha estado en Salamanca. Comimos muchísimo (había que disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, de la caida de precios y buen sabor de los jamones de Guijuelouu, que no nos quitaron a Gary Dourdan de la cabeza) y pasamos un frío del demonio. Ni conejo francés, ni guantes de cuero, ni bufanda y gorro consiguieron librarme de un catarro incipiente.

- El chuletón de Ávila se merece la fama que le precede. Me pregunto si el cochinillo también la avalará… lo dejaremos para próximas y golosas visitas, que no caminamos mucho por la ciudad debido a que…

- ¿En todas las ciudades de Castilla estaba haciendo frío este fin de semana? Madre mía.

PS: Definitivamente, hay gente con la que es divertido viajar. ¡Qué bien me lo pasé! :)

Ilustración de Modus Lotus