La foto es la excusa

4406457769_b1d8618610

Siempre ilustro mis posts con fotos, pero hoy haré una excepción: “ilustraré” esta imagen con un post, para que no se quede solita en la imensidad de Zelestina.

A pesar de que en un principio no tiene nada relevante, desde que la vi me quedé fascinada. Una motosierra cortando ¿tomates?, ¿Naranjas?, ¿Papayas? bajo la lluvia… El caso es que como no leo ¿hebreo? no sé muy bien cual es el fruto, ni tampoco es que me importe especialmente.

Este dibujo me llevó directamente a mis 12 o 13 años. Ya estaba en el instituto y me había anotado a clases vespertinas de fotografía (¡con laboratorio y todas esas cosas maravillosas!). Mi único objetivo era tirar fotos a cualquier cosa que se moviese (y luego revelarlas en el cuarto oscuro, claro está).

En mi memoria yo iba en el coche con mi madre (un Seat 133 que, en algún momento de su historia, había pasado a tener una garrafa a modo de tanque de gasolina) y le estaba contando que quería hacer una serie de fotos sobre los cambios que había hecho la industralización (bueno, probablemente dijese una palabra menos precisa) en la naturaleza. Mi pueblo era un buen ejemplo de árbol, árbol, árbol, poste de la luz, árbol, árbol, árbol, viga de cemento, etc. así que me parecía muy interesante trasladarlo al papel.

Recuerdo la risotada de mi madre, el deje como de “ya se te pasará” y aquel otro de “cuando lo vea lo creeré” que, efectivamente me hicieron echar para atrás mi idea inicial. Nunca hice ninguna serie de fotografías sobre la ilustración. Al final las madres tienen razón siempre, ¿no? Pero, ¿qué hubiera pasado si no hubiera hecho esos gestos?

Recuerdo compartido vale por dos.


Por cierto, que este post se publica justo mientras estoy en casa de Galicia. Ya sabéis, ese lugar en el mundo al que el wi-fi todavía no ha llegado.

Pintura de Ruttie.G

La vida antes de Fernando Alonso

6091f540e30070e4712534112fa75978

Yo nunca he sido una amante de los deportes. Empiezo este post ya mintiendo, porque de pequeña era una gran aficionada al fútbol (con el tiempo se me fue pasando, y he conseguido olvidarme de casi todo). A dia de hoy soy cero forofa.

Hace ya un tiempo que me vengo sorprendiendo del repentino auge de la Fórmula 1. De repente todo español que se precie se levanta a horas intempestivas (incluidos los menos madrugadores) para ver sábados y domingos las carreras. El punto de inflexión, creo yo, está en Fernando Alonso. Desde que este chico está por ahí pisando acelerador las cosas se han puesto serias en este deporte, que ya consigue llenar salones de actos con los colores azul y amarillo (como cambia de equipo de cuando en cuando, la bandera asturiana hace las veces de emblema corporativo).

Hoy he vuelto a pensar en ello. Mis compañeras en el trabajo se han revelado como grandes seguidoras. Definitivamente no es un deporte sólo de hombres, ellas sabían de qué hablaban. Yo era la única que miraba (casi con la boca abierta) sin ser capaz más que de decir “es que no veo muchos deportes”.

Luego el taxista que me llevó a casa me habló de la carrera de ayer (de la que yo no tenía ni idea). Casi me ha hecho una retransmisión en diferido, con toda la emoción que el pobre hombre logró poner ante mi impávida mirada. Al final cambió de tema a los malos tratos (¿quizá pensando que yo sería más receptiva por el lado feminista?), pero eso de las conversaciones en los taxis se merece un post aparte, casi una disección completa por la cantidad de situaciones extravagantes que acontecen a diario.

¿Se ha convertido la F1 en el nuevo tema de moda?, ¿Donde quedó aquel bonito… “qué día más fresco, parece que va a llover” en el que yo también podía participar?, ¿Cuando dejará Fernando Alonso de robarme participación en las conversaciones?

Boceto de Gecesintisi.

On my knees

knees_by_cut_and_paste

El sábado acabó de sopetón. Unos tacones, un bache y varios brebajes me pusieron de rodillas en la Pablo Casals. A tan sólo unos metros de casa, despues de ver a quien tenía que ver y pasármelo como me lo tenía que pasar.

Un tropezón lo tiene cualquiera. Lo importante es levantarse (y sentir el nacimiento de un hematoma más). Una es torpe, pero feliz. ¡Qué bien me lo pasé! Gracias a todos con quienes estuve :)

Y que vivan las penúltimas.

Foto de cut & paste.

Explosión de felicidad

Don__t_blow_away____by_AlexandraCameron

Tengo que decirlo. ¡Estoy feliz! Me encanta lo que hago, me encanta la gente con la que me rodeo, me encanta dedicar tiempo y esfuerzo a hacerlo y me fascina poder echarme unas risas en el camino.

Estoy viviendo los meses más intensos (laboralmente hablando) de mi vida, pero también los más fructíferos. Ya he dicho mil veces que en el tiempo que llevo en Harper’s he aprendido más de periodismo que en toda mi vida (y la mayor parte de vosotros sabe lo que me encanta aprender continuamente), y es un placer saber que, además, me queda un largo camino por andar.

Es jueves. Hay puente. Tres días de respiro (en los que quiero que Zelestina esté un poco más viva) y vuelvo a sumergirme en la marea del número tres. Por cierto, ¿ya habéis ido a vuestros quioscos a comprar nuestro recién estrenado segundo número? Os confieso que me encanta la portada.

Me he convertido en una workaholic.

Fotografía de AlexandraCameron.

De cómo aprendí inglés

4080611011_7c32ac5df7

Creo que nunca había pasado tanto tiempo sin que Zelestina fuera actualizado. He entrado en un ritmo de vida tan acelerado que ni siquiera me acuerdo de escribir algo por aquí. Ni tiempo tengo, la verdad. Pero ahora, tras el segundo cierre (yeah! no os perdáis el número 2 de Harper’s Bazaar) hay unos días de respiro antes de volver a la carga con toda la artillería.

Hace ya un mes que entre mis funciones está el tener contacto directo con USA para pedir derechos de fotografías y todo eso. Vamos, que una buena parte de mi trabajo ahora se desarrolla en inglés.

Debido a eso me he acordado de dónde aprendí mi inglés. Puntualización: muchos lo sabréis, pero para quienes no tengan ni idea ahí va una bomba: en la facultad de Ciencias de la Información (UCM) no se enseñan idiomas. O te buscas asignaturas de libre configuración en la facultad de filología o, simplemente, te quedas con lo que venías. Yo fui de las que me quedé con lo que venía.

Y venía de una pequeña academia en Burela, ANJO, donde las profesoras eran chicas irlandesas que nos prohibían hablar en español. Estuve 4 años ahí pasando mis tardes (las alternaba con clases de matemáticas, física y química, para poder sobrevivir a los exámenes. La típica excusa: soy de letras). Aprendí muchísimo, sobre todo vocabulario.

Lo siguiente, ya todos lo sabéis, es el verano que pasé en Londres. Todo esto aderezado con millones de series y películas (siempre en V.O.S.), ha dado como resultado que mi inglés sea más que potable. Pero, insisto, la mayor parte de mi conocimiento viene de ANJO (Curioso, en portugués significa ángel). Y es que, ser una ratilla de clases particulares en el instituto, puede dar más que buenos resultados.

Y vosotros, ¿cómo aprendísteis inglés?

Ilustración de Karlisha Gray.

Sin título

Anatomical_Asphyxia_by_stuntkid

Hoy fui al centro después de mucho tiempo. Bueno, trabajo en el centro, pero no camino mucho más allá de Chueca-Tribunal. Hoy fui a Callao. No sabía que lo habían hecho totalmente peatonal. Qué plaza tan amplia de repente, ¿no?

Estuve en la Fnac, en busca de un libro de bolsillo. Estuve en el Corte Inglés en busca de calcetines y leotardos, aunque acabé también por comprar jalea real con ginseng. No logré encontrar bolsas para la aspiradora, no distribuyen Daewoo.

Es el primer día en mucho tiempo que me voy de compras. Con lo que me gusta. Y encima no lo he podido disfrutar de okebi. Ando con la tubaritis a vueltas y el mundo es un gran tiovivo del que subo y bajo constantemente.

Me guardo las ganas de shopping para la semana que viene. Seguro que ya se me ha pasado la tubaritis y tengo algo más de tiempo. Mientras tanto, encierro voluntario en casa. Yummy yummy :)

Sigo viva, sí. Feliz y sin tiempo :)

Ilustración de Stuntkid.

Diez cosas que hice este fin de semana

Picture 1

1. Comer y disfrutar con ocho personas diferentes a lo largo de los dos días. Lo de no cocinar ni comer en casa sigue siendo un gustazo reservado a los fines de semana. Rechazar otras tantas invitaciones por falta de tiempo.

2. Acabar de leer “En Grand Central Station me senté y lloré” y quedarme maravillada con esa prosa poética que hoy en día es rara avis. Lamentarme porque lo próximo que lea no llegará al nivel.

3. Tener una conversación sobre aquella vez que ibamos en el coche en Galicia y se nos cruzó un zorro. En el mismo viaje en que se nos cruzó un erizo. Justo un viaje después de que se nos cruzara un ciervo.

4. Planear un viaje ajeno a Londres. Pensar en un viaje propio a París en marzo, que empieza una expo sobre Yves Saint Laurent.

5. Quedarme sin batería y salir sin móvil de casa. Disfrutar de no estar atada a nada. Ser yo. Desear ser yo más habitualmente.

6. Subir y bajar ocho pisos para conseguir como respuesta nada más que un número: 66.

7. Cambiar la arena al gato, poner un lavavajillas, dos lavadoras, cambiar sábanas, doblar ropa, cocinar en previsión (hasta el martes) y tomarme un té a ritmo de Google Reader.

8. Ver Planet 51 (justo después de acabar este post).

9. Decir la frase “Yo sé que valgo mucho” y creérmela definitivamente. Disponerme a demostrarla día a día. Nunca es tarde.

10. Escribir y programar este post para que salga a mitad de semana y no parezca que Zelestina está desangelado.

Fotografía de Diastema.

Teorías insostenibles: odio el cine argentino

4143858189_e89a2a3224_o

No todo en la vida es racional (thank God!), y una de mis irracionalidades más preciadas es mi profunda pereza a enfrentarme con películas argentinas. Me entra un sopor automático, que me empieza a poner de mal humor y me impide disfrutar de nada durante 1h30m (o lo que dure la chapa).

Y, la verdad, no lo puedo justificar de una manera racional. Si dijese que el cine argentino es malo a rabiar los doscientosmilmillones de críticos que hay en España (entre bloggers, periodistas e infiltrados) se echarían la mano a la cabeza. Sobre todo porque seguro que han visto muchos más filmes que yo –que ni lo intento. Así que tendré que tratar de justificar mi teoría diciendo que no soporto el acento (¡que me pongan insulina antes de cada pase!), los guiones [de las últimas que he visto] me parecen bastante aburridos (con permiso del beatificado Campanella) y el elenco de actores es… “poco variado” (¿no odia el gremio a Ricardo Darín por su genialidad y capacidad para acaparar todos los papeles?).

Eso sí, como en toda gran teoría insostenible… hay joyitas que me callan la boca ipso facto. Entre mis películas favoritas de todos los tiempos está Moebius (1996), un trabajo grupal de estudiantes de cine. Argentina, of course.

Y vosotros… ¿tenéis una postura manifiesta?

PS: A mis amigos argentinos: no os lo toméis personal. A mis enemigos argentinos: por favor, tomároslo personal.

PS2: Y todo surgió tras ver “El secreto de sus ojos“. Ya podéis destriparme en los comments. Yo misma me lo he buscado.

Fotografía de Lafabe.

Maneras de disfrutar a la Zanetti

The_Sister_2_by_SamuraiChopstick

Ya os conté que el fin de semana pasado era para acabar Maneras de no hacer nada, de María Vela Zanetti. Un puro placer para la vista y la mente. Os dejo un par de extractos, por si os pica la curiosidad y lo buscáis en vuestra librería:

(Sobre los grandes novelones que se publican últimamente) Nuestro aprecio por “lo largo, si malo, dos veces comercial” se ha interpuesto entre la inspiración fugitiva y la inspiración entrmoetida. Así, metidas en carnes, están nuestras novelas y ensayos, biografías y fantasías históricas; son como voluntariosas matronas que dan de leer a todo niño viviente, y le sacian lo quiera él o no.

(Sobre los artistas que sobreexhiben su condición de artistas) La cosa transcurría en una Facultad de Bellas Artes de provincias, y ya se sabe que cuanto más lejos de la olla, más se siente la quemadura. Un chico, un tipo guapo con inquietudes, se ganó el efímero apoyo de sus compañeros alegando que arte era meter una mano en hielo y sentir la emoción; desde entonces trato a los cubitos de mi gin tonic, una bebida que yo venero, con exquisito desprecio, y procuro borrar en mí todo sentimiento, no vaya a ser que sin darme cuenta me esté convirtiendo en uno de los miles de artistas que asolan el mundo.

Toda una retahíla de reflexiones sobre la vida en clave de humor (a veces un tanto ácido). Confieso que me he reído en voz alta… :)

Ilustración de Samurai Chopstick

Haciendo planes

2525479427_af76501380

Por fin hemos cerrado el primer número de Harper’s Bazaar (¡podéis verlo a final de la semana que viene en vuestro quiosco habitual!) y, aunque no hay demasiado tiempo para relajarse (hay que volver a coger carrerilla para el número 2), ya tengo planes para este fin de semana. Y, desde luego, no incluyen fiestas ni interacciones sociales. Necesito silencio, un buen té y una mantita.

Acabar de leer “Maneras de no hacer nada“, de María Vela Zanetti. Me da mucha rabia no haber tenido tiempo para leerlo en el último mes, porque ME ENCANTA. Una sabia recomendación de Roberto Enríquez.

Leer la Vogue París, las últimas Nylon (¿nunca se me acabará su damned suscripción?) y las ediciones de fin de semana de los periódicos nacionales (que sepáis que El País está regalando pelis los domingos).

Comenzar a leer “En Grand Central Station me senté y lloré“, un libro que me han recomendado desde Paloma Leyra hasta Anabel Vázquez… con esas recomendaciones no puedo sino ponerme a leerlo en cuanto pueda .

Así que, Baldomero, get ready, porque nos espera un finde de ronroneo y libros bajo las mantas. Ojalá que llueva…

Me pongo a ello.

Foto de Marco Graziani.