La foto es la excusa

Siempre ilustro mis posts con fotos, pero hoy haré una excepción: “ilustraré” esta imagen con un post, para que no se quede solita en la imensidad de Zelestina.
A pesar de que en un principio no tiene nada relevante, desde que la vi me quedé fascinada. Una motosierra cortando ¿tomates?, ¿Naranjas?, ¿Papayas? bajo la lluvia… El caso es que como no leo ¿hebreo? no sé muy bien cual es el fruto, ni tampoco es que me importe especialmente.
Este dibujo me llevó directamente a mis 12 o 13 años. Ya estaba en el instituto y me había anotado a clases vespertinas de fotografía (¡con laboratorio y todas esas cosas maravillosas!). Mi único objetivo era tirar fotos a cualquier cosa que se moviese (y luego revelarlas en el cuarto oscuro, claro está).
En mi memoria yo iba en el coche con mi madre (un Seat 133 que, en algún momento de su historia, había pasado a tener una garrafa a modo de tanque de gasolina) y le estaba contando que quería hacer una serie de fotos sobre los cambios que había hecho la industralización (bueno, probablemente dijese una palabra menos precisa) en la naturaleza. Mi pueblo era un buen ejemplo de árbol, árbol, árbol, poste de la luz, árbol, árbol, árbol, viga de cemento, etc. así que me parecía muy interesante trasladarlo al papel.
Recuerdo la risotada de mi madre, el deje como de “ya se te pasará” y aquel otro de “cuando lo vea lo creeré” que, efectivamente me hicieron echar para atrás mi idea inicial. Nunca hice ninguna serie de fotografías sobre la ilustración. Al final las madres tienen razón siempre, ¿no? Pero, ¿qué hubiera pasado si no hubiera hecho esos gestos?
Recuerdo compartido vale por dos.
Por cierto, que este post se publica justo mientras estoy en casa de Galicia. Ya sabéis, ese lugar en el mundo al que el wi-fi todavía no ha llegado.
Pintura de Ruttie.G










