Un mundo sin genios…

El otro día la directora del Máster nos comentó que tendríamos un taller de redacción porque, en los últimos tiempos, los profesores se habían quejado de que los alumnos de máster no sabían escribir. Ella, tan pancha, lo achacó a la “generación Internet” y “generación SMS”. ¿Es eso verdad?

Obviamente, ese agravio tan directo a mi generación (año arriba, año abajo), me puso a recapacitar sobre el asunto. ¿Somos tan digitales que nos comemos partes de palabras, repetimos otras constantemente y no entendemos un escrito técnico? Yo creo que no, al revés, somos la generación que mejor entiende todo eso porque somos la generación a la que la educación ha llegado de una forma más uniforme.

Quizá es cierto que no hay una élite cultural (no hay un gran escritor, un gran pintor, un gran compositor…) como en otros siglos. Yo entiendo eso porque hay mucha más gente con capacidad para escribir, pintar o componer y el hecho de “brillar” en alguna de esas artes se torna no ya difícil, sino imposible, porque cada crítico (las personas especializadas en esas materias) tiene millones de motivos para alabar o menospreciar el trabajo ajeno, y no siempre son motivaciones transparentes.

¿Somos entonces una generación incompetente o hay tanta competencia que el hecho de ser “normal” hace parecer menos de lo que realmente es?, ¿Se exige más a todo el mundo hoy en día?, ¿Hay menos interés por la cultura?, ¿Cuando volveremos a tener un genio?

(Por cierto, no me sentí identificada con lo de generación SMS).

Ilustración de Lisa Kettell

El engranaje se mueve

Ayer tuve mi primera master-class de este proceso de masterización en el que he entrado. Una clase de 2h30m sobre la historia de la moda.

Sencillamente apasionante, aunque sólo llegamos a los locos años 20… hoy continuaremos circulando a lo largo del siglo XX.

¿Quién dijo tiempo libre? ¡No tengo! Pero que circule la maquinaria…

PS: ¿Han visto el vídeo promocional del EBE, realizado por el gran Roger Casas y con mis zapatitos dentro?

PS2: ¿Han visto los rincones más Spunch que dijeron los asistentes al último Twittmad?

Foto de Voir 66.

«Tenemos que hablar»

¿Por qué la gente se asusta ante un «tenemos que hablar»? A mí, en lugar de dar por finalizadas las cosas en una pareja me suena más a un «vamos a llegar a un acuerdo, mediante el diálogo, y tratar de solucionar este escollo en el camino».

No sé, quizá esa es la manera en que yo lo usaría (¿por qué pongo condicional, si lo uso?) en caso de querer comunicar algo. Si lo que quisiera fuera una ruptura utilizaría algo como «tengo que confesarte algo», algo más unívoco y que no de pie a una conversación. En el «tenemos que hablar» hay esperanzas de convencer de algo durante la conversación, ¿no?.

De todos modos, creo que es sano para las parejas usar ese «tenemos que hablar» de cuando en cuando, para que los roles se perfilen y nada de lo que uno haga moleste al otro (y viceversa). La comunicación es la base de cualquier relación, y con el «tenemos que hablar» se puede empezar cualquier conversación.

Sí, sí, ayer «tuvimos que hablar» JFK y yo (parece que cuesta limar cosas en lo de Esparta y otros asuntos menores). Él me respondió. Hablamos como adultos, buscamos una tercera vía que nos conviene a los dos y así conseguimos dormir tan felices. Higiene mental. Me encanta hablar.

Foto de Culiculiz.

Pausa, para arrancar de nuevo

Ya es definitivo. Ayer ni siquiera trabajé (me debían un día de vacaciones) y hoy soy oficialmente una parada más en esta, la gran patria de Cervantes. ¿Lo disfrutaré o me envenenaré pensando que no soy productiva? Es algo que sólo el tiempo dirá, pero no se crean que no me he parado a pensarlo.

Todavía estoy como en una nube (de azúcar o de algodón, quién sabe), así que asumo que hasta el final de la semana que viene no me bajaré de ella y me encontraré con la realidad, y con el Master.

Por de pronto tengo una pereza terrible, que sólo me permite desear leer y ver películas. Como si necesitase millones de horas de tiempo libre sólo para mi. No tengo tiempo, obviamente, tengo millones de cosas pendientes por hacer (pagar el impuesto de vivienda, solicitar la prestación por desempleo, ingresar ahorros en el banco, tareas domésticas por el bien de Esparta, regalitos atrasados, etc.)…

Pero ayer, hoy y mañana me los tomaré totalmente libres (bueno, miento, he estado trabajando un poco para Monkeyzen y Blogcorazón), y ya el lunes me levantaré bien temprano (tengo una cita para que me quiten un papiloma de un dedo, quizá dos si se confirma el segundo papiloma) y a recorrer Madrid con buenas intenciones.

El lunes arranco de nuevo, con fuerzas y con ganas… por de pronto, esta noche me voy a un karaoke a cantar éxitos petardos.

Ilustración de I’m with Sully

Planeta champú, Douglas Coupland

Los que me conocéis sabéis que este hombre, Douglas Coupland, es una de mis pasiones literarias de todos los tiempos. Quizá no sepáis por qué. Me he tomado la molestia de seleccionar algunos pasajes de Planeta Champú (escrito en 1992), el libro que acabo de leer. Es justo el siguiente, después de Generación X, y mantiene todavía un poco la locura en la forma de escribir, aunque ya tiene bastante apaciguado su carácter disperso y explosivo. Ahí están estos pasajes, por si os pica el gusanillo:

«Europa carece de la posibilidad de una metamorfosis (¡qué sabihondo!). Europa es como un recién nacido guapo con rasgos superdistintivos que, además de guapo, es también deprimente o algo así porque uno sabe con exactitud la pinta que tendrá el niño a los veinte, a los cuarenta, a los noventa y nueve años. Ningún misterio».

«Estábamos hartos de las pocas ambiciones de los euroadolescentes, de aquellos adolescentes. Todos los que conocí querían ser funcionarios. Qué aburrimiento».

«Salgo por la puerta de mi dormitorio, avanzo pasillo adelante, desciendo la escalera, paso junto a Mark, que toma su dosis diaria de crack emocional inhalando dibujos animados en color, vestido con el pijama de Star Trek, colocado gracias a muchos tazones de cereal preazucarado. Entro tambaleándome en la cocina para tomar un tazón de Mueslix con Daisy, que lleva puesta una selección elegida al azar de ropa interior y de chándales. Daisy recorre el diario de la mañana en busca de su horóscopo, y comienza su rally diario de llamadas telefónicas».

«—A los europeos les pegan como a animales cuando van al colegio —digo—. Sufren tanto en el proceso de aprendizaje que consideran que sus conocimientos son absolutos. No toleran que se los desafíe».

«Stéphanie y yo realizamos nuestra lista particular de los productos químicos necesarios para ser una persona realmente moderna: Tetraciclina, Esteroides, Freón, Aspartamo, Peróxido, Silicona, MTV».

«—¿Sabes cual es el rasgo más característico de la clase media, Tyler? La capacidad para posponer el placer».

En fin, no sigo porque os voy a volver locos, pero que sepáis que esto fue parte del «viernes sepia». No puede dejar de fascinarme esa manera publicitaria de contar el siglo XX (y principios del XXI), una sociedad totalmente basada en el consumismo o la marca…

Fotografía de Tokyo Tanehaus.

Como Oz en la moda madrileña

Ayer por la tarde estuve en el Certamen de Jóvenes creadores de Madrid. Hubo un desfile con los diseños de los finalistas y, posteriormente, se procedió a hacer la entrega de premios (tras la consiguiente deliberación del jurado, curiosamente presidido por Marco Aldany, franquiciador de pro).

Fui hecha unos zorros (no se imaginan cómo iba la gente, qué vestidazos, qué taconazos, ¡cuánto carmín por milímetro cuadrado!), tras un largo día de trabajo (reconocimiento médico matinal incluido y visita a la biblioteca a cambiar unos libros corriendo después del trabajo), pero nada me pudo hacer más feliz que estar allí. Reafirmó mi idea de querer hacer algo en el campo de la moda.

Tiré un montón de fotos, y he editado unas poquitas (las que se salvaron de la quema debido a la poca luz que había), que demuestran mi pasión de zapatos a pesar de que no eran para nada importantes en el desfile de ayer (en el que primaban el patronaje de la ropa y la originalidad de los diseños a la hora de ganar el premio).

Podría definir esta experiencia primeriza si me hiciera pasar por Dorothy, que de repente llega a Oz y conoce un mundo nuevo y diferente a ella pero en el que se siente cómoda, a pesar de saber que no pertenece a él [por el momento no es Kansas]. O al revés, siendo el león, el hombre de hojalata o el espantapájaros y conociendo a una maravillosa Dorothy en zapatos rojos de lentejuelas, que fascina a cada paso y tiene una voz de ángel…

El viernes te mimo, Baldomero

Necesito descansar. Quiero un día sepia en mi vida, en el que no pasen demasiadas cosas, pueda estar en casa tirada viendo una peli, acariciando al gato o discutiendo sobre la enésima cosa absurda con JFK…

Quiero que venga pronto un día de vacaciones en el que mi máxima preocupación sea descongelar el pollo para la comida o decidir qué ensalada me pido en el FH… quiero un día tranquilo pronto, que soy adicta y tengo mono.

Este viernes será, tras salir del trabajo, mi día de descanso. Hay que planearlo así porque si no no sucederá. El viernes no existo. El viernes te mimo, Baldomero, tirada en el sofá con un libro y un tecito, disfrutaré de tus ronroneos y cabezazos en busca de amor repentino.

Ilustración de Birds&Trees

Las dietas no son tan malas

De verdad: no hay que pasar hambre para adelgazar. Basta reordenar el horario de las comidas, dejar de comer “comida basura” y un par de cosas más, el caso es ponerle interés e intención y, sobre todo, hacerlo por uno mismo, por la salud, por el bienestar y, por qué no, por la estética (que un croissant no arruine tu belleza)…

Hace ya casi 3 meses que me apunté al Natur House y en ese período de tiempo casi he bajado 10 kg. Vale que tres semanas me las pasé de vacaciones (sin dieta, claro), por lo que es como si hubiera estado dos meses. Además, he aprendido a distribuir mi alimentación diaria en cinco comidas e incluir en la comida y la cena un plato de verdura y uno de carne/pescado. Es muy fácil, saciante y vicioso. Ya no quiero comer de otra manera, me gusta mi alimentación tal y como está, por lo que agradezco el haber ido y conseguido pautas nuevas.

Es como un reaprendizaje de todo el sistema de comidas que fui minando con bombas (léase pizza, pasta, hamburguesa, croquetas…) durante la carrera y mi independencia familiar. La vida de estudiante nunca fue buena para una dieta saludable, a no ser que vivas en casa de tus progenitores, donde la alimentación no depende de ti (según la madre que tengas puede cebarte o limitarte todo alimento).

He empezado a explorar the dark side of the moon y sí, me gusta.

Foto de Redcipolla.

La semana tira-mierda

Llega un momento al año en que recoger la casa (a fondo) se hace más que necesario. Una, que es semi-consciente de su exagerado gusto consumista, va viendo como “la bolsa de cada día” hace que tras un tiempo haya montones de cosas sueltas, quizá inservibles por casa.

No sólo es el armario, que cada temporada debe estar renovado y re-doblada toda la ropa (por favor, no tiren ropa que creen que ha pasado de moda, guárdenla en el trastero para temporadas posteriores), las perchas bien puestas y la hilera de bolsos colocada de mayor a menor.

También los armarios de las sábanas, toallas, mantas, material de escritorio, zapatos, bombillas… ¡Todo debe estar ordenado! Y lo mejor es hacero en la semana tira-mierda, porque así se aprovecha para deshacerse de cosas que, en una ocasión normal, dejaríamos al fondo del armario.

¿Qué hacer con esa vieja toalla raída por el tiempo?, ¿qué hacer con las sábanas mordisqueadas por el gato?, ¿Qué hacer con los mantelitos individuales manchados con restos de comida de diferentes colores? ¡Todo a la basura en la semana tira-mierda!

Es una gran semana para las amantes de la reorganización como yo, pero también para las consumistas: con la excusa de tirar millones de cosas podemos aprovechar y tirar de tarjetas para renovar infinidad de artículos “necesarios” en el nuevo orden de la casa.

En el fondo (y en la forma) soy una maruja sin remedio. Que me crucifiquen… pero que sea después de mi semana tira-mierda.

Ilustración de John Eee.

Un puñado de enlaces

Estoy en sequía. No sé si es que en mi vida no pasan cosas o es que pasan demasiadas (conseguir ayer no salir en todo el día de casa fue todo un logro que no siempre logro permitirme), pero no sé qué escribir realmente. No tengo juicy stuff para vosotros…

Podría, por ejemplo, recomendaros una visita a The Sartorialist, el famoso blog de outfits cazado en las calles de NYC pero si os gusta la moda seguro que ya lo conocéis y lo tenéis en vuestro lector.

Por otro lado también podría invitaros a disfrutar de los muchos y variados enlaces que tiene Mira y Calla, un blog de ilustración y fotografía que recopila cosas muy interesantes y chulas, al igual que Who Killed Bambi.

Si lo que os gusta es la literatura, no podría negar que soy devota a Regina ExLibris, la librera más analítica de todo el territorio nacional. También me gusta mucho el Lector Constante, fuente inspiradora de algunas lecturas.

Espero que alguno de ellos sepa entreteneros en esta lluviosa tarde de septiembre. A mi me entretienen todos y cada uno… amén.

Ilustración de una Pullip, de Emily.