
Hoy voy a hacer dos cosas que he descubierto a través de Internet. Así soy yo, me ponen una foto hermosa y no puedo reprimir las ganas de replicarlo.
En un rato me voy a comer a Dionisos, un restaurante griego que presume de vender (a un módico precio) platos absolutamente frescos. Es más, si uno se empeña se puede hasta llevar los ingredientes a casa. Me interesa mucho su estética limpia y artesanal. Normalmente los restaurantes griegos en Madrid están decorados en blanco/azul como una oda a la bandera del país. ¿Lo más interesante? Cuando llamé para reservar me cogieron el teléfono con un sonoro “Parakaló?” (¿Por favor?). Ya ven, uno puede demostrar las raíces sin tener que rendirse a los tonos de la bandera.

En la noche tengo una sushi-night con amigos y me he empeñado en experimentar con una receta nueva de tarta de queso (sí, pueden quejarse de lo poco que el lácteo elemento tiene que ver con el menú nipón). La había visto en Ma Petite Boulangerie y me enamoré de las fotos. No les voy a engañar: la receta tampoco se me antojaba muy complicada. Por de pronto tengo los primeros resultados (la receta recomendaba hacerla 24h antes) y me ha quedado un poco más pálida. A cambio, he decidido presentarla con un gustoso helado.
Próximamente en este blog las fotos reales de mis caprichos de sábado…
Fotos: Neo2 y Ma Petite Boulangerie.